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Por la Plataforma Ciudadana para la Memoria Histórica y la Normalización Lingüística

Mario López
Mario López
martes, 9 de septiembre de 2008, 04:38 h (CET)
Un año más volvemos de veraneo para darnos de narices con las mismas asignaturas pendientes: el saldo de nuestra historia reciente y la normalización lingüística. También nos topamos con las actitudes conocidas de nuestra clase política. Frente al primer problema, el partido del Gobierno plantea un ley de la Memoria Histórica que reconoce tan sólo el derecho de los españoles a averiguar donde yacen los restos de sus parientes muertos y a darles digna sepultura, sin entrar en reposiciones materiales de los expolios de los que fueron objeto al acabar la Guerra Civil y durante el franquismo.

La derecha quiere pasar página sin entrar en materia, argumentando que las cuentas pendientes con nuestra historia reciente se saldaron en la Transición de 1977, que cualquier iniciativa gubernamental, además de reabrir heridas, responde exclusivamente a espurias maniobras para alejar del primer plano de la actualidad la crisis económica que padecemos. Ante esta situación, lo único que se me ocurre decir es lo siguiente: en la Transición se aprobó una ley de amnistía que zanjó definitivamente todas las cuentas relacionadas con delitos de sangre, por lo que ya no podemos condenar a nadie que haya asesinado antes de 1977 por motivos políticos, sea del bando que sea. Otra cosa es que el juez Garzón o cualquier otro magistrado, dentro del ámbito estrictamente judicial, observe indicios de delito en el régimen franquista; en lo político, no hay caso, pero en el judicial habrá de verse. Lo que ni en la Transición ni en ningún otro momento de nuestra reciente historia se ha abordado es la devolución de patrimonios expoliados durante o después de la Guerra Civil, excepción hecha del patrimonio que le fue sustraído a los sindicatos. Así que queda por ver qué se hace de este asunto. Igualmente, queda pendiente la recuperación y posterior enterramiento de los familiares muertos durante y después de la Guerra Civil. A nadie le tiene que inquietar la resolución de estos asuntos y resulta deleznable argumentar en contra de dicha resolución que puede suponer una amenaza a nuestra convivencia pacífica.

Independientemente de la atención que nos puedan demandar otros temas del mayor interés, la devolución de los patrimonios expoliados y la identificación de los muertos son dos asuntos que requieren todo nuestro esfuerzo; su resolución es urgente, necesaria y, por tanto, siempre oportuna. Una vez resueltos estos asuntos y sólo si se resuelven en su totalidad, podremos dar por zanjadas definitivamente las cuentas que tenemos pendientes con nuestra historia reciente.

En lo tocante a la segunda cuestión -la normalización lingüística- cabe decir que prácticamente todos los españoles han hecho ya sus deberes a excepción de los ciudadanos de exclusiva habla castellana. Hoy en día no cabe otro planteamiento que aceptar la necesidad de dotar a la Unión Europea de una única lengua común para todas sus instituciones y que sea suficientemente conocida por todos los europeos. A fecha de hoy, parece incuestionable que el idioma de referencia es el inglés. Así que el primer reto lingüístico que tenemos planteado los españoles es ponernos al mismo nivel de la media europea en el dominio de la lengua inglesa. Y tenemos que acompasar este aprendizaje con el fomento de todas y cada una de las lenguas habladas en el territorio nacional, dedicando el máximo esfuerzo a la promoción y expansión de nuestra cultura plural que supone uno de nuestros mayores activos como país. Tenemos que elevar a norma el aforismo que reza: "allá donde fueres haz lo que vieres". Y no esperar a que sean los ciudadanos de los países que visitemos los que estén obligados a hablar el castellano. Acabo de pasar unos días en Praga y vuelvo avergonzado del comportamiento de muchos de los españoles que no saben hablar otro idioma que el castellano y critican groseramente a los checos por saber hablar “sólo” en inglés. Esta vergüenza es demasiado antigua y onerosa. Ya va siendo hora de que nos la quitemos de encima. Para abordar todos estos asuntos y darles una solución, propongo la creación de la Plataforma Ciudadana para la Memoria Histórica y la Normalización Lingüística.

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