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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

Paisajes después de la carrera

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
lunes, 1 de septiembre de 2008, 05:25 h (CET)
Hace una semana los bólidos de la F-1 corrían por un circuito semiurbano entre los barrios valencianos de El Grao y Nazaret para mayor gloria de Bernie Ecclestone, Alejando Agag, Francisco Camps y Rita Barberá. Tanto al President de la Comunitat como a la alcaldesa de Valencia se les pudo ver recorrer la zona “vip” del Valencia Street Circuit acompañados de Ecclestone, “capo” de este proceloso mundo del automovilismo y propietario de la empresa FORMULA ONE ADMINSITRATION que es la principal muñidora de los beneficios que producen los dichosos autitos de carreras y toda la parafernalia publicitaria y de marketing que les acompaña por doquier. Francisco Camps, el caballero de la triste figura, no mostraba su alegría de manera ostentosa, todo lo contrario que su conmilitona la alcaldesa, Rita Barberá, quien, fiel a su manera de ser y actuar, tomó las carreras de coches como un acto publicitario más de su partido y se dedicó a saludar, perenne sonrisa en rostro, a los miles de asistentes. Al fin y al cabo con el dinero de todos los valencianos habían conseguido un acto multitudinario para mayor honra y prez del Partido Popular. Ya lo había advertido Bernie Ecclestone antes de las últimas elecciones municipales, el “capo” italiano fue muy claro, el circo de la F-1 tan sólo pisaría Valencia si Francisco Camps ganaba las elecciones. Alguien podría pensar que este aviso fue un chantaje a los valencianos pero el pobre Bernie tan sólo expresaba en voz alta sus deseos de que ganase una derecha, como Camps y Barberá, más preocupada de los grandes eventos en los que poder lucir palmito que en el bienestar de sus administrados y votantes.

En las pantallas de los televisores que retransmitían el evento se mostraba una ciudad bonita, alegre, colorida, moderna y con una frontera marítima envidiable, una ciudad real y ficticia al tiempo ya que lo que vieron los millones de televidentes que presenciaban la carrera tan sólo era una parte de Valencia, la otra, la de las calles llenas de baches, las aceras plagadas de excrementos caninos, los edificios ruinosos y los barrios periféricos huérfanos de servicios sociales quedó tapada tras las lonas de la vergüenza y la iniquidad que las primeras autoridades valencianas extendieron ante el ojo de las cámaras y la vista de los visitantes. Todo no fue tan perfecto cómo se nos ha querido hacer creer, alguna máxima autoridad en este mundo del automovilismo se apresuró a insinuar que la organización había andado sobre la cuerda floja, hubo que subsanar sobre la marcha errores de colocación de los espectadores y para mayor inri Alonso no llegó ni a la tercera curva del circuito con lo que muchos espectadores abandonaron sus asientos antes de finalizar la carrera que tan sólo les producía tedio y dolor de oídos. Los únicos que se frotaban las manos eran Ecclestone que se ha asegurado el cobro de un buen montón de millones durante los próximos años y Alejandro Agag, el yerno de Aznar, que por su “buen hacer” como “conseguidor” se embolsará también una buena cantidad.

Y después de la carrera el paisaje valenciano ha vuelto a ser tan desolador como antes. La ciudad de Valencia sigue contando con tan sólo una guardería pública gestionada por la Generalitat mientras existen 72 guarderías privadas cuando Francisco Camps, en un gesto publicitario y mitinero, prometió en su programa electoral de hace cinco años que se crearían 45.000 plazas para niños entre los 0 y los 3 años de edad. Hoy, cinco años después, nueve de cada diez municipios valencianos no poseen ninguna guardería pública y este curso 25.000 escolares valencianos lo iniciaran en 1.300 barracones en lugar de en las aulas correspondientes y la enseñanza pública acogerá al 86 % de los niños procedentes de la inmigración porque nadie se atreve a meter en vereda a los colegios privados concertados que siguen haciendo todo lo posible por no tener en sus aulas ni niños inmigrantes ni niños de las clases más bajas utilizando para ello diversos subterfugios como el cobro de diversas actividades extra académicas.

Pero el País Valencià va bien, “tenemos la fórmula” publicitaba la muchachada de la gaviota hace unos días. Tienen la fórmula pero no la aplican bien, siguen jugando con los dineros públicos y si Zaplana regaló millones a Julio Iglesias, Rita Barberá lo hizo con la America´s Cup y Francisco Camps hincha la bolsa de Ecclestone. Nuestras autoridades han hecho la machada de construir en el plazo record de ocho meses un circuito urbano para la F-1 pero llevan años siendo incapaces de erradicar el barraquismo en la enseñanza, de reducir las listas de espera en la sanidad pública y de administrar con la prudencia de un buen padre de familia, como creo recordar dice el Código Civil en alguno de sus artículos, el dinero de los valencianos.

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