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El ejército español ¡a la moda!

Miguel Massanet
Miguel Massanet
lunes, 8 de septiembre de 2008, 05:55 h (CET)
Seguro que todos ustedes conocerán aquel dicho de que “la cabra tira al monte” y espero que ninguno de ustedes se atreva a negar la veracidad de tal aserto. Por esto mismo, no nos debería de extrañar que la flamante ministra de Defensa, doña Carmen Chacón, tenga, como el cuadrúpedo rumiante, sus propias querencias que la hacen comportarse, en según que ocasiones, como le pide su naturaleza femenina. Y es que estas feministas que tenemos que padecer, por mucho que se las den de liberadas, independientes y emancipadas, no pueden evitar que se les noten determinados “tics” femeninos que delatan su pertenencia al sexo de Eva. Esta señora, hace un tiempo, según denunció la prensa, confundió a nuestros cuarteles en Afganistán con su propio domicilio, al dedicarse a contratar a empresas que se proveían de emigrantes sin papeles y sin seguro, para las tareas de mantenimiento, limpieza y servicio en los comedores de la tropa; tal y como, probablemente, hubiera hecho con la mujer de limpieza contratada para limpieza de su propio hogar de Barcelona. Lo malo es que, en su caso, como experta en leyes estaba obligada a saber que, bajo ningún concepto está permitido contratar a personas ilegales y mucho menos si éstas no están afiliadas a la Seguridad Social y carecen de seguro. Por supuesto que la ignorancia, como es sabido, tampoco excusa del cumplimiento de las leyes. Pero es que, en el caso de la señora ministra, tampoco se podría alegar tal excusa.

Sin embargo, vean ustedes, hasta donde ha llegado el instinto corporativo de la señora Chacón con sus deberes con el feminismo que, en lugar de preocuparse de renovar nuestro viejo arsenal militar; en vez de ocuparse de actualizar nuestros detectores de minas para los blindados que tenemos en el Líbano o dotar a nuestros soldados de mejores equipos que los protejan de las balas de sus enemigos –por cierto, parece que en Afganistán están sometidos directamente al fuego enemigo y, cada vez, son más los ataques que tienen que repeler, incluso viéndose obligados a dejar abandonados pertrechos y material ante las embestidas de los talibanes –; ha considerado más urgente, de mayor utilidad y más apropiado adecuar los uniformes “a la morfología del cuerpo femenino”. Lo primero que se me ocurre, ante esta decisión de la señora ministra, es si esta señora se ha dado cuenta de que vive en España, que está encargada del ejército español y que estamos atravesando por una penosa y estresante situación de crisis que ya ha provocado que 2.500.000 ciudadanos estén viviendo del subsidio de paro y que miles de empresas se han visto obligadas a cerrar sus puertas por no poder atender a sus compromisos.

En segundo lugar, debería justificar el porqué de destinar los escasos recursos del ejército a una partida que, francamente, resulta prescindible; teniendo en cuenta las carencias existentes en la milicia. Tampoco me resisto a señalar la clara discriminación respecto al personal masculino. Todavía recuerdo mi estancia en el Regimiento de Artillería de Costa de Ceuta, allá por los sucesos de Sidi Ifni, donde me entregaron un uniforme ( entonces yo estaba muy delgado) que me estaba tan ancho que me veía obligado a ajustarme al máximo el cinturón para que los pantalones no se me cayeran; y mi caso, por supuesto, no era nada excepcional. Es evidente que, para la ministra de Defensa, es más importante que la tropa pueda desfilar en una pasarela de moda que no que disponga de los elementos más precisos para su efectividad en el campo de batalla. Por otra parte, no hay duda de que dotar de uniformes a las féminas, que se ajusten a los estereotipos marcados por el ministro Bernat Soria ( recuerden: cilindro, diábolo y campana), para que luzcan mejor ( no sé si para ayudarlas a ligar con sus oponentes masculinos de la tropa o para evitar que, a las gruesas, se les marquen los michelines); constituye una clara discriminación con respecto a los soldados varones que, vaya usted a saber por qué suerte de castigo, no se les aplican las mismas ventajas que a las mujeres.

En cualquier caso, no nos debiera sorprender el comportamiento de la ministra. En primer lugar, es del partido socialista; en segundo lugar, catalana; en tercer lugar, amiga íntima de Montilla y para finalizar, tiene tanto espíritu militar y conocimientos sobre la milicia (recuerden cuando restringió el uso de ordenadores entre los oficiales para que no se dedicasen a mirar pornografía) como yo lo tengo de ciencia espacial. Causa hilaridad verla en plan de ordenar a la tropa ponerse firmes y dar los gritos de ordenanza; nos da la misma sensación de una gallina clueca cuando llama a sus polluelos para que la sigan. Sólo a un simple y resabiado, como ZP, se le pudo ocurrir (me imagino que por mandato del cupo) poner a una señora con perfil nacionalista y, con toda probabilidad, pacifista, al frente de nuestra milicia. Ahora yo me pregunto, ¿es así como piensa el Gobierno imponer la austeridad a sus ministerios? Porque, si todo lo que se le ocurre es limitar los sueldos a los altos cargos de la Administración, cosa que ya hace tiempo que debieran haber hecho, debido a que resulta vergonzoso que, un simple paniaguado, por el solo hecho de pertenecer al Parlamento, se embolse cada mes lo que, durante toda su vida, sería incapaz de llegar a ganar; por el simple hecho de estarse sentado, sesteando, en su escaño y apretar, de tanto en tanto, el botón que le indican que debe pulsar para dar su voto; cuando la gente corriente, los españoles de a pié, se las ven y se las desean para poder llegar a final de mes.

Y ahora es probable que el señor ZP, el día diez, aparezca con el remedio que precisa la nación, o sea, más de lo mismo: más gasto público, más demagogia, más descalificación a las propuestas de la oposición y más dorarle la píldora a este público que parece que, por muchas trastadas que les haga, sigue firme en su adoración hacia él. Lo malo es que la realidad ya nos quema la planta de los pies y esto no ha hecho más que empezar. Es posible que todos los que ha conseguido convencer con sus promesas ZP no tarden en darse cuenta de que, en todo lo que ha dicho, no hay un ápice de verdad y que lo que se oculta, tras esta cortina de aparente tranquilidad y seguridad, no es más que ¡humo y más humo!

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