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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

La EpC y la lluvia… de sentencias

Miguel Massanet
Miguel Massanet
miércoles, 3 de septiembre de 2008, 10:07 h (CET)
Hay temas que tienen sus momentos, que surgen de la nada y ascienden a la velocidad de un cohete hasta las alturas de la fama y luego se apagan como si ya hubieran dejado de existir. No obstante, es cierto que existen algunas materias que se desarrollan mejor, que llevan a cabo su metástasis con mayor facilidad si están favorecidas por el oscurantismo, la ocultación y el silencio; en cuyos ámbitos se encuentran a gusto y donde pueden desarrollarse sin que, aparentemente, se produzca demasiado escándalo en la sociedad. Uno de estos controvertidos asuntos es el de la enseñanza obligatoria de la asignatura EpC (Enseñanza para la Ciudadanía). Es obvio que al ministerio de Cultura y a su ministra del peinado afro, señora Cabrera, no les interesa que se remuevan las aguas turbias en las que se mueve su famosa asignatura y, por ello, les va de perillas que, con el revuelto armado por la crisis económica, lo del financiamiento de Catalunya y el farol organizado con las fallidas elecciones gallegas, su asignatura entre de nuevo de matute, durante el próximo curso, para que con ella los socialistas consigan su propósito de aleccionar a la juventud de acuerdo con los principios de la doctrina relativista que todo lo justifica, todo lo admite y todo lo aprueba si, para el sujeto, es algo que le conviene o, por el contrario, lo rechaza si considera que le perjudica.

No obstante, esta misma doctrina se contradice a si misma cuando, por otra parte, se persigue la formación de una masa unida por un adoctrinamiento en unas ideas únicas que, por supuesto, se corresponden con las del ideario socialista, frente populista, sustentado por el PSOE del señor ZP. La famosa EpC nació con mal pie, o sea, que fue un engendro hecho a la imagen y semejanza del pensamiento de sus autores, unos descerebrados con ínfulas de cultos y progresistas. No obstante, con la tozudez propia de todos aquellos que se empecinan en el error, consiguieron que una ley, a todas luces inconstitucional, fuera aprobada aunque, para ello, fuera preciso echar por los suelos el derecho que la Constitución de 1978 otorga a los padres respecto a la facultad de elegir la clase de formación moral y religiosa que quieran darles a sus hijos. Ni que decir que todo ello forma parte del ajuste de cuentas que el PSOE viene preparando para resarcirse de sus viejos problemas con la Iglesia Católica, a la que nunca le ha perdonado que se oponga a sus teorías sobre el aborto, la homosexualidad, el agnosticismo y el ateismo (recordemos como se comportaron durante la Guerra Civil las Juventudes socialistas del señor Carrillo con los católicos y, los miles de ellos, que fueron sacrificados sin otra culpa que su fé religiosa)

Lo que sucede es que siempre hay los Viriatos que se levantan, aún en inferioridad numérica, y que se niegan a renunciar a sus derechos. De todos los rincones de España han surgido grupos de padres que se han rebelado contra tamaña injusticia y que se han agrupado para acudir a los tribunales en busca de justicia. Así, a las repetidas resoluciones del TSJA dándoles la razón a los recurrentes, se han ido sucediendo en todo el ámbito estatal, como reguero de hongos, nuevas sentencias hasta alcanzar el importante número de 32, lo que deja en ropas menores a los que, con tanta prepotencia, afirmaban que dicha asignatura era constitucional y que no podía ser recurrida; entre ellos, por cierto, el mismo señor Chávez de Andalucía. Lo cierto es que, la misma Comunidad de Madrid, ya ha exonerado a los estudiantes de tener que recibir la enseñanza de la EpC, sin que ello les impida conseguir sus diplomas académicos. De las últimas sentencias emitidas por los tribunales 10 de ellas se han dictado en la comunidad andaluza y 22 en La Rioja. Por si fuera poco y para completar el panorama de impugnaciones, se han producido 40 autos provisionales en los que se ha permitido a los alumnos no asistir a las clases de dicha asignatura.

Es evidente que, a la vista de tal proliferación de sentencias, ya sería hora que el TC se pronunciara sobre la materia. Claro que esto sucedería si tuviéramos un TC integrado por magistrados apolíticos, defensores de la constitución e independientes; pero, como no ocurre así, vean ustedes como allí, como si fuera una morgue cualquiera, se entierran los temas recurridos en refrigeradores de tiempo, para que allí permanezcan hasta que al Gobierno le interese que se descongelen para presentarlos a la ciudadanía convenientemente aderezados con sus particulares puntos de vista. Es algo poco menos que inconcebible y, por supuesto, que no ocurre en ningún otro país del mundo en el que impere una democracia libre e independiente, donde los tres poderes, el Legislativo, el Judicial y el Ejecutivo sean independientes entre sí y se controlen mutuamente. En cualquiera de ellos sería imposible que un recurso sobre un tema de tan capital importancia para la Nación, donde se juega el concepto de unidad nacional, la solidaridad entre las distintas comunidades y la propia esencia de la nación española, estuviera durmiendo el sueño de los justos mientras, una ley orgánica, como es el Estatut catalán, se va imponiendo a través de los años, por medio de los hechos consumados, una financiación bilateral, desde todos los puntos de vista, abusivos, insolidarios y claramente partidistas, derivados de las concesiones de un Gobierno, chantajeado por grupos minoritarios que, sin embargo, lo sostienen en el poder.

A los socialistas del PSOE se les llena la boca al hablar de libertad religiosa identificándola con laicismo y, por supuesto, con el derecho a cargar contra las creencias católicas como si una cosa implicara la otra. Al respecto conviene citar un párrafo de una pastoral de la Diócesis de Valencia que señala lo siguiente:”… no se puede limitar la plena garantía de la libertad religiosa al simple ejercicio del culto, sino que se ha de tener en la debida consideración la dimensión pública de la religión y, por tanto, la posibilidad de que los creyentes contribuyan a la construcción del orden social”. Más claro, agua.

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