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El miedo a que no vengan

Antonio Álvarez Rodrigo
Antonio Álvarez
viernes, 12 de septiembre de 2008, 05:09 h (CET)
Dice Juan Antonio Samaranch que nadie puede dudar de los éxitos de Rafael Nadal. Es cierto, hay cosas en esta vida que no se pueden discutir. Como la gravedad. Existe y punto. Sin embargo, en los últimos años en la votación del Premio Príncipe de Asturias prima más el hecho de ser español y el miedo a que el ganador no pase a recoger el papel y sólo se preocupe de que le ingresen el dinero en su cuenta bancaria.

Con ello no quiero decir que Nadal no merezca el galardón. Ni mucho menos. Faltaría más, pues es como si dijera que no hay gravedad. Pero sí creo que Michael Phelps se merece el premio un poco más que el manacorí. El nadador americano ha conseguido un hecho histórico. Ocho medallas de oro. Más que toda la delegación española. ¡Y en una semana! Phelps ha maravillado al mundo entero desde Pekín. Él sólo ha pulverizado marcas y destrozado a sus rivales. Nadie antes lo había logrado. Y todo desde la humildad y la lucha diaria. ¿Soberbia? Él dijo que iba a por todas. Encontró lo que buscaba. Por ser el mejor no se le puede tachar de soberbio.

Nadal está compitiendo a un gran nivel este año. Roland Garros, Wimbledon, los Juegos Olímpicos… Son logros importantes. Es cierto. Pero algo que varios tenistas ya habían conquistado con anterioridad. Lo de Phelps es un mito. Ni siquiera él sabe si lo volverá a repetir. Al deportista español le quedan varios, que digo varios, muchos años por delante. Ganará el US Open, triunfará en Australia, y si Dios quiere, puede que consiga vencer en los cuatro grandes y alzarse con el Gran Slam.

Un caso similar ocurrió hace unos años, cuando Fernando Alonso, tras llevarse al bolsillo su primer mundial de Fórmula Uno, recibió el Príncipe de Asturias. Muy precipitado, pues al asturiano le quedaba, y aún le queda, una carrera deportiva larga y plagada de éxitos (aunque ahora está en un bache, o mejor dicho, con un coche de piedra). Sin embargo, Michael Schumacher, siete veces campeón automovilístico, no vio valorizada su carrera hasta un año después que el piloto español.

Con estas decisiones los jueces devalúan el premio. Les puede la pasión y la sangre española antes que la cabeza fría y la imparcialidad. Entonces, ¿cuándo se le va a reconocer a Phelps su mérito? ¿El próximo año cuando no haya españoles a los que premiar y cuando galardonar al americano ya esté fuera de contexto?

Aunque una cosa es cierta: si el jurado busca reconocer el ejemplo y no el triunfo, han acertado de lleno. Nadal es todo un ganador, como John McEnroe. Pero el español es un señor, "impecable", como afirma la decisión. En cualquier caso, ¡enhorabuena Nadal!

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