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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

La política y la Ley de Dios

Miguel Rivilla (Madrid)
Redacción
jueves, 28 de agosto de 2008, 02:36 h (CET)
La historia personal y colectiva de cada uno y de todos los españoles está todavía abierta, e inconclusa. El juicio último y definitivo no se ha pronunciado aún. Para los que tenemos fe, sólo el juicio supremo e inapelable de Jesucristo, será el que ponga a cada uno en su sitio para siempre El juicio humano casi siempre es equivocado, parcial, falso, injusto, interesado, malicioso y siempre temporal y reversible.

Valga lo anterior para reafirmar que nadie en absoluto se arrogue el poder de juzgar y menos condenar a nadie, según la norma evangélica:”No juzguéis a nadie”.

Es por ello, que me atrevo a afirmar que pocas figuras de nuestro pasado histórico, han sido tan vil e injustamente vilipendiadas, ultrajadas, manipuladas y condenadas como la de Francisco Franco.

A causa de sus enemigos, que fueron muchos y poderosos, ha pasado a la Historia sectaria de la izquierda española, como un monstruo de crueldad inusitada y un dictador frío y ambicioso, que no se merece una palabra de misericordia y de perdón.

No es el caso de suscitar polémicas interminables. Su figura – palabras y hechos - serán por demás siempre controvertidas, mientras viva un solo descendiente de la guerra civil española,.que nos dividió en dos bandos,casi irreconciliables por el odio y revanchismo. Concluyo con un extracto del Mensaje navideño de 1962 de Franco, para que cada uno lo valore:”Varias veces he proclamado que en las líneas maestras de nuestra política no sólo nos interesan los bienes materiales, sino el orden moral que los presida.

El pretender apartar la política de la Ley de Dios, como en muchos países se ha querido, es dejar penetrar en ella todos los materialismos e inmoralidades, ya que no hay regla moral que pueda sustituirla. La mayor parte de los males de la sociedad se deben al laicismo”. Sin comentarios.

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