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Etiquetas:   Desde un córner   -   Sección:  

Cuando todo es posible

Antonio Pérez Gómez
Antonio Pérez Gómez
sábado, 30 de agosto de 2008, 01:53 h (CET)
Mañana. Por fin. Mañana empieza todo. A ver, los Juegos Olímpicos están muy bien y todo eso, pero mañana empieza Su Majestad La Liga. La gran maquinaria arranca. Como en todo, hay dos formas diferentes de tomarse esto del comienzo del fútbol. Muchos lo reducen a aquello de “¿Y que más te da si gana el Madrid? ¿Acaso tu vas a ser más rico?” O la típica y manida frasecita de los 22 tíos en pantalón corto detrás de un balón. Menuda mentalidad. ¡¡22 tíos en pantalón corto!! Sí, y el Guernica son 28 metros cuadrados de tela y manchas grises encima. En fin, estas personas lo consideran tan solo el azote de las marujas, el opio del pueblo. Pero atrás dejamos los oscuros años en los que demostrar una actitud anti-futbolística era señal de un “progrerío” sintomático y de una vida intelectual envidiable. Ahora las caretas han caído y, con la incorporación de la mujer a los estadios y al PPV, el fútbol se ha convertido en la religión de todos. Un movimiento que no conoce clases, edades ni géneros (perdón por el barbarismo, quería decir sexos. Es la influencia del “progrerío”, que ahora ocupa nuestra clase política).

Como habrán adivinado, yo desde luego estoy en el otro extremo de la cuerda. Para mí, mañana comienza la vida en una de sus formas. Cuando vaya a mi estadio, me impregnaré de olor a pipas, a tabaco y a cemento viejo. Escucharé por un oído la desafinada megafonía, con los impagables éxitos populares del momento, mientras que por el otro escucharé en el pinganillo como otros equipos van ganando o palmando (la venganza, dulce venganza). Me imbuiré en el ambiente general, siempre expectante y esperanzado en que hagamos un buen partido, esperando que mis jugadores favoritos sean titulares esa tarde y, por supuesto, de que los 3 puntos queden en casa.

Desde que tengo uso de razón, la liga marca la cadencia de mi existencia. Mido mi existencia de acuerdo con la liga. La inexorabilidad con que los fines de semana se producen los choques ligueros, son garantía de que este mundo tira para delante. A excepción de aquellas ocasiones en que juega nuestra ahora querida selección, cuando no hay fútbol liguero es porque el país está de vacaciones. No hay más. No concibo un año de mi vida sin la liga correspondiente. ¿Se imaginan?

Las jornadas ligueras marcan el paso del tiempo, son el escenario en donde las pasiones humanas se muestran sin rubor, en la grada y en el campo. Es una experiencia catártica. Las alegrías y miserias de los choques ligueros no son más que un muestrario de la vida misma. También acontecen reveses, claro, situaciones desagradables e injustos penaltys en contra en el último minuto. Pero nada es culpa tuya, sino del árbitro.

Mañana comienza otra liga más. La 2008-09. Y a mi, que quieren que les diga, me encantan los comienzos ligueros porque es cuando todo es posible. El Madrid, tras su brillante consecución de la Supercopa (ese torneo al que se le desprecia cruelmente cuando quien la gana es un equipo rival) aspira a la triple corona. Sí, ya saben ese anglicismo que significa que se ha conquistado La Champions, La Copa y La liga. El Barça desea retomar la senda de los triunfos, tras 3 años en blanco con plantillas de arte. Villareal, Valencia, Sevilla y Atlético, desean ser la alternativa real de poder. Y el resto se debate entre ser la revelación, hacer una temporada ilusionante o, sencillamente, no pasar apuros.

Bien, pues todo ello está permitido. Todos los sueños valen. Todo es posible. ¿Por qué no se va a meter un Betis en zona UEFA? ¿Por qué no va a recuperar su glorioso pasado el Athletic en la Copa de este año? ¿Podrá el Depor volver a ser Súper, ahora que ha recuperado a Valerón? ¿Quién ha dicho que el Almería no repita o incluso mejore su bonito juego y clasificación del año pasado? Muchas de estas esperanzas se habrán volatilizado en Enero, pero por ahora, es lícito soñar.

Señoras y señores. Se abre el telón, sueñen, vivan, póngase en pie y reciban como se merece al Rey fútbol.

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