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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Indiferencia ante provocación y terrorismo

Miguel Massanet
Miguel Massanet
viernes, 22 de agosto de 2008, 00:08 h (CET)
En España, aunque parezca que algunos no se dan cuenta de lo que está sucediendo, continuamos en un estado permanente de agitación por parte de los eternos enemigos de la unidad de la nación y perennes defensores de las ideas más radicales del extremismo separatista. Si en Málaga estallan dos bombas, de las tres instaladas por los terroristas de ETA; los radicales independentistas catalanes no han dudado en mancillar las fiestas de la barriada de Gracia, en Barcelona, interfiriendo en ellas para darle el toque político a una simple expresión festiva de un popular barrio que celebraba sus festejos tradicionales. Como siempre, no han dudado en hacer gala de sus modos groseros y sus eslóganes antidemocráticos, para insistir machaconamente en su repudio a España, sus proclamas contra la bandera y sus bramidos a favor de la independencia de los Países Catalanes. Unos pocos descerebrados, acaso un centenar, pero han actuado con plena impunidad ante la pasividad de las fuerzas del orden y la indiferencia del resto de la ciudadanía. Y esto, que parece ser consigna común en todas las comunidades de España, esta falta de respuesta por parte de las fuerzas del orden a la proliferación de provocaciones por parte de terroristas y elementos separatistas, no se les puede atribuir a las policías ni a los mosos de Escuadra; esta falta de reacción procede de las respectivas autoridades comunitarias que no quieren atajar estas demostraciones por entender que favorecen y apoyan sus propias políticas de índole secesionista.

Tanto Catalunya como el País Vasco hace tiempo que han dejado de estar controladas por el Gobierno de la nación. En ambas comunidades se están cometiendo, con la mayor impunidad, hechos que constituyen infracciones continuadas contra la legalidad. No pasa día sin que se produzcan acciones en contra de la bandera o infringiendo sentencias de los tribunales en cuanto a la aplicación de la enseñanza del castellano e, incluso, promoviendo leyes locales que permiten saltarse las normas constitucionales, para evitar aplicar las leyes del Estado sobre la obligación de que se enseñe el idioma español en todo el territorio nacional. Es evidente que esta falta de represión, esta actitud colaboracionista de las autoridades locales con los radicales y la complicidad, cuando no provocación, tanto del Tripartit como del PNV son claros envites al Gobierno central, para obligarle a aceptar sus planteamientos bajo la amenaza de dejarlo aislado en el Parlamento de la nación. Y ¿cómo reacciona el PSOE ante esta situación? Haciéndose el desentendido; jugando con dos barajas o, lo que viene a ser lo mismo: por un lado, de cara a la galería, habla por boca de Solbes afirmando la imposibilidad de un trato bilateral con Catalunya y por otro, el señor ZP, continúa diciendo que lo de Catalunya acabará satisfaciendo a los catalanes. ¿Cómo se puede entender esto? Sólo es posible hacerlo desde una visión global del problema español.

El Estado está al borde de la quiebra. Las recaudaciones por IVA e IRPF se anuncian catastróficas; las cargas sociales, empujadas por el desbordamiento del desempleo; han tenido que ser reforzadas con miles de millones. La confianza en España ha caído radicalmente en el extranjero y, ello, comporta la dificultad de conseguir créditos y los pocos que se consiguen a un coste prohibitivo. La inflación continúa siendo muy elevada (la interanual es de un 5’3%) lo que produce la denominada “estanflación” y los otros compromisos perentorios del Gobierno para intentar paliar la crisis le exigen un endeudamiento adicional (se habla de 20.000 millones de euros). Con este panorama es difícil que el señor Zapatero pueda dedicar las cantidades que se le exigen desde la Generalitat para saciar las fauces de aquellos que esgrimen el Estatut para, olvidándose del resto de España, recaudar lo que les tienen prometido.

Pero siguen obstinados en no rectificar. Desdeñan las ofertas que se les hacen desde la oposición, sin tener en cuenta que una alianza temporal con el PP permitiría ponerles un bozal a los nacionalistas, tanto vascos como catalanes, y emprender una política de saneamiento de instituciones y de rearme económico que, sin duda,redundaría en bien de España y del pueblo español. Claro que parte del juego del PSOE está en llegar a un punto en que las situaciones nacionalistas vayan proliferando (vean lo ocurrido en Galicia y Baleares) para que llegue a producirse un clima tendente a que, cada autonomía, vaya por libre y busque lo mejor para ella. Es posible que acaben por pensar que lo que más les puede favorecer es un tipo de gobierno federal, con un estado Central carente de competencias, convertido en un mero representante de una asamblea de 17 naciones que serían las que impondrían su voluntad mayoritaria (siempre que lograran ponerse de acuerdo y que todas aceptaran tener un determinado peso específico en cuanto al valor de su voto)

Por otra parte, no se ven reacciones que nos pudieran hacer pensar que se mueven determinadas instituciones o que se den señales de aviso por parte de ciertos órganos judiciales ( TC, TS) o se note algún nerviosismo o malestar en quienes tiene constitucionalmente el deber de velar por la unidad de España. El PP antes tan belicoso, tan en su papel de defensor de la Constitución y de los derechos y libertades de los españoles, parece más ocupado en hacerse simpático y lograr ser aceptado por los nacionalismos, con los que se muestra obsequioso y complaciente; que en mantener en alto sus antiguos valores y principios. ¿Qué nos queda pues a los que clamamos en este desierto en que se ha convertido la defensa de la patria y de la moral y ética cristianas? Pues, poco, la verdad. No obstante, estoy convencido de que en España todavía quedamos muchos que no estamos dispuestos a rendirnos ante aquellos que han hecho, de sus rencores de antaño, un medio para intentar destruir lo que, con Franco, no consiguieron. Seguiremos en la brecha, denunciando cada desafuero y condenando la deriva a la que la izquierda está conduciendo a nuestra nación, hasta que el pueblo reaccione y la razón se imponga de nuevo.

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