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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Alarma nuclear

Clemente Ferrer (Madrid)
Redacción
domingo, 7 de septiembre de 2008, 09:16 h (CET)
El gobierno marxista de Corea del Norte ha desencadenado la alarma internacional con la proyección de varios mísiles nucleares, con potencia para alcanzar hasta los Estados Unidos y que fueron sucumbidos en el mar de Japón.

El apoyo de China, exige a la colectividad internacional a cohabitar con la situación atroz y sangrante de Corea del Norte, nación en la que su población fallece de hambre y no tardaría en devastarse si no fuera por el envío de comestibles y medicamentos que recibe desde las instituciones humanitarias de todo el orbe.

La bomba atómica es un dispositivo que consigue una cuantiosa energía de las reacciones nucleares. Su funcionamiento se basa en espolear una reacción nuclear en cadena. Está entre las calificadas como armas de destrucción masiva. Su estallido causa una nube en forma de hongo. Fue desarrollada por Estados Unidos durante la II Guerra Mundial. Las descargas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, en pocos segundos resultaron desoladas ambas poblaciones. Se conjetura que en Hiroshima acabó con más de 120.000 mortales de una población de 450.000 autóctonos, provocando otros 70.000 lacerados y devastando la urbe casi por completo. En Nagasaki, el número de víctimas originadas por el estallido se evaluó en unos 50.000 mortales y 30.000 heridos, de una población de 195.000 aborígenes.

Un superviviente de Hiroshima recordó que "un brillo cegador cortó el cielo... la piel de mi cuerpo sintió un calor quemante... silencio mortal... luego una gran explosión, como el estallido de un trueno distante." El avión lanzó su única carga y se distanció velozmente. Minutos después la bomba mortal explotó ocasionando un penetrante brillo que inflamó el cielo. De un globo de fuego de 400 metros de diámetro germinó una nube en forma de hongo que se alzó 20 kilómetros. El penetrante calor, de unos 3.000C°, convirtió rápidamente en tizones negros a millares de seres humanos. Otros miles perduraron unos pocos instantes, para ser vapuleados por cascotes o soterrados en vida por la caída de los edificios. Llenos de pavor, muchos se arrojaron a los arroyos que habían ardido. En el espantoso caos agonizaron 200.000 mortales, la mitad de la población matutina de la población. Se evaporaron unos 60.000 edificios y las miasmas radiactivas comenzaron su cruel y taciturna tarea de provocar una agonía lenta y prolongada. En ese 6 de agosto de 1945, el turbado universo supo que, el ser humano, había sometido la energía confinada en el átomo, para elaborar un artefacto enormemente demoledor.

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CLEMENTE FERRER ROSELLÓ. Presidente del Instituto Europeo de Marketing, Comunicación y Publicidad. Madrid.

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