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Etiquetas:   Opiniones de un paisano   -   Sección:   Opinión

La Constitución cumple 30 años

Mario López
Mario López
lunes, 1 de septiembre de 2008, 21:52 h (CET)
Muchos somos los españoles que pensamos que los renglones de la Constitución están torcidos a causa de la temblorosa mano que la redactó. Una Constitución pacata instiga a sus leales a conducirse por la vida con recelo, huyendo de los retos que continuamente plantea la convivencia en democracia. Una Constitución timorata hace ciudadanos pusilánimes. Así es imposible establecer un contrato social medianamente ecuánime y atractivo para el conjunto de la ciudadanía.

En 1977 se firmaron unos pactos entre personas que representaban teóricamente lo que de hecho se había cercenado cuarenta años atrás. De ninguna de ellas se tenía constancia de valor político alguno y, sin embargo, en ellas se depositó la responsabilidad de crear el más importante de nuestros códigos: la Constitución. Hoy en día esto sería inimaginable. Como hoy es inimaginable que ninguna de nuestras normas de convivencia se decida bajo la amenaza de un golpe militar. Sin embargo, esa amenaza influyó definitivamente en los llamados padres de la Constitución. Yo no quito mérito alguno a Gregorio Peces Barbas, Jordi Solé Tura, Miquel Roca, Manuel Fraga, Gabriel Cisneros, José Pedro Pérez Llorca y Miguel Herrero. Todos ellos hicieron su trabajo lo mejor que supieron y, probablemente, no había por aquel entonces personas mejor cualificadas para hacerlo. Estos hombres ya han pasado a nuestra historia con letras de oro. Pero treinta años después, los españoles tenemos el derecho y el deber de volver a hacer ese trabajo, desde la libertad que tanto nos ha costado conquistar y que, entre otras cosas, hemos conquistado gracias a la Constitución de 1978. Hace treinta años teníamos la voluntad de alcanzar un modelo de convivencia democrático semejante al que podemos tener hoy, pero pesaba sobre nosotros la tenebrosa sombra del franquismo. Hoy tenemos la oportunidad de resarcirnos de aquella vergonzante cortapisa. Hoy estamos en disposición de hacernos justicia y definir un marco de convivencia libremente y en consonancia con los tiempos que corren. Redefinir conceptos de nacionalidad, de territorialidad; plantear otras formas de gobierno, nuevos derechos de los ciudadanos, etc. El treinta aniversario de la Constitución tiene que ser el año de la redacción de una Constitución con los renglones derechos. Es un reto apasionante y necesario. Hoy tenemos una nómina de constitucionalistas infinitamente más experimentados que hace treinta años. Desaprovechar todas estas ventajas sería un error imperdonable.

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