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Etiquetas:   Momento de reflexión   -   Sección:   Opinión

Contracultura

Octavi Pereña
Octavi Pereña
jueves, 4 de septiembre de 2008, 03:36 h (CET)
Se llama contracultura a los valores, tendencias y formas sociales que chocan con las establecidas en una sociedad. La expresión puede entenderse como una ofensiva contra la cultura oficial. ¿Quién define lo que es cultura oficial? El hombre, por creación divina lleva grabados en su conciencia unos principios éticos de alcance universal, es decir, que su obligado cumplimiento no se restringe a una cultura determinada para que la sociedad funcione sin fricciones.

El ser humano, dada su condición de ser caído, es decir que ha perdido la perfección en que fue creado, no quiere saber nada de la obligación de obedecer los principios éticos divinos. De ahí la innata rebeldía de la juventud en particular a someterse a las exigencias superiores. En defensa de su rebeldía alegan que las instituciones que representan al orden divino están corrompidas. Sin rechazar la certeza de la acusación, lo cierto es que es una excusa para justificar su desobediencia a Dios.

La cultura denominada «oficial» y que está basada en los principios éticos que brotan de la Biblia adquiere peculiaridades propias de las culturas locales en las que ejerce su influencia. Esta diversidad cultural se encuentra en un plano de igualdad ante el Legislador de los principios éticos de alcance universal. Con lo terminado de exponer creo que dejo bien claro lo que entiendo es cultura oficial. A medida que las personas se alejan de los principios divinos, el vacío que deja la retirada silenciosa se ha de llenar con substitutos que no llenan la vacuidad producida por la retirada. De ahí nacen todas las tendencias conocidas como contraculturales que nos asombran: cabellos en forma de cresta y extravagantemente teñidos, tatuajes que se dejan ver en las partes visibles e invisibles del cuerpo que ponen en peligro la salud, piercings incrustados en las partes más sensibles del cuerpo y que es posible que hagan la cotidianidad un poco más difícil. Creo que todo ello sirve para atraer la atención que no consigue la mediocridad. El dicho popular: “dime de lo que presumes y te diré de lo que careces”, encaja perfectamente aquí. Las estridencias en el aspecto externo son un reflejo de la pobreza interior que se pretende esconder acaparando la atención pública.

A nuestra cultura occidental, materialista y carente de valores que valgan la pena vivirlos le falta un auténtico sentido de la vida. La juventud en particular se encuentra en medio de un mar tempestuoso, asemejándose a un yate con el panel de control estropeado y sin un faro que con sus destellos lo oriente hacia buen puerto. En esta situación angustiosa en medio de la oscuridad espiritual resplandece Cristo “la luz del mundo” que orienta al extraviado a puerto seguro.

Es cierto que las iglesias cristianas en muchos casos están tan desorientadas como las personas a las que pretenden guiar. Esta es la condición del ciego que pretende guiar a otro ciego. Ambos caen en el hoyo. A pesar de que la situación crítica de las iglesias está muy extendida, ello no impide que la “luz del mundo” siga brillando en la oscuridad para guiar a los extraviados. Sólo se precisa que el extraviado esté dispuesto dejarse guiar por ella.

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