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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

El ególatra que nos preside

Miguel Massanet
Miguel Massanet
viernes, 5 de septiembre de 2008, 05:36 h (CET)
Es lógico que el señor Zapatero defina la democracia como un régimen “laico y civil” porque a lo único a que se ha dedicado desde que ocupó la presidencia de la nación, es a poner todo su empeño en construir un nuevo régimen para España que, por supuesto, no tiene nada que ver con democracia pero que, por conveniencias de imagen, por pantalla ante el resto de naciones y por justificación ante los españoles, se ha empeñado en hacerlo pasar como una democracia; vamos que, para entendernos, podría comparase con el tipo de democracia que ha implantado en Venezuela el señor Chávez o en Bolivia está intentando implantar el señor Evo Morales. Y es que, por lo visto, el término democracia según nuestro Presidente “tanto sirve para un barrido como para un fregado”. Si debemos atenernos a su definición particular, el señor ZP, es muy posible que no considere democracias a Marruecos, y el resto de países árabes (con lo que pudiéramos estar de acuerdo) o con los propios EE.UU donde, si bien existe separación entre estado y religión, no obstante la religiosidad del pueblo americano está presente en el juego político y nadie se atrevería a calificar a la nación más poderosa del mundo como laica.

Lo de “el gobierno del pueblo para el pueblo” de Abraham Lincoln, no especificaba que el pueblo debiera ser ateo, agnóstico, islamista, católico o protestante, porque la esencia del sentir democrático está basada en la libertad de cada ciudadanos para disponer a su antojo de sus ideales y creencias mientras que no choquen con los derechos del resto de la ciudadanía. Por supuesto que, al señor ZP, no le importa interpretar a su manera lo dispuesto en la Constitución de 1978, respecto a la “aconfesionalidad del Estado”, algo muy distinto a la supuesta laicidad que el promociona. Por lo visto, a nuestro Presidente no le interesa tanto lo que piense el pueblo, no es tan necesario que las leyes se ajusten al bien común o se adecuen a los principios constitucionales, como que le ayuden a cambiar España según el modelo que él tiene en su mollera; para lo cual no le causa empacho utilizar todas las triquiñuelas legales o extralegales que le ayuden a conseguir sus objetivos. Seguramente la democracia, para él, es negociar con los terroristas a espaldas del mayor partido de la oposición; ocultar a la ciudadanía en base a qué principios y condiciones se negocia con criminales y, si se negocia en plan de igualdad o, como hizo el señor Aznar, dándoles el ultimátum para que se rindieran.

Y es que resulta un insulto a la inteligencia del ciudadano de a pie que, ahora, nos quiera hacer creer, el señor Zapatero, que no les ofreció contraprestaciones para que dejaran la lucha armada; perdón para los criminales y réditos políticos y económicos, si conseguía la tan cacareada “paz”, que nos quería vender como la panacea para todos los problemas de la nación. El hecho de que la voracidad independentista de los etarras, su adicción al crimen y la extorsión, y su chulería innata, les impidiera aceptar las propuestas del gobierno por insuficientes; no implica que el Gobierno no les hubiera ofrecido cesiones que, si no llegaron a materializarse, no fue por su voluntad, sino por la tozudez de sus oponentes.

En su entrevista al periódico El Mundo ZP no da muestra alguna de autocrítica, antes bien se empecina en su cantinela de siempre, incapaz de reconocer su falta de previsión y la de su gobierno ante la crisis económica; su empeño en ocultarla a la ciudadanía y sus desplantes temerarios ante todos aquellos que le estaban avisando de la llegada de la crisis, hasta el punto de tachar de “antipatriotas” a los que le recordaban la llegada de las vacas flacas y de de desprestigiar a personas de tanta solvencia económica como es el señor Trichet, el presidente del BCE, o como el presidente del FMI; que no han cesado de lanzar avisos y advertencias, especialmente a España, para indicarle que el rumbo que llevamos no es el adecuado para salir con bien de la recesión que padecemos.

No hay duda de que, empeñarse en definir sólo como “un ciclo económico adverso” la caída en picado del sector de la construcción y la subsiguiente entrada en crisis del resto de la industria –donde sectores de tanto fuste como la fabricación y venta de automóviles, la hostelería o las propias exportaciones están dando muestras de un preocupante retroceso que no augura perspectivas optimistas –, cuando, más bien, estamos ante el inicio de un panorama económico lleno de densos nubarrones para los próximos años; es como para alarmarse y pensar que estamos en manos de un Gobierno que no sabe aceptar la realidad y que, por tanto, no dispone de la capacidad de reacción que se le debería exigir a quien tiene la responsabilidad de conducir el destino de la nación. Por lo visto, para el señor Zapatero, las unánimes críticas que está recibiendo de parte de todos los sectores de la nación, no sólo por la cuestión de la recesión en la que estamos inmersos, sino por el tema de las desigualdades en cuanto a la financiación autonómica; los evidentes “tics” partidistas en cuanto se pueda referir al tratamiento preferencial para aquellas autonomías gobernadas por los socialistas; su reacción tardía ante el órdago del señor Ibarretche; su empeño en no querer aceptar la cooperación que se le ofrece desde el PP para intentar desarrollar una política conjunta que ayude a España a salir del bache en el que está metida; no son más que las “naturales” quejas que pueda recibir cualquier presidente de una nación dentro de la normalidad del ejercicio de su cargo. ¡Dios le conserve su optimismo y clarividencia!

Mientras, el país con un déficit de la Balanza de pagos de 58.000 millones de euros y un desempleo del 11%, el mayor de toda Europa, más del doble que en el Reino Unido y más del triple de Dinamarca y, por supuesto, mucho más que la media europea. Y en estas, sin tener idea de cuando se aprobarán los presupuestos ni si estos deberán prorrogarse y con la agravante del anuncio hecho por el señor Solbes de que se van a recortar las aportaciones a los municipios. Un momento propicio y oportuno para que nuestro Presidente ande por ahí diciendo lo que le sale por las narices, como si la situación de España estuviera para esta clase de gollerías para intentar calmar a la gente. Es posible que algún día podamos decir de ZP lo que Lucano decía de Julio César: “Estaba satisfecho de haberse abierto camino sembrando ruinas”.

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