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Cataluña no es nacionalista

Wifredo Espina
Wifredo Espina
@wifredoespina
miércoles, 27 de agosto de 2008, 07:05 h (CET)
Cataluña no es nacionalista. Puede llegar a serlo, però ahora no lo es. Lo dicen las encuestas. Lo demuestran los resultados electorales. Se respira en el ambiente de la calle, donde la mitad de la población no es de origen catalán.

Que llegué a serlo algún día (nacionalista y separatista), es una posibilidad, aunque remota. Muchos se empeñan, conscientemente, desde dentro para que llegué este día. Y también muchos, inconscientemente, se esfuerzan para ello desde fuera. Aquellos –con proselitismo y radicalizando las cosas- a plena voluntad, hábilmente y convencidos de la bondad de su objetivo. Los de fuera –queriendo evitarlo y magnificando lo anecdótico-, generalmente por desconocimiento, torpeza o falta de inteligencia. Entre unos y otros, ese día podría llegar, claro.

Los actores de tanto empeño y esfuerzo están, principalmente, en la política profesional y en los medios de comunicación. Menos, en la llamada sociedad civil, en la ciudadanía normal. Los verdaderos actores son los activistas fundamentalistas de uno y otro lado. La sociedad, naturalmente, se siente influenciada, se resiente de ello. Y entonces, si nadie pone los puntos sobre les ies, el ambiente creado por aquellos actores minoritarios, se expande y parece generalizado. Las minorías aparecen como mayorías.

La radicalización de algunos políticos y medios de comunicación, de Cataluña y de fuera, con intenciones contrarias y métodos parecidos, engendran y alimentan el victimismo, que es el gran caldo de cultivo de los nacionalismos, tanto del catalán (o vasco) como del español. Sentirse ignorado, incomprendido, discriminado, ofendido, perjudicado o agredido, está en la base del distanciamiento, del desafecto, de la enemistad y del enfrentamiento. Y esto se ha dado (históricamente) y se da ahora tanto en Cataluña respecto de España, como en el resto de España respecto de Cataluña, fundamentalmente por obra y gracia de aquellos actores políticos y mediáticos.

Pero la sociedad es moderada y convivencial, en todas partes. Es una minoría la que pugna por manipularla a su favor; a favor de sus intereses partidistas: políticos o económicos. El presidente del Consejo Asesor de Convergència Democrática de Catalunya (CDC) y ex conceller del gobierno de Jordi Pujol, Josep Maria Cullell, afirma que ni siquiera la mayoría de catalanistas son nacionalistas, por lo cual, si CiU quiere volver a gobernar, la casa común o grande del catalanismo, con que sueña Artur Mas, “no puede ser independentista”, ya que CiU gobernó porque ocupaba claramente una posición moderada y centrista. “Convergència ha de tener un programa que conecte con la gran mayoría de la sociedad, que no es nacionalista, ha de huir del esencialismo”.

Nada nuevo, pero no es frecuente que cargos destacados y con una histórica política de peso en Cataluña, se pronuncien con esta claridad sobre los límites del nacionalismo catalán. Este realismo puede ayudar mucho a desinflar fantasmas que se aparecen a los apóstoles del nacionalismo español. La sociedad, por suerte, está por encima de los ismos políticos y mediáticos.

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Wifredo Espina. Comentarista político y ex director del Centre d’Investigació de la Comunicació.

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