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El suicidio asistido

Pascual Mogica
Pascual Mogica
viernes, 12 de septiembre de 2008, 05:08 h (CET)
La intención del Gobierno de regular el suicidio asistido, estableciendo cambios en el Código Penal sobre la muerte digna, debe ser motivo de honda reflexión por parte de la sociedad española antes de emitir juicios de valor precipitados que en absoluto contribuirían a que una cuestión tan importante como es la de morir dignamente, sea objeto de chistes, chascarrillos, frases llenas de frivolidad y por tanto de irresponsabilidad, o palabras que solo buscan un titular en los medios de comunicación. Esto es muy serio, como bien dijo el doctor Montes, “la vida es un derecho no una obligación”.

La frivolidad con que desde el partido Popular se ha tratado esta iniciativa gubernamental no hace más que ratificar el daño que un gracioso de la política, en este caso el portavoz del PP, Esteban González Pons, -han aparcado a Martínez Pujalte y han puesto a este en circulación- no hace más que ratificar el daño, repito, que se puede hacer, yo diría que de forma intencionada, a la búsqueda de una solución que de forma definitiva pueda llegar al punto deseado que no es otro que al de que mucha gente no sufra inútilmente y que cada cual pueda poner fin a su vida cuando esta no le ofrezca ni el más mínimo grado de bienestar físico. A esta intención del Gobierno ha respondido el gracioso de turno, el descerebrado González Pons, equiparando el suicidio asistido “con liquidar al personal con cargo a la Seguridad Social”.

No ha sido menos gracioso el ínclito Pedro J. El diario que dirige, en una especie de competición sobre quien pronuncia la frase más desafortunada sobre este tema, se ha preguntado si esto del suicidio asistido no será una “nueva modalidad de regulación de empleo”. Lamentablemente las personas que estén en situación de desear acabar con su vida no están en condiciones de realizar tarea alguna y por tanto de ocupar un puesto de trabajo. Cuando cualquier persona afectada adopta esa decisión está claro que, por su enfermedad, debe llevar ya mucho tiempo sin trabajar.

Resulta, en mi opinión, muy lamentable que personas que se manifiestan de esta forma tan desconsidera y falta de humanidad, ocupen cargos públicos y que dirijan medios de comunicación para solamente herir los sentimientos de quienes tienen perfecto derecho a hacer con su vida lo que consideren más conveniente.

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