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Etiquetas:   Políticamente incorrecta   -   Sección:   Opinión

Garzón

Almudena Negro
Almudena Negro
@almudenanegro
sábado, 6 de septiembre de 2008, 06:48 h (CET)
Acaba Baltasar Garzón de atribuirse una competencia que según el portavoz de “Jueces para la Democracia” jurídicamente no le correspondería, para tratar de, en palabras del filósofo Gustavo Bueno, “juzgar a vivos y muertos”. El juez estrella desde que en tiempos fuera número dos de Felipe González en la lista del PSOE por Madrid, pretende, supongo que con la finalidad no confesada de echarle un capote a ZP, entrar en más de veinte mil iglesias y varios ayuntamientos con el objeto de conocer los nombres de los desaparecidos durante la Guerra Civil y el franquismo. Prosigue pues la insidiosa y peligrosa campaña de identificación de la derecha democrática con el franquismo.

Garzón, además, se pasa la Ley de Amnistía aprobada en octubre de 1977, o sea, la Transición, por el forro de sus caprichos. Olvida su señoría, el mismo que se negó a juzgar a Carrillo por los crímenes de Paracuellos –y tiene razón: los crímenes de Paracuellos fueron amnistiados en 1969-, además, que su juzgado no sería competente para actuar en estos casos y que, además, resultaría muy complicado señalar un responsable directo, caso de que el asesinato en cuestión no haya prescrito. Claro que todas estas cosas al juez que sigue sin resolver el sumario acerca del chivatazo a ETA poco le preocupan. Al fin y al cabo, Baltasar, cuyo ego es inversamente proporcional a su capacidad para instruir sumarios, además de juez, es político en busca de un Nobel de la Paz.

Pues por bastante menos hubo un importante grupo mediático que, junto a un gobierno socialista, organizó un verdadero linchamiento personal y profesional contra un compañero de Garzón –al cual éste, por supuesto, traicionó-, Gómez de Liaño, que tuvo que ver cómo sus derechos fundamentales eran violados por quienes se proclaman el colmo de lo tolerante. Así lo ha reconocido este verano una durísima y clarificadora sentencia del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo. Claro que Gómez de Liaño investigaba al fallecido Jesús Polanco, factótum de la izquierda progre, por quedarse con las fianzas de los usuarios del Plus. Bacigalupo y demás compañía lo condenaron injustamente por “dilatar” el procedimiento. Estrasburgo lo ha absuelto y condenado moralmente a sus perseguidores.

Garzón se habría pues dedicado a vulnerar el derecho procesal para conseguir titulares. Eso sí, siempre a favor de los mismos. De ahí, junto con el terrible corporativismo judicial puesto nuevamente de manifiesto con la leve pena impuesta al juez que dejó por error en libertad al asesino de la niña Mari Luz, seguramente, que nadie se haya planteado sentar en el banquillo al ilustre político y nefasto juez.

Del concepto totalitario y antijurídico que algunas de sus señorías tienen de la libertad de expresión hablaremos otro día. Eso sí, por favor, que se ahorren la habitual y falsa cantinela que dice que en España existen separación de poderes o Justicia. Y un jamón.

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