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Etiquetas:   Políticamente incorrecta   -   Sección:   Opinión

Grandeza y mezquindad tras la tragedia

Almudena Negro
Almudena Negro
@almudenanegro
sábado, 23 de agosto de 2008, 14:23 h (CET)
Una enorme columna de humo, anuncio de que algo terrible acababa de acontecer, se alzaba sobre numerosos puntos de la capital segundos después de las 14:45 horas, momento de la tragedia. Del vuelo JKK-5022, con código compartido con Lufthansa, lo cual sumió a los alemanes en tremenda preocupación reflejada en los medios de comunicación en sus ediciones digitales, apenas quedaba nada reconocible. Tras la arboleda, triste testigo de los últimos segundos de vida de más de un centenar de viajeros, familias completas que esperaban disfrutar sus vacaciones estivales desaparecidas para siempre, sólo el silencio acompaña al drama. Silencio roto por el sonido de las sirenas de los servicios de rescate y sanitarios.

Madrid, una vez más y ya son demasiadas, sumida en la tragedia y dando la talla al nivel que sólo pueden darla las grandes ciudades. Médicos, enfermeras, psicólogos, camilleros, bomberos, Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, Protección Civil, curas, personal del IFEMA… como aquél maldito 11 de marzo, todos volvían a estar allí, al pie del cañón. En sus mentes un solo objetivo: salvar el mayor número posible de vidas humanas y dar consuelo y apoyo a los familiares de aquellos que ya no volverán. Hospitales de campaña desplegados a toda velocidad, 230 sanitarios desplazados al lugar del suceso, hospitales públicos preparados, decenas de ciudadanos anónimos que se presentaron en el Centro Nacional de Transfusiones para donar sangre, el estado de emergencia declarado en el aeropuerto más importante de España… lamentablemente sólo un par de decenas de heridos, entre ellos tres niños que preguntaban por sus padres, llegaron a ser ingresados. Por el resto del pasaje poco o nada se pudo hacer. Grande Madrid crecido en la tragedia.

Los medios de comunicación, grandes y pequeños, cambiaban, según iban llegando con cuentagotas nuevos datos sus portadas. Telemadrid ofrecía, como es obligación de todo servicio público, un especial informativo que se alargaría hasta pasada la medianoche. También la blogosfera española reaccionaba de forma rápida, dando cumplida cuenta de cuanta información eran capaces de recabar con los pocos medios de que disponen.

El pabellón 6 de IFEMA volvía, como el 11 de marzo de 2004, a convertirse en un improvisado y gigantesco tanatorio en el que trabajan a estas horas más de veinte médicos forenses en la identificación de los cuerpos de las víctimas. En salas cercanas, familiares –muchos quejándose por la falta de información y denunciando que “el avión estaba roto”-, psicólogos y miembros de los consulados de Alemania y Gran Bretaña, todos ellos a la espera de confirmar la terrible noticia que jamás hubieran esperado recibir.

Y en contraste con el altruismo y la generosidad de muchos, las especulaciones sin fundamento, los “opinadores” profesionales metidos a expertos en aeronáutica, el anuncio de una comisión de investigación y los políticos. Como los del COI, ese organismo gracias al cual se están celebrando, a mayor gloria del régimen, unas Olimpiadas en la dictatorial China, que no autoriza a nuestros deportistas a guardar silencio antes de competir y se niega a izar a media asta la bandera olímpica. Grandeza y mezquindad que acompañan a toda tragedia.

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