Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Sueldos Públicos Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   Al aire libre   -   Sección:   Opinión

China a un tiro de piedra

Pascual Falces
Pascual Falces
sábado, 23 de agosto de 2008, 14:23 h (CET)
Pareciera como si el tren de Alta velocidad hubiera llegado este verano a China. De repente, sin tener conciencia de un largo viaje, como el legendario de Marco Polo, la gente se ha encontrado ante una inmensa ventana sobre tan lejano como milenario país. La magia, cosa muy propia de los chinos, ha sido propiciada por la Olimpiada de Beijing como bien se sabe. La República Popular China utiliza exclusivamente esta denominación para la anteriormente conocida Pekín.

Cada televisor sigue mostrando, día tras día, imágenes de China que no coinciden con los arquetipos que se tenían de la misma desde esta vieja “piel de toro”. A partir de la deslumbrante ceremonia de inauguración de los juegos, en que ya se hizo presente el buen gusto, la elegancia, y la coordinación, entre deporte y deporte hemos podido asomarnos a parajes que, para nada, se esperaban encontrar allí. Internet también ha contribuido a este meteórico viaje ofreciendo algunos “pps”, como el del Aeropuerto internacional, que deslumbran. China siempre fue un gran país superpoblado, y lo sigue siendo. Los medios nos han puesto “al día” de su realidad de modo diáfano.

La China de la “ruta de la seda”, por la que llegó a Europa el laborioso gusanito que se alimenta de hojas de morera, perdida en la noche de los tiempos, solo se entreveía a través de una nebulosa repleta de tópicos. La China multisecular de la dinastía Ming, de los dragones, de la “guerra del opio”, de la rebelión de los “boxers” (55 días en Pekín), o de “El último emperador”, fue arrasada por la Revolución de Mao Tse-Tung, y la realidad que impuso fue la última imagen que se conservaba del país. Algunos que disponían de particular información, “sabían” de los cambios que iba experimentando su archimillonaria población.

De repente, un cómodo AVE virtual nos ha colocado dentro de la rabiosa actualidad china. ¿Qué será, que hasta los rasgos orientales que se presumen entre los chinos parecen menos acentuados al verlos con sus uniformes olímpicos o de ceremonia?

El vestuario diseñado para las “chinitas” es un prodigio de modernidad, cultura y elegancia. Aquellas mujeres chinas de diminutos pies, pasito corto, y kimono, han dejado paso a las que aún “occidentalizadas”, no han perdido la distinción que da la herencia cultural de siglos. La horrible uniformidad proletaria en el vestir que introdujo la Revolución, entre ellos y ellas, ha sido desterrada, y si aún persiste, no se ha mostrado. Esta es la salvedad dentro de la admiración provocada; los múltiples asuntos “internos” sobre los que esta China, maravillosa y olímpica, siente necesidad de encubrir. Ya se sabe que las luces y sombras son perfiles que acompañan la acción del hombre en libertad, y ésta parece que se ha comenzado a respirar. No merece la pena enumerarlos, por desconocidos en su mayoría, y cabe seguir disfrutando de sus luces.

El pueblo chino, el de la obsoleta Revolución y del discurso maoísta, ha demostrado al mundo, que, al dejar la guerra fría y las consignas políticas del “libro rojo de Mao”, la pobreza ha cedido, y una nueva cara se ha instalado entre los 1500 millones de seres que pueblan su continental extensión. La televisión nos muestra calles luminosas, modernas carreteras y monumentos bien conservados, junto a la pujanza industrial y la alegría de los rostros que compiten entre quienes se sienten depositarios de una cultura refinada y ancestral.

Los extendidos “Todo a cien”, son tenues y asequibles destellos del desarrollo chino actual, y, como los restaurantes, son anticipo de la colonización que, por rebosamiento, puede inundar el mundo. Causa asombro descubrir lo que “hay” en China, la gran desconocida para el mundo occidental que estas olimpiadas están dejando entrever.

Noticias relacionadas

Durán i Lleida transversal

Se nos jodió Cataluña

Habla, pueblo, habla

UCD adquirió “Habla, pueblo, habla” para su campaña de 1977

Cataluña a la deriva (II)

La enajenación colectiva

Propia imagen

El derecho al honor y a la propia imagen es un derecho protegido por la Constitución

Salvar Cataluña ¿Voto útil para Ciudadanos?

Errores de apreciación del PP pueden acabar con un retorno a la situación previa a la aplicación del Artº 155
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris