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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Signos encubiertos

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
lunes, 1 de septiembre de 2008, 05:25 h (CET)
Supongamos que intento la comprensión de una realidad concreta. ¿Hasta que punto la obtendré? ¿Cuál será la señal de su autenticidad? Enseguida aparecerán los matices y las tendencias, adobados con los intereses relativos al asunto del que tratamos. Pongamos el caso del EUSKERA. Los habrá acérrimos y exclusivistas, silenciadores de su relación con el Íbero del resto peninsular, les molestan las connotaciones foráneas, de por sí, evidentes. A otros, les importan poco las peculiaridades euskéricas de algunas comarcas, sus afanes buscan con preferencia una imposición global, uniforme. Se citan influencias celtas y de otros orígenes. Como también se registran los concienzudos estudios de sus características preponderantes, genuinas e indoeuropeas. No va a resultarnos nada fácil la intentona, entre silencios y empecinamientos, soplan aires impositivos y generalizadores. ¿Incógnitas? ¿Qué hay de simulación? ¿Exageraciones? ¿Tergiversaciones interesadas?

De cada cosa, de cada realidad, detectamos SIGNOS con indicaciones parciales. Percibimos aspectos y cualidades concretos, pero jamás la realidad al completo. Esta comunicación presenta en sus comienzos, una espontaneidad plena de frescura y sinceridad. Con la elaboración posterior, se introducen géneros diversos, parodias, engaños o malversaciones de los datos. Pocas veces se dispone de aquella comunicación nítida y directa. No sacaremos la conclusión de que la realidad no exista, simplemente por que no la hemos podido captar al completo. Sin embargo, además de verdaderos o falsos, nos interesan los posibles signos encubiertos, Las trampas y los subterfugios que actuarán como verdaderos termitas.

En esto del encubrimiento, no estamos ante algo novedoso. Desde lo más antiguo, los humanos se regalan tapujos y disimulos a la menor ocasión. La hipocresía es uno de sus elementos constituyentes y precoz. Partimos de aquella dificultad inicial para la comprensión de la realidad de las cosas. Después, añadamos una pizca de comodidad, con buen número de intereses; habremos entrado en el club de los fingimientos, en él dominarán las APARIENCIAS. Allí nos acomodaremos a ellas como mejor nos convenga. Unos signos sirven de tapadera, colocándose de parapeto ante otros significados, quizá más reales, pero ahora, disimulados. Si admitimos el engaño, retrocederemos a las preguntas sobre la identidad. ¿Se mantienen ocultas las esencias? ¿La única realidad verdadera son las apariencias visibles?

Lo turbio de ciertos signos proviene, en numerosas ocasiones, de la actitud personal de los intervinientes. Con frecuencia, no representan otra cosa que la TERQUEDAD, por lo ruda, poco presentable. A uno se le mete una idea en la chola, y de tanto repetirla, acaba creyendo exclusivamente en su verdad. Signos de fanatismos, patriotismos, esotéricos, dioses nuevos, o ausencia total de dioses, que tanto da; en fin, y suma y sigue, signos renovados con unos impulsos complejos. Su tozudez los convierte en irracionales. No ofrecen ningún resquicio para entablar contactos con sus características. Acaban siendo señas de identidad de una mera obsesión no fundamentada. ¿Qué actitud conviene ante su obstinación? ¿Qué encubren? No abundan las respuestas satisfactorias.

También resulta muy manida la escasa resistencia que ofrecemos al efecto de las masas. No siempre, el número de participantes en un evento, representa una suma de aportaciones; quizá entremos en comportamientos GREGARIOS, dóciles, y en realidad, poco participativos, por que se limitan al seguimiento de una doctrinas o unas directrices determinadas. Sus conclusiones podrán representar al gregarismo más conspicuo; pero, casi nunca, a las personas, ni tampoco a un grupo social que se precie. Su dignidad se arrastrará míseramente. Por lo tanto, ¿Qué valor irá detrás de estos signos? No cabe duda, ante su incremento, se diluirán otras realidades; mientras vayamos perdiendo la misma necesidad de su valoración. Se genera una comunidad amorfa.

Con estas referencias anteriores no hemos alcanzado los peores encubrimientos. Se ascienden escalones. En esto de las engañifas, las señales progresan en el fingimiento. Uno de esos eslabones, es pérfido, de gran actualidad y lamentable. Para entenderlo mejor, hemos de añadirle condimentos, una pizca de poder y aires de omnipotencia. Son creadores de las amañadas señas DOCTRINARIAS. Son signos de falsas grandezas, diseñados por las ínfulas de sus promotores. Sus maquetas irán, desde la economía a lo espiritual, desde la cara dura a las inocencias sospechosas. Son señales llamativas, con pretensiones de absolutas. Tan es así, que sorprende la facilidad con que se toleran. ¡Cuánto doctrinario! Y ¡Cuánto seguidismo! ¿Cuál será la explicación?

Uno de los vehículos susceptible de su uso como signo, polifacético y ambivalente por antonomasia, viene representado por el LENGUAJE. Su gran versatilidad conduce a la manipulación fácil; hasta el vaciamiento de su sentido, con palabras transformadas. Si encima, añadimos a todo esto los supuestos significados del metalenguaje invisible, entramos en uno de los infinitos. Nietzsche escribió: “Temo que no vamos a desembarazarnos de Dios, dado que continuamos creyendo en la gramática”; es decir, en otros entes. Pues bien, podemos parafrasearlo en diferentes campos. Nos ofrecen libertades, salud, cultura, arte, en grandiosas ofertas. Sin embargo, somos bien conscientes de las medias verdades y de las grandes mentiras, que en el mercadeo social ejercen su poderío. Los signos linguísticos son acaparadores.

La forma de vestir se erige como una de las costumbres de gran significación. De una parte, entronca de lleno en la personalidad de cada sujeto; de otra, las exageraciones se acercan a una etiqueta banal. En ambas, incluiríamos a los adornos. Se trata de unos hábitos, hablemos de uniformes o de simples tendencias. La VESTIMENTA se presta a su uso como expresión informadora o como tergiversación. Un simple uniforme, condiciona, hasta transformarlo, a un mismo sujeto. ¡Cuántos casos se disimulan por medio de un vestido! Para lo bueno y para las peores intenciones. Como es evidente, se manifiestan grados de información y de velamientos; así como variaciones aptas para todos los comentarios.

No vamos a librarnos de las avalanchas de signos; repercuten en cada ocasión sobre las maneras de acercarnos a las cosas y a las personas. De nuevo estamos ante una dinámica que no alcanzará nunca una única solución. Tampoco se trata de eso. Los puntos de vista y las orientaciones, representan una ingotable fuente de vida, una realidad por sí misma. Con esa percepción, cada uno vaya con su propio BAGAJE y sus consiguientes conexiones con el resto de la gente. No obstante, un poco de sinceridad se requerirá para que cada uno sea coherente con su autenticidad. Ahora bien, ¿Nos importa ese bagaje?, ¿Simplemente nos dejamos arrastrar por la corriente?

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