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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Exigencias islamistas

Ángeles Calderón (Gerona)
Redacción
sábado, 30 de agosto de 2008, 05:01 h (CET)
Parece ser que el presidente de la organización radical islámica Unión de Comunidades Islámicas de España, Riay Tatary, exige un funeral pluriconfesional por las víctimas del accidente de Barajas, porque le consta de que al menos dos víctimas de esa tragedia son musulmanes.

Debería saber este señor que España es un país de tradición cristiana y que por dos personas de religión musulmana, no van a quedarse 152 sin poder seguir su tradición: un funeral cristiano. Si quiere un funeral islamista, nadie le priva que ore por ellos en una mezquita, como el resto de familiares de las víctimas lo harán en el funeral de Estado de la catedral de La Almudena, y como lo están haciendo en las iglesias de todos los rincones de España; ya estamos hartos de las exigencias de las minorías a la que nuestros complacientes políticos son incapaces de negarles nada, teniendo constancia de que en los países isláminos no existe reciprocidad.

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Banalización

Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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