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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Los muertos y su destino definitivo

Miguel Rivilla (Madrid)
Redacción
lunes, 25 de agosto de 2008, 14:11 h (CET)
Entre las múltiples preguntas que con ocasión de la tragedia aérea de Barajas-153 muertos y 19 heridos-se han formulado, hay una que no aparece en los medios y que es la más relevante:¿Dónde están, ahora, los muertos, cuyos cuerpos carbonizados y desfigurados yacen, en las dependencias del Ifema de Madrid?

La Iglesia católica tiene, desde su fe en la Palabra de Dios - Biblia- y la revelación de Jesucristo, el Hijo de Dios, la respuesta esperanzadora y verdadera a este importante interrogante:”Los muertos están en las manos de Dios y viven para siempre”.

Sabido es que la muerte acaece en el momento de la separación definitiva del alma del cuerpo. Topamos aquí con el misterio, lo desconocido. Atisbamos la luz que nos viene de la revelación divina. El alma por ser espíritu no puede morir, tiene existencia propia, pasando de la dimensión terrenal a la nueva del más allá, donde ya no hay espacio, lugar ni tiempo, es decir, se entra en la eternidad.

Si el alma ha sido hallada santa y limpia de todo pecado, entrará a gozar de la misma vida de Dios. De otro modo, podrá purificarse de las reliquias del pecado, para luego unirse a Dios, en espera de la resurrección final de los muertos tal como desde hace siglos proclamamos en el credo.

Cada alma se unirá a su cuerpo glorioso y transformado por el poder de Dios, para una resurrección de vida o una resurrección de condena. Actualmente, sólo dos personas humanas están ya en esta situación definitiva en el cielo: Jesucristo y María.

Los que tenemos fe podemos proclamar con toda razón que la muerte no es el final de todo, sino el inicio de la verdadera vida.

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