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Moral victoriana en el gabinete presidencia

Luís Agüero Wagner
Redacción
martes, 9 de septiembre de 2008, 04:38 h (CET)
Francisco de Quevedo y Villegas lo sentenció hace cuatro siglos que la hipocresía exterior, siendo pecado en lo moral, es grande virtud política. La vigencia de la frase quedó demostrada en Paraguay hace poco merced a los delirios de angel vengador de la moralidad que le rondan por la mente a miembros del gabinete del clérigo presidente de Paraguay, Fernando Lugo.

Un gran escándalo gestado en el seno del gabinete del obispo de los pobres y teólogo de la Liberación, relativo a supuestas aberraciones en la vida sexual del líder sandinista Daniel Ortega, impidieron que el Paraguay disfrutara el 15 de agosto de una auténtica fiesta de la izquierda latinoamericana y pusieron en evidencia ante toda la izquierda del continente la verdadera orientación del supuesto clérigo-marxista.

La credibilidad de las denuncias contra Ortega se vio empañada no sólo por las vinculaciones de la denunciante, la ministra Gloria Rubín, con fundaciones anexas a la CIA norteamericana como el National Endowment for Democracy, sino también por lo inconexo de la denunciante - la secretaria de la mujer Gloria Rubín- con la Nicaragua sandinista, y su falta de autoridad moral por su carácter de antigua beneficiaria del régimen anticomunista de Alfredo Stroessner.

La acusación de Rubín recuerda las andanzas de John Edgar Hoover, fundador de la Oficina de Investigación Federal (FBI) en su carácter actual, además de su director desde mayo de 1924 a 1972. J. Edgar Hoover era en el fondo un excéntrico y reaccionario que buscaba ocultar tanto su faceta de homosexual (Todo el mundo conocía su permanente y fiel relación con Clyde Tolson, que duró decenios) tanto como Humberto Rubín su pasado como animador de Stroessner.

Se cuenta que Hoover sobrevivió a la gestión de siete presidentes, que no pudieron destituirlo por el costo político que les implicaba, y sobre todo por los chantajes que realizaba en base a detalles de la vida sexual de los mismos que coleccionaba en un archivo parecido al de las grabaciones radiofónicas de radio Ñandutí. No en balde Rubín sobrevivió en los presupuestos públicos y de la embajada norteamericana desde tiempos de Stroessner a Fernando Lugo, pasando por todos los presidentes de la transición.

Archivos desclasificados demuestran de forma concluyente que agentes del FBI informaban a Hoover con regularidad y detalle de la actividad sexual de los políticos, tanto heterosexual como homosexual. Durante la Guerra Fría (en la década del cincuenta), el FBI investigó con minucia la vida de políticos, artistas y deportistas, acopiando información sobre Pablo Picasso, John Lennon, Marilyn Monroe, Elvis Presley y hasta Lucille Ball.

La red de informantes de Hoover, similar a la de Rubín, le permitió obtener datos sobre la vida íntima de muchas personalidades de la época, incluida la del propio presidente de los EE.UU. Dichos datos hablaban de infidelidades, orientación sexual, orientación partidista y en especial le interesaban a aquellos que tuvieran tendencia pro-comunistas. Compiló mucha información que ordenó guardar como "Oficial y Confidencial", capaz de destruir política, familiar y económicamente a una persona.

En el Congreso, muchos senadores y congresistas vivían con temor a los expedientes que Hoover tenía sobre ellos, o que ellos temían que tuviera, tal cual hoy temen los políticos paraguayos los archivos secretos de la ministra Rubín.

Tanto Rubín como Hoover dedicaron su organización a la Caza de brujas, levantando una verdadera persecución contra los izquierdistas en todos los ámbitos sociales, causando infelicidad y ruina a muchas familias inocentes de la imputación. Uno de los imputados por Rubín, antes que Ortega, fue –qué casualidad tan casual- el ex embajador Huerta, representante de la Venezuela bolivariana en Paraguay.

Es que la lupa de Rubín, igual que la de Hoover, sólo tiene escrúpulos morales cuando examina a sus enemigos ideológicos, aunque entre los partidarios de su signo político abunden desde adúlteros y depravados que se dedican al Chat erótico en el Parlamento, hasta pederastas, pedofílicos e incluso zoofilicos. Es que a la ministra le agrada la moral sólo cuando ella es la encargada de los sermones.

Hoy puede que su privilegiada posición le permita decidir quién va a la hoguera, al purgatorio y al paraíso, pero en su juventud también fue víctima de acosos sexuales por parte de quien con el tiempo sería su marido, dado que lo conoció como jefe en su lugar de trabajo.

De todas maneras, sería vano empeñarse en denunciarlo, pues como ya lo dijo Groucho Marx; estamos luchando por el honor de una mujer, lo que probablemente es más de lo que ella hizo jamás.

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