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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¿Hipocresía? ¿Quién es el hipócrita?

Miguel Massanet
Miguel Massanet
miércoles, 10 de septiembre de 2008, 06:46 h (CET)
Hasta aquí podríamos llegar! Pues no resulta que, ahora, el señor Zapatero se nos constituye en el defensor de “cerrar las heridas de la guerra” y, con todo desparpajo, llama hipócritas a los que se han opuesto a esto de la Memoria Histórica y a la actuación del señor Garzón para intentar desenterrar a los muertos de la guerra civil. Pero veamos, señor mío, si el padre de la hipocresía, el máximo exponente de esta muestra de la doblez moral y el verdadero adicto a ella e, precisamente, usted. O ¿es que no le va a usted de perillas que, en estos momentos en que está hasta el cuello de problemas derivados de su incompetencia para parar la caída de España en el abismo de la recesión; cuando la estanflación ha hecho presa de los españoles y sus ministros de economía e industria están acabando de hundir el barco de la economía dando palos de ciego; de pronto, en el momento más oportuno, salga el juez estrella y se saque de la manga una insensatez, carente de posibilidades legales para salir adelante, con el específico fin de atender a unas asociaciones fantasmas que, por lo visto, se lo han pedido, vaya y remueva Roma con Santiago para poner en pie de guerra a todos los juzgados, los ayuntamientos y, por si fuera poco, a la propia Iglesia para que le entreguen las listas de los desaparecidos de la Guerra Civil; pero ¡cuidado! No de todos ellos, no, no, sólo de los del bando republicano ¡viva la equidad!

Y añade, el gran engañador de la ciudadanía: “para que esta búsqueda se haga con naturalidad”. Por lo visto que el señor Garzón haya armado la que ha organizado, es algo muy natural, muy discreto y muy apaciguador para “cerrar las heridas de la guerra”. Supongo que, el intento de reescribir la historia que se propone el Gobierno, con esto de la Memoria Histórica, también será para cerrar las heridas y reconciliar a los españoles los unos con los otros. Después de setenta años de que se terminara la contienda, cuando sólo unos pocos que sobrevivimos nos acordamos de ella y las nuevas generaciones, cuando les hablas de ella es como si les citases las Guerras Púnicas; se nos aparece el señor presidente del Gobierno pretendiendo que nos embaulemos una estupidez como esta.

Nos habla de hipocresía un señor que negó que España estuviera en crisis para ganar unas elecciones; nos habla de hipocresía un sujeto que ha negado, hasta hace dos días, que estuviéramos en grave situación; nos habla de hipocresía un sujeto que tildaba de antipatriotas a todos aquellos que le advertíamos de lo que se avecinaba; nos habla de hipocresía un individuo que, mientras estaba negociando con ETA lo negaba con toda la soberbia de quien dice la verdad y nos habla de hipocresía uno que no ha dudado en ocultar sus trapicheos al partido de la oposición y a todo el pueblo español; cuando ha impulsado a los encargados de impartir justicia a que retrasaran la resolución de los recursos interpuestos ante el Tribunal Constitucional, contra el Estatut de Catlunya, y que ahora se encuentra atenazado entre la obligación de cumplir sus promesas con los catalanes y la imposibilidad de hacerlo, porque España, señores, en estos momentos no tiene un chavo y estamos endeudados hasta la misma coronilla.

Las heridas de la guerra ya estaban cerradas, olvidadas y superadas desde que el señor Suárez inició la transición y se permitió a un elemento como Carrillo que regresar a España, sin necesidad de ocultarse debajo de una peluca. Las heridas de la guerra debían de haberse cerrado cuando se instauró la democracia y nunca, señor Zapatero, se debieran de haberse vuelto a reactivar. No hable usted de hipocresía, porque fueron ustedes, los socialistas, cuando accedieron al poder, valiéndose de la más vil de las maniobras, para gobernar la nación en el 2004. Utilizaron un atentado, cuyos autores todavía no han sido identificados, para utilizarlo a su favor, en lugar de cumplir con su deber de apoyar al Gobierno del señor Aznar en tan difícil situación. Tacharon de embusteros a Acebes y Zaplana y después los que han demostrado saber mentir con mayor descaro e impunidad han sido precisamente ustedes, que prometieron diálogo y dieron desprecio y traición; que prometieron pleno empleo y han conseguido que España tenga el mayor de toda Europa; que prometieron luchar de la mano del PP contra el terrorismo y, no sólo no lo hicieron, sino que incumplieron todos los pactos que tenían firmados, poniéndose a la Constitución por montera.

Y aún tiene usted, señor Rodríguez Zapatero, la osadía de utilizar dicho término para injuriar a los demás. Si usted y los suyos, los verdaderos responsables de la situación a la que han llevado a nuestro país; lo que deberían hacer sería dimitir y dejar que unas elecciones pusieran a quien se lo mereciera al frente de esta nación para que, al menos, pudiera intentar poner orden en todo aquello que han conseguido destruir con su rencor, con su revanchismo, con su desprecio por la moralidad y la ética, con su odio hacia la religión y por su egoísmo partidista. No me gustaría estar en la piel de ninguno de ustedes, si es que existe una verdadera justicia, en algún lugar, que pueda juzgar con imparcialidad las acciones de cada uno. Sus ideas sobre el aborto, sus adoctrinamientos sobre el laicismo relativista y sus posiciones respecto a las leyes, perfectamente definidos por los señores Fernández Bermejo, De la Vega y el inefable Pepiño Blanco no son más que la demostración de hasta donde puede llevarnos su filosofía basada, únicamente, en el más puro materialismo ateo.

Lo que ocurre es que, y lo vengo diciendo desde hace tiempo, no se puede tensar demasiado la cuerda. Yo le recomendaría a ZP que no pierda de vista la evolución del desempleo y que preste atención a los innumerables cierres de empresa que, por esta vía de agua, si no consigue taponarla a tiempo, puede llegarle el ocaso de su mandato. Le digo, sinceramente, que creo que sería lo mejor que le podría ocurrir a España.

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