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Etiquetas:   Opiniones de un paisano   -   Sección:   Opinión

Etarras y pederastas

Mario López
Mario López
sábado, 13 de septiembre de 2008, 06:33 h (CET)
La identidad de tratamiento que ha dado últimamente el Gobierno a etarras y pederastas no es un hecho fortuito ni banal. Más allá de la coincidencia en el tiempo de sucesos que han provocado la máxima alarma social y que han sido protagonizados por individuos pertenecientes a esos dos colectivos, esta igualdad de trato estimula artificialmente el rechazo a los etarras al verse alimentado por la repulsión que nos causa la violencia ejercida contra los niños, la cual también se azuza al demonizar a los pederastas.

Para empezar, se está confundiendo la pederastia con la pedofilia y esto es una cuestión que convendría aclarar. La pedofilia es la atracción sexual que siente un adulto por una menor o un menor de edad. La pederastia es el delito de abuso sexual contra menores. No todos los pedofilos son pederastas, por lo que conviene dejar muy clara la diferencia. Un pedófilo no es un criminal, un pederasta, sí. En cualquier caso tanto uno como otro puede tener un problema clínico que bien pudiera resolverse clínicamente. Pero es muy difícil persuadir a un pedófilo, y más aún a un pederasta, para que desvele su problema y lo ponga en manos de la medicina si se le demoniza. Por otra parte, habría que enseñar a los niños desde su más tierna infancia a reaccionar ante el acoso de un pederasta. Todas estas medidas para luchar contra la pederastia y defender a los niños de los pederastas quedan absolutamente desacreditas si a la sociedad el único mensaje que se le lanza es que contra el pederasta sólo sirve la cárcel y la vigilancia tras la condena.

El mismo razonamiento se podría aplicar a los etarras. Ni todos son unos sanguinarios ni todos los que en la actualidad están en prisión son partidarios de la lucha armada. En una sociedad democrática, el buen criterio ha de prevalecer sobre la demagogia victimista o revanchista. Cuando un preso cumple su condena se convierte en ciudadano de pleno derecho y únicamente en casos muy determinados se les puede aplicar una vigilancia policial.

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