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Opinión
Etiquetas:   Carta al director  

Rostros famosos

Clemente Ferrer (Madrid)
Redacción
jueves, 4 de septiembre de 2008, 04:37 h (CET)
La popularidad y el éxito de la persona célebre y admirada es utilizada de forma reiterada para vender productos y promocionar servicios. Con ello, los creadores de mensajes intentan conseguir un doble objetivo; dar un mayor renombre al producto anunciado y utilizar el prestigio del famoso para lograr notoriedad. Prestar un rostro famoso supone un buen contrato publicitario.

Cada anunciante puede concebir y lanzar su campaña publicitaria de la forma que prefiera. Pero es preciso estudiar la utilización de los personajes de renombre en la estrategia publicitaria. Parece ser que un famoso con enorme popularidad confiere a lo que anuncia la dimensión universal de sus éxitos. Algunos rostros famosos son prescriptores, en la actualidad, de diversos productos.

La cantante estadounidense, Vellones Knowles, ha mudado de color tras la campaña publicitaria para una firma de cosméticos; el futbolista Ronaldinho es el prescriptor de una empresa de fotocopiadoras; El piloto asturiano de Fórmula 1, Fernando Alonso, sigue prestando su imagen a una entidad bancaria, una caja de ahorros, una compañía de telefonía móvil y a una empresa financiera on line; el diseñador alemán Karl Lagerfeld es el protagonista de la campaña de seguridad vial francesa; la presentadora Pilar Rubio será la nueva imagen de una marca coreana de automóviles; el actor Josh Hartnett será el atractivo rostro de una marca de perfumes; También la actriz Elsa Pataky será prescriptora de una conocida marca de electrodomésticos; la provocadora modelo Kate Moss posa para una importante firma de lencería; por último, el actor Edu Soto será la imagen de una entidad bancaria.

Si el comportamiento privado de un popular es incorrecto, cuando su ética y moral quedan en entredicho, es posible que su imagen quede dañada. Por ello, es muy probable que, también, la imagen del producto quede perjudicada.

Todas las decisiones publicitarias que no se orienten al respeto de las personas y a la veracidad del mensaje son un fracaso, a la larga. Hacer un uso continuo de los famosos en la publicidad no es lo más deseable. Y no hay que olvidar que la publicidad anuncia bienes y servicios, no figuras ni rostros.

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CLEMENTE FERRER ROSELLÓ. Presidente del Instituto Europeo de Marketing, Comunicación y Publicidad. Madrid.

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