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Etiquetas:   Ciudadana Jane   -   Sección:   Opinión

Mujer, política y radicalidad

Ana Morilla
Ana Morilla
sábado, 13 de septiembre de 2008, 06:33 h (CET)
Pocas frases pueden ser tan estúpidas como la que más ha contribuido a catapultar al estrellato mediático y político a Sarah Palin, la ya celebre: “"¿Sabéis cual es la diferencia entre un pit bull y la madre de un jugador de hockey?: el lápiz de labios ». Que una aspirante a la vicepresidencia de EEUU se identifique en cuanto madre con una raza de perro que se usaba para matar el mayor número de ratas en un foso en menos tiempo y que pelea contra osos, reses salvajes o incluso pumas sin temer a la muerte, es histriónico y da prueba de su tendencia a una radicalidad furibunda.

Otras mujeres célebres conservadoras que alcanzaron el poder utilizaron como Palin la combinación populista de contundente discurso de orgullo doméstico, rotundidad y afán provocador para afirmar su identidad política :

Margatet Thacher, desde su atalaya de dama del capitalismo regaló al mundo algunas perlas : « Los hombres del Politburo soviético no tienen que preocuparse de los altibajos de la opinión pública. Ellos ponen las armas antes que la mantequilla, mientras que nosotros ponemos cualquier cosa antes que las pistolas.». Su obsesión anticomunista se acompañaba de un religioso fervor capitalista « Nadie recordaría al buen samaritano, si además de buenas intenciones no hubiera tenido dinero”.

Al igual que Palin, Thacher, supuso una combinación de libertad económica, valores cristianos y conservadores tradicionales, patriotismo británico y una firme adhesión a Estados Unidos. Su controvertido legado dinamizó la estancada economía británica en los años 70 a costa de una importante fractura social y del desmantelamiento del estado del bienestar y los servicios públicos, pero sus obsesiones eran más imperialistas que religiosas : votó a favor del aborto y de la descriminalización de la homosexualidad mientras acompañaba a Reagan hacia la caida del Telón de Acero.

Otra mujer que marcó un estilo político “doméstico-radical” fue Golda Meir, primera ministra israelí entre 1969 y 1974, considerada a pesar de su historial socialdemócrata un inflexible halcón en política exterior cuya obstinación e intransigencia para con los árabes, devino indefectiblemente en la traumática Guerra de Yom Kipur. Meir tenía también la capacidad de sintetizar la más compleja de las situaciones en una frase sencilla y proverbial, con acento yidis : ante la pregunta de un estudiante de la Universidad de Princeton, EE.UU., sobre qué haría Israel si Arafat reconociese al Estado de Israel, dijo :

«Hay un dicho en yídish que dice, si mi abuela hubiese tenido ruedas, hubiese sido una carroza».

La afición conservadora a la incorrección política, hace que frases rotundas y provocadoras, dirigidas a gente sencilla y en ocasiones contrarias a valores formales consensuados como convenientes en la lógica política y democrática moderna, enfervoricen a su electorado y galvanicen carga morbosa como si por fin alguien se atreviese a decir « culo, caca, pis ». Lejos de ser divertido, la utilización de la radicalidad y la metafora agresiva o cargada de contenido ultra, califica a cualquier político, hombre o mujer, como alejados de la moderación y predispuestos a una falta de equilibrio político que en los casos de Meir y Thacher dejaron tras de sí algunas de las mayores tensiones políticas del Siglo XX. Obama representa la moderación y la buena forma política frente al radicalismo republicano. La edad y circunstancias de John McKein pueden mutar a Sarah Palin de captadora de votos a Presidenta de EEUU y pintarse los labios, rezar cada día y compararse con un perro asesino no capacitan para dirigir una gran nación en el siglo XXI.

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