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Etiquetas:   Algo más que palabras   -   Sección:   Opinión

Menos armas y más alma

Víctor Corcoba
Víctor Corcoba
sábado, 30 de agosto de 2008, 01:52 h (CET)
Mientras el universo sideral flota en el aire libre, el mundo de los humanos se embarranca en un cuadrilátero de absurdos y se encarcela en doctrinas que le preparan para el campo de batalla, que no es el de la paz. Lo gozoso que es, –como dijo el poeta-, vivir sintiéndose vivido. La guerra en Georgia, como todas las guerras, suelen gestarse en doctrinas armadas de venganza o en políticas sin alma. Basta contemplar todas las angustias de la tierra y toda la opresión que se injerta a diario por los caminos del mundo. La dominación, la dictadura, el avasallamiento, el caudillaje, el abuso de autoridad, la tiranía se adueña de los ojos cerrados y, en ocasiones, también de los abiertos, porque se le niega la luz que orienta a la búsqueda de lo bueno y de lo justo. Aún así, a pesar de ver tantos corazones perforados por el plomo del odio, la existencia suele ser generosa y la estética del orden cuando todo parece hundirse, de pronto ves que brota una nueva vida dispuesta a revivirse de las cenizas. Está visto que el dolor es algo inevitable, pero el sufrimiento es opcional y no hay mal que cien años dure. Es cuestión de plantarle cara a este enfermizo caos, que todo lo trastoca, hasta invertir las buenas éticas que cohabitan en toda vida.

Cuántas veces una enfermedad, vivida en propia carne, nos ha llevado a descubrir el sentido de la vida y vemos las cosas de otra manera, cuando menos desde otra perspectiva más humana. También la enfermedad del mundo, de la que todos somos en mayor o menor medida cómplices, nos exige tomar esa conciencia y asombrarnos de lo pequeños que somos y de lo grande que es el universo. Hoy Rusia prueba un cohete balístico capaz de superar la defensa antimisiles americana. Mañana los americanos probarán una bomba capaz de atrincherar la defensa de los rusos. Las naciones se preparan para la guerra en vez de prepararse para la paz, poniendo en serio peligro la esperanza del futuro de la humanidad. ¿Cómo responder a estos amenazadores desafíos? Ciertamente, hace falta una acción común de no rendirse a la gran incertidumbre de los tiempos, es preciso una reflexión que nos acerque a una vida bien vivida, en continuo deseo de hacer humanidad. De lo contrario, las guerras se avivarán mientras los intereses humanos sigan siendo más importantes que el capital estético de los árboles del alma de las personas. Volviendo al cosmos, del que somos un latido más, nos queda la esperanza de que exista al menos un pulso, el de nosotros mismos, dispuestos a ser verso de vida y no de muerte. La paz siempre es posible. La vida es demasiado corta para tirotearla o para dejarse adormecer con las víboras.

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