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Símbolos franquistas en Ceuta

Josep Esteve Rico
Josep Esteve Rico
domingo, 31 de agosto de 2008, 09:31 h (CET)
La Historia de los Pueblos está marcada por símbolos. Y todo pueblo tiene algún símbolo del que está mayoritariamente orgulloso y por contra, cualquier otro del cual está mayormente avergonzado. En estos extremos se sitúan los símbolos propios de aquellos que sometieron a sus ciudadanos, los dictadores. Dictadores de cualesquieras ideología y naturaleza. Civiles y militares. Izquierdistas y derechistas.

Los efectos de los regímenes dictatoriales son negativos y sus consecuencias, nefastas para el individuo y la colectividad. En este mundo globalizado y globalizador tales efectos son considerados crimenes de lesa humanidad, independientemente de la ideología del dictador cuestionado.

Olvidar las aberraciones y las vejaciones cometidas sobre los pueblos dominados y víctimas de genocidios provocados por dictadores, no es buen ejercicio ni aconsejable. Los pueblos, y los individuos, podrán perdonar pero jamás deberán olvidar, llegando al punto de tener que retirar o borrar de las calles cualquier resquicio dictatorial y resarcir la memoria y el recuerdo de las silenciadas víctimas de la represión dictatorial.

Por ejemplo, así sucedió en Alemania tras la caída de Hitler -mediante el proceso de Nüremberg- aconteció en el este de Europa -tras la guerra balcánica- pasó con el juicio de Sadam Hussein y así está desarrollándose ahora -bajo la batuta del Tribunal Internacional de La Haya de los Derechos Humanos- con el proceso a Karadzic.

En el caso de España, la dictadura de Franco, siempre analizada desde posiciones extremas, no fue condenada internacionalmente como la de Milosevic, por citar un caso que sí fue juzgado. Claro que, el Tribunal de La Haya no existía cuando Franco se hizo con el poder.

La Ley de la Memoria Histórica, en este sentido, parece que no satisface a nadie o que se queda en un punto intermedio entre posicionamientos extremos como demasiado moderada. Para los más puros republicanos estrictos -sobre todo para ex combatientes, represaliados, víctimas, presos y familiares - es insuficiente esta ley porque no equipara la dictatorial represión franquista con otras tiranías, porque no le reconoce la categoría de "genocidio y crímen de lesa humanidad" y porque solo "garantiza" la retirada de símbolos públicos franquistas dando la potestad a los Ayuntamientos que así lo decidan.

Para uno de los extremos, el que está más a la derecha, esta ley es innecesaria. Dice el PP a nivel estatal que la ley abre viejas heridas y que resta atención a otros asuntos de Estado. Al menos este partido, que tanto se autoproclama de centro y dice haberse renovado desprendiéndose del sector franquista en su cúpula, tenía que haber pedido perdón -como el Papa lo hizo respecto a la Inquisición o a la pederastia- por su pasado franquista fundacional precisamente por haber mantenido desde su creación hasta hoy un sector del viejo régimen. Pero no lo hizo. Dice el refrán que quien calla otorga. El silencio del PP y sus ganas de evitar el tema, parecen sospechosas. ¿Esconden algo o se averguenzan de ese pasado franquista que no niegan pero tanpoco admiten sino que evitan tratarlo? ¿Se arrepienten o no, en privado pero nunca en público? Al parecer el sector franquista, aunque debilitado y testimonial, aun posee fuerza y dirige hilos en el seno del PP.

Sin embargo, para el PSOE de Zapatero, cada vez mas descafeinado y light, la Ley de la Memoria Histórica es suficiente, respetuosa con todas las posturas, centrada y equilibrada y sobre todo, da importancia a los enterrados en fosas comunes para ser recuperados sus cuerpos y dignificados.

Al parecer, todos ellos llevan algo de razón pero los republicanos críticos son los que más razón llevan. Lo cierto es que la figura de Franco no es indiferente. Alza minoritarias simpatías aún, pero produce mayoritario rechazo. En muchas ciudades se ha aplicado la ley y se retiraron diversos símbolos franquistas como escudos, estatuas, lápidas, placas de calles, etcétera. En Barbate, por ejemplo, que además quitó el añadido "de Franco". Lo indignante es que en Alicante el alcalde del PP -que se suponía moderado y centrista, pues se inició en UCD- exigió 25.000 firmas para retirar los símbolos franquistas y cuando las tuvo sobre su mesa y en un pleno municipal, se echó atrás y de forma tajante con actitud prepotente y chulesca dió carpetazo al asunto a golpe de mazo como un dictador.

Lo malo es que, a pesar de la globalidad de las leyes, en el tema de la Memoria Histórica, esta ley, a la hora de aplicarse, ha producido excepciones como el caso de Ceuta. Si existen excepciones únicas e individualizadas sobre esta ley y la eliminación de símbolos franquistas, son, la ciudad donde Franco nació y la ciudad donde vivió el tiempo en que fundó La Legión: El Ferrol y Ceuta.

En el gallego Ferrol -también se eliminó el añadido "de El Caudillo"- posiblemente aún exista algún símbolo franquista. Aún siendo Franco un dictador que firmó sentencias de muerte, persiguió a quienes no pensaron como él -no solo contrarios sino incluso de sus propias filas- y a quienes eran diferentes -como los homosexuales- puedo entender aunque no compartir - y me duele en el fondo- que El Ferrol mantener algo a su nombre por haber nacido allí como mero hijo de esa ciudad. Este hecho se da en muchas ciudades de España: mantener calles de personajes nativos por encima de ideologías, coexistiendo placas de franquistas y republicanos tan solo como hijos de su ciudad natal.

El caso de Ceuta es especial o peculiar, según se deduce de las palabras de la consejera Yolanda Bel. No murió en Ceuta el dictador pero vivió un tiempo como teniente y comandante -tengo entendido en la casa que hoy es el Museo del Revellín sede del IEC- fundó La Legión junto a Millán Astray en lo que hoy es su museo y casinillo. Hasta ahí, bien, correcto. Existe un antes y un después. Un pasado anterior al golpe de estado del Alzamiento. Un pasado africanista de militar destacado en las campañas contra los rifeños, digno de recordar en las páginas de la Historia de España y nada denigrante sino meritorio. Este es el Franco que debe ser recordado, el que juró la bandera tricolor republicana como alto mando del Ejército, el hermano e hijo de republicanos y aspirante a masón. Pero el de después, el otro Franco, el postafricanista, el ya golpista que acaudilló el convoy de la Victoria desde Ceuta a la península y que posteriormente se convertió en dictador y asesino; ese Franco es el dañino e indigno de ser glorificado y perpetuado simbológicamente.

Si Yolanda Bel y el Gobierno de Ceuta quieren mantener la memoria y el recuerdo del paso de aquel primerizo Franco por la ciudad, me parece bien. Pero si añadidamente van a seguir manteniendo los residuos de aquel segundo Franco, el alzado golpista y dictador; sería humillante para las victimas y sus familiares. Mantengan si lo desean los símbolos de la presencia del Franco africanista pero eliminen los restos del Caudillo Dictador y cumplan con lo que la insuficiente pero única ley -mejorable, por supuesto- de la Memoria Histórica les dicta al respecto.

A una calle en nombre del Comandante Francisco Franco habría que sumar una calle a nombre de contrarios, ceutíes o no, como el general Miaja o la ceutí espía África de las Heras; pero huelgan el Viva Cristo Rey con las huellas de los pies de Franco, las águilas en escudos y calles como el convoy de la Victoria.

Símbolos franquistas en Ceuta si, pero no los dictatoriales. Cabe separar la paja del grano.

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