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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Don Baltasar el mediático

Miguel Massanet
Miguel Massanet
sábado, 6 de septiembre de 2008, 06:48 h (CET)
Creo que al señor Garzón, juez de la Audiencia Nacional, no se le debe hacer demasiado caso. Es evidente que es uno de esos sujetos de izquierdas, amargado, que ha estado soñando toda su vida con ser ministro y, aunque estuvo cerca de serlo con Felipe González, no ha llegado a conseguir su meta. Es el clásico histriónico que necesita tener su público, aunque sea para que lo critiquen, ya sea jugando partidos de fútbol, para lo que ya está algo cargado de grasa, ya sea acudiendo a tertulias radiofónicas, para hacerse oír o ya sea, cuando no tiene algo mejor que hacer, procesando a mandatarios de países extranjeros. Se trata de dar motivos para que hablen de él, incluso que sea para criticarle. Lo cierto es que, por ser de izquierdas, se ha sabido labrar una bonita fortuna que se ocupa con mucha diligencia en aumentar dando conferencias, escribiendo libros o cobrando, como hacen los famosos, para hacer acto de presencia en reuniones sociales. Lo que ya no resulta tan claro es que, este juez mediático, cumpla con el trabajo que tiene asignado como juez instructor de la Audiencia; porque es curioso que un juez, que ocupa un puesto de tanta responsabilidad y que toca tantos pitos en el ámbito de la justicia, se pueda permitir estar viajando continuamente de un país a otro; pueda dedicarse a escribir y a la vez le de tiempo para ocuparse en buscar trabajo extra dentro y fuera de España.

No obstante, vean ustedes, tiene asuntos que se le eternizan en su despacho, por ejemplo el caso del chivatazo a ETA que, no se sabe muy bien por qué motivo, duerme el sueño de los justos en algún legajo lleno de polvo, a la espera de que don Baltasar se digne echarle un vistazo. Y es que uno no llega a saber si este señor, tan progresista, al que se le podría comparar con el ministro señor Fernández Bermejo, por sus tendencias políticas, por su concepto de lo que deben ser las leyes y por el relativismo que muestra en cuanto a su adaptación a las circunstancias sociales del momento y al color político del gobierno que dirija la nación; es un iluminado que actúa guiado por sus propias fobias o, si se trata de un simple peón del poder político, al que se usa para distraer la atención de la ciudadanía cuando el Gobierno necesita que algún tema, potencialmente peligroso, deje de centrar la atención de los españoles.

Sea como fuere, el caso es que se las ha arreglado para que, algunas asociaciones de estas que uno no sabe para que sirven hasta que salen a la palestra, para proponer algo como la reactivación de la Memoria Histórica o la reivindicación de la República de 1936 o, en último caso, para resucitar del adormecedor olvido a las víctimas de la represión del franquismo con objeto de hacer un censo de ellas, vaya usted a saber con qué fin. Fue una guerra civil, una guerra cruenta y entre hermanos, lo que la convirtió en más odiosa y, como consecuencia hubo muertos, asesinatos, venganzas, cuentas que saldar e injusticias; como ocurre en cualquier confrontación de estas características. Pero, los españoles decidieron que ya eran cosas del pasado, que no llevaba a nada dar coces contra el aguijón y que ya era hora de reconciliarse y afrontar el futuro, sin agravios ni rencores. Hubo una ley que recogió este sentir mayoritario, que fue la de Amnistía, promulgada el 15 de octubre de 1977, por la que, taxativamente, en sus artículos 1º y 6º, se exoneraba de toda responsabilidad a los que hubieren cometido crímenes de carácter político con anterioridad.

Nadie podrá dudar de que el señor Garzón conozca tal circunstancia y que, después de 70 años está más que finiquitada la guerra y cualquier acción relacionada con ella que se hubiere cometido antes de dicha fecha. Pues bien, para el señor juez la palabra amnistía parece que no está en su diccionario; la palabra reconciliación, tampoco y la palabra oportunidad la desconoce por completo, al menos cuando se trata de hacerse un poco de propaganda. Así las cosas, no ha tenido mejor ocurrencia que hacer caso de unos resentidos vengativos, para sacarse de la manga una investigación de los desaparecidos republicanos como consecuencia de lo que, para él, fue la represión franquista. Nada por supuesto de los crímenes en la checas de Madrid, Barcelona y Valencia; nada de los asesinatos de católicos y personal de derechas de Paracuellos del Jarama; nada de los asesinatos de la cárcel Modelo de Barcelona con motivo de los sucesos de mayo de 1937 en Barcelona (entre los mismos republicanos) y, por supuesto, nada contra la reliquia nonagenaria del comunismo exterminador, señor Carrillo, que tanto colaboró en los trágicos sucesos de las “sacas” de la cárcel Modelo de Madrid. Curioso sentido de la justicia de don Baltasar. Lo que ocurre es que ha querido involucrar en este desmán a todos los juzgados, registros civiles (por si no tuvieran bastante trabajo) y a la propia Iglesia católica, enviando oficios a todo quisquae, incluida la Conferencia Episcopal, que ya me dirán ustedes qué tiene que ver con el caso. Se me ocurre que debía estar aburrido en su despacho y como sea que la justicia funciona tan bien en España (para él que haya dos millones de sentencias pendientes se ve que no le afecta), en lugar de echarle una mano a alguno de sus compañeros de oficio, habrá pensado que lo mejor es incordiar al prójimo y a ello se ha aplicado con una dedicación digna de mejor causa.

Lo que ocurre es que todas estas investigaciones requieren tiempo, trabajo, y dinero, mucho dinero, del que parece que, en la actualidad, las Arcas del Estado no andan muy sobradas; ya saben: subsidios de desempleo que pagar; aportaciones motivadas por la Ley de Dependencia atrasadas; devoluciones de IRPF pendientes por falta de dinero; endeudamiento exterior al que atender ( con euroibor del 5’33%); municipios a los que se les recortan las aportaciones; contenciosos con las comunidades por las financiaciones etc. En fin, que no está España para despilfarros ni para pagarle caprichos al juez Garzón que, si tiene un antojo, lo mejor que podría hacer y lo más justo, sería que se lo pagara de su propio bolsillo y así, los demás, no tendríamos que meternos con él. En todo caso, yo le recomendaría a don Baltasar que no hurgase más en la herida de la Guerra Civil, porque si lo hace, puede que los del otro bando, aquellos a los que les asesinaron los rojos a sus familias, o a los que fueron torturados en las checas o los parientes de los que fueron vilmente asesinados en las calles de Barcelona en 1936, puede que quisieran también destapar sus reivindicaciones, buscar su revancha y exigir sus compensaciones y esto, señor Garzón, que no tuvo ocasión de vivirlo, si lo han padecido otras personas que piensan que usted está cometiendo más desatinos de los que se le pueden consentir y que sería mejor que se ocupase de arreglar España, de los terroristas o de jugar al mus; pero deje en paz, de una vez, temas que se le escapan de las manos y no abra la caja de los truenos de Pandora porque, cuando se salen de ella, ya no hay quien los pueda volver a introducir en su interior. ¡Basta ya de sus boutades, señor mío!

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