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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¿Más inmigrantes? La hipocresía de los políticos

Miguel Massanet
Miguel Massanet
domingo, 7 de septiembre de 2008, 08:42 h (CET)
Bien, señores, uno no sale de su asombro cuando contempla como se van desarrollando en nuestra política, actuaciones que parece que contradicen frontalmente posiciones que, los partidos políticos, venían sosteniendo sólo hace unos pocos meses que, de súbito, son reemplazadas, según sean las circunstancias y las conveniencias. Uno ya sabe de la futileza de las opiniones de quienes dirigen el destino de la patria y, cómo no, está más que acostumbrado a que, según se gire el Tritón de la veleta señalando uno de los cuatro vientos que custodiaba Eolo en la caverna subterránea, sean sacrificadas víctimas propiciatorias, como ocurría en la pagana Grecia, para aplacar las iras de los dioses. Hete aquí que, cuando el señor Corbacho, personaje que no me merecía la menor confianza, dice algo lleno de sentido común, oportunidad y sensatez, se produce el revuelo en el gallinero que se aloja en el Parlamento; sin que parezca que entre todas “sus señorías” se pueda encontrar alguien, con un mínimo de sentido común ni un ápice de valentía política, que salga en defensa de lo dicho por el señor ministro de Trabajo.

Verán, cuando la hasta ahora comedida y silente señora Vicepresidenta del Gobierno, la señora Fernández de la Vega, sale de nuevo al hemiciclo para enmendarle la plana al señor Corbacho y para apoyar lo de la nueva Ley del Aborto, es que notan que su partido está moviéndose sobre arenas movedizas. Sabe la señora De la Vega que don José Luis está medio sepultado en la escurridiza pendiente de barro, en el lodazal de la recesión económica y, también, está enterada de que la atención de la ciudadanía está fija en la forma en la que el Gobierno piensa sacarla del atolladero. También recuerda toda la demagogia que ha utilizado su partido en apoyar la bellaquería del señor Caldera y las veces que el señor presidente ha prometido a los españoles el pleno empleo. Es evidente que, en una situación tan complicada, si se le añade al fracaso de las promesas económicas otro fracaso de tipo social, como pudiera ser el recortar la contratación de inmigrantes, no hay duda de que la credibilidad del partido y su progresismo iban a quedar en muy mal lugar.

Sin embargo, si dejamos aparte la hipocresía tradicional de aquellos que siempre se ponen de parte de donde brilla el sol, y nos queremos atener a la cruda y dura realidad de la situación española; deberemos reconocer que, el seguir aumentando artificialmente nuestra población a base de ir contratando trabajadores en el extranjero, cuando en España ya hay 2.500.000 de perceptores de desempleo, más otro millón largo de indocumentados que mal viven en las calles de nuestras urbes; es algo poco menos que demencial continuar admitiendo inmigrantes. Está bien que seamos caritativos con los que no disponen de medios para vivir en sus propios países, pero todo tiene un límite y, es evidente, que la situación actual nos dice que se ha alcanzado el tope en el que debe tomarse una decisión realista y dejarse de monsergas partidistas y de falsas excusas sentimentaloides que, si sirven para ganarse algunos adeptos y representan algunos votos, no obstante, pueden llegar a contribuir definitivamente a que nos hundamos en la recesión. Me gustaría saber lo que opinan, al respeto, estos dos millones y medio de parados se ven incapaces de encontrar un empleo y, por otra parte, observan, atónitos, como se continúa contratando a extranjeros.

Pero lo curioso de esta situación lo podemos detectar en el propio PP, que parece que hace causa común con aquellos que se rasgan las vestiduras cuando oyen hablar de cortar la espita del desempleo; constituyéndose en uno más de los que se quejan por esta medida tan “antisocial” propuesta por el señor Corbacho. Y es que puede que esté confundido, pero creo recordar que, no hace mucho tiempo, ellos mismos se quejaban de la vergüenza de las pateras, los pagos a las dictaduras africanas que no servían para nada, y la posibilidad de que, desde Europa, se nos reprochase (como así sucedió) que fuéramos aceptando, sin orden ni concierto, la masiva llegada de inmigrantes. Claro que esta es la nueva cara centrista del PP que, según veo, consiste en ir pivotando sobre su eje según de dónde vengan las oportunidades de ir cosechando votos, vengan de donde vengan.

Lo que ocurre es que, este juego, que vienen utilizando los socialistas para siempre quedar con las espaldas cubiertas; este sistema de policía malo y policía bueno que tantos buenos réditos les ha proporcionado entre la clientela que los escucha, entre alborozada y extasiada, ajena por completo a lo que se nos está viniendo encima y ganada por las doctrinas materialistas y relativistas que, con tanta profusión, van impartiendo para adoctrinamiento de su feligresía, entre atea y agnóstica; no siempre la van a poder mantener porque, y así lo predije hace ya mucho tiempo, su talón de Aquiles lo van a tener en la recesión económica, que no entiende de demagogias ni de cuentos de hadas y que va a hacer salir de su sueño hipnótico a todos aquellos que vean que, a sus pies, se abre el abismo del desempleo, la sima de la ruina económica y el infierno de encontrarse sin medios para poder sobrevivir dignamente. Claro que el Ejecutivo del señor ZP está empeñado en negar lo evidente, que busca ganar tiempo esperando que surja el milagro que le permita salvar la cara; y es por ello que su defensa la basa en mirar hacia el extranjero para decir que estamos mejor que los otros países, que somos más fuertes y que, de entre los malos somos lo mejores.

Inútil y vano empeño. Los números, que nunca mienten, nos sitúan entre las naciones que peor aguantamos la crisis, la que mayor burbuja inmobiliaria tenía, la que sufre mayor desaceleración económica y la que peor deuda externa (58.000 millones de euros) tiene que soportar en un momento en que el Euroibor esta en cotas del 5’33% y que la valoración de nuestras garantías para obtener financiación externa roza los límites más bajos en muchos años y, por si no bastara el mayor desempleo, sin paliativos, de toda la Eurozona. Y ante todo esto, el pobre señor Corbacho, se ve corregido por los suyos, anatemizado por la Oposición en pleno y obligado a desdecirse de su palabras, por miedo a que lo devuelvan a su antiguo puesto de alcalde de Hospitalet del Llobregat. Una pena. Por una vez que acertó lo han condenado a las galeras de la humillación y la desesperación. Y es que entre nuestros políticos hay mucho de aquel dicho popular: “hurtar gallinas y pregonar rodilla” ¿Que, qué significa?

¡Búsquenlo!

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