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Samak nos quiere hacer puré

Óscar Herrera
Redacción
lunes, 8 de septiembre de 2008, 06:02 h (CET)
Es la frase que los seguidores del Partido Demócrata de Tailandia han extendido a lo largo del Reino en su prolífico anhelo para que el Primer Ministro Samak Sundaravej del Partido del Poder del Pueblo dimita lo antes posible.

Tailandia, actualmente fraccionada entre el Partido Demócrata creado en 1945 por Khuang Abhaiwongse, con un corte conservador y a fin a la monarquía, es la agrupación política más antigua del país; bando de las clases medias y altas de las zonas urbanas, con una ideología fundada en favor de los derechos humanos, el pluralismo, el neoliberalismo y la lucha contra la corrupción, ha sido la piedra en el zapato de la otra bancada política, el Partido del Poder del Pueblo, popular dentro de las clases bajas rurales, ultraderechista como su líder el actual Primer Ministro Samak Sundaravej, político de trayectoria y que muchos en el Reino comparan con un peligroso y amedrentador rottweiler que no ha logrado esfumar de su currículo la masacre de los 46 estudiantes izquierdistas en la Universidad de Thammasaten en Octubre de 1976, de la que organizaciones para los derechos humanos señalaron y siguen señalando hasta hoy como uno de sus principales artífices. Controver tido personaje que hasta hace un año compaginaba su puesto de Senador con diarias apariciones en un programa de televisión en el que vestido con delantal blanco y un sombrero de chef hacía las de carismático cocinero.

Los problemas para el Primer Ministro Samak iniciaron desde su polemizada elección por la Casa de Representantes en Enero del 2008; balde de agua fría para el Partido Demócrata que ha aducido desde entonces que él no es más que un fantoche del depuesto Primer Ministro Taksin Shinawatra, político que muchos tachan como populista innato, capaz de generar únicamente odio o amor entre los tailandeses y quien se viera obligado a asilarse en Gran Bretaña tras el golpe de estado de la junta militar en Septiembre del 2006 por cargos de corrupción.

Habiendo vivido tres años en Tailandia puedo decir que llegué a conocer un poco el espiritu tailandés; el cual, afable, servicial y budista conservador se ha mostrado siempre orgulloso de su historia, ya que esta mágica tierra de paradisíacas playas y verdes montañas fue la única del sureste asiático en no convertirse en colonia de ultramar de ningún país europeo; lugar donde la figura de su actual Rey Bhumidol Adulyadej es venerada y respetada como una divinidad.

Tailandia que hasta hace seis años se recuperaba del cataclismo económico de la crisis financiera asiática de 1997 ha sido de los pocos paises de la región que sin haber tenido un pasado comunista ha sabido sacar pecho ante la voraz China en la denominada guerra entre el elefante y el dragón por la captación de inversores foráneos; pero la inquietante inestabilidad política de los últimos años anudada al sube y baja del valor de la moneda local no ha hecho otra cosa que instigar la salida de muchas empresas internacionales que sin querer trasladarse a China han movilizado su producción hacia Camboya, Vietnam y Laos.

Espero que el señor Samak tenga un poco de clarividencia y visión, y a más importante escuche el clamor de la mayoría de su país que se ha atrincherado en las principales vías y edificios ministeriales y cambie cuanto antes su cuestionada banda presidencial por el delantal y el gorro de chef, y dedique lo que le queda de masa gris a la preparación de path thai en un estudio televisivo y no lleve con su contumacia a los tailandeses por el ominoso camino de la división que la mayoría de las veces termina con en esas dos nefastas palabras que son guerra civil.

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Óscar Herrera es escritor, natural de Costa Rica.

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