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Etiquetas:   Cesta de Dulcinea   -   Sección:   Opinión

Vuelo JK-5022

Nieves Fernández
Nieves Fernández
domingo, 24 de agosto de 2008, 15:20 h (CET)
Como una clave maldita destinada al olvido aparece esta fórmula alfanumérica. Pero todos saben que no es suficiente con cambiar la clave del fatídico vuelo de Canarias al mediodía, se hace por respeto a las víctimas y a sus familiares, y para que no se repitan cada día en las pantallas electrónicas del aeropuerto, o en la conciencia, las letras y los números de una mala combinatoria desgraciada de un avión y sus ocupantes, porque no es bueno repasar los malos recuerdos a los que nos puede llevar un número como ése. Por eso, ha pasado a llamarse JK-5024, como si al aumentarlo en dos se redujera o cambiara la negra realidad de las familias afectadas.

Hoy, al igual que ayer, pediremos un minuto de silencio por las víctimas, algunas de nuestra ciudad de origen, del lugar de nuestro trabajo, son tantas que por muchos minutos que pidamos no parece que vayamos a solucionar nada, porque nada o casi nada podemos hacer ante tanta desgracia y así, acudimos a concentraciones de silencio donde silenciamos nuestros miedos y temores, alegrándonos de no haber estado en ese vuelo con nombre de conjunto de números y letras de las que no queremos acordarnos.

Los comentarios que nos hacen sonreír de manera amarga son los de aquellos pasajeros que expresan su alegría porque no llegaron a tomar el avión siniestrado por motivos diversos: por cambio de vuelo, por pérdida del avión, por overbooking o por retrasos. Han estado a punto de ser protagonistas de una desgracia, pero milagrosamente se han salvado. Los estudiosos del destino dirán que ha sido telepatía y misterio. En el extremo opuesto están los que se quedan sin una gran alegría, como cuando toca la lotería y hemos estado a punto de haber comprado. Este ejemplo lejos de ser comparativo, sí constituye un extremo de lo cerca o lejos que podemos estar de ser protagonistas de una buena o una mala noticia. Y siempre seguimos especulando, no escarmentamos.

Los hechos son que en cada movimiento o acción como ser humano estás a punto de decidir algo, o de subirte o bajarte de alguna parte, decisión o acción que acabará de decidir nuestro destino. Aprendemos a decidir decidiendo y cada una de nuestras decisiones nos va a afectar casualmente para bien o para mal a lo largo de nuestra vida.

Los 153 fallecidos tenían 153 historias, jóvenes historias en su mayoría que se hubieran prolongado en el tiempo para llegar a vivir al menos lo que se estipula como esperanza de vida que nunca nos aseguran. Se da el caso de familias enteras fallecidas, algo fatalmente lógico porque ahora y dadas las fechas vacacionales en las que estamos, las familias viajan juntas, hay reducciones de precio por edades como reclamo familiar a volar y a ocupar hoteles. Hasta aquí todo es lógico, lo que no es tan lógico y tendrán que explicarlo es cómo un avión se estrella con un resultado de catástrofe a 50 metros del suelo. Nos aseguran que los bajos costes de las aeronaves no reducen la seguridad, pero lo cierto es que los aviones son cada vez más estrechos, están cada vez más sucios y destartalados, no atienden al pasajero como antaño donde nos recibían con caramelos y sonrisas; ahora no es extraño que se mueva el esqueleto mucho antes de anunciarte las temidas turbulencias que nos hacen pensar a más de uno si no caerá el aparato en pleno vuelo.

Me dicen que fue el mismo avión en el que volé hace días, no puedo corroborarlo, si es así sería una de esas casualidades como las de antes que no llegan a ninguna parte, sólo a una sonrisa amarga, pero eso no importa, lo que importa es que pongamos por caso, la almagreña Mª Victoria, a quien conocí de niña por vecindad, ya no está con nosotros, fue todo un ejemplo de generosidad en vida y ahora acaba de morir junto a su marido e hijas. Que se depuren responsabilidades, que se investigue, que se indemnice aunque no les sirva a sus familiares para mucho, pero siquiera sea para que no se repita el accidente, o lo que sea, y para que un número como ése no sepulte la memoria de los fallecidos.

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