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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Sacrilegio público

Miguel Rivilla (Madrid)
Redacción
jueves, 21 de agosto de 2008, 15:30 h (CET)
Lo he reflexionado seriamente, antes de dar la noticia. Sucedió en la parroquia de Sta María La Blanca de Alcorcón, en la misa vespertina del sábado, que servidor celebraba. La iglesia estaba medianamente llena de fieles y varias personas, fueron testigos de lo que a continuación doy a conocer.

Era el momento de la comunión. Los comulgantes en tres filas, accedían ordenadamente ante el sacerdote, cantando, mientras recibían la comunión. Unos lo hacían de pie, en la mano; otros en la boca y alguno que otro, arrodillado. Todo con normalidad.

Al estar terminando la distribución, se acercó a la fila un joven con visibles muestras de nerviosismo. Hacía repetidos signos de signarse o santiguarse, que llamaban mucho la atención, pues eran garabatos. Al extender su mano para recibir la comunión, le indiqué que abriera su boca. Apenas sintió la forma en ella, con un rapidísimo gesto, llevó su mano a la boca, escupió la sagrada especie en la otra y guardándola en el bolsillo, ante el asombro de la gente, salió corriendo de la iglesia, que tenía las puertas abiertas a causa del calor reinante. Tan rápido fue todo que fue imposible toda reacción.

Me he decidido a dar conocimiento de este suceso, por si su divulgación puede servir para poner en guardia tanto a sacerdotes como a fieles, con el fin de que no se repitan tales o similares sacrilegios. A la autoridad religiosa corresponderá dar las normas oportunas para evitar, en lo posible, tales profanaciones en estos tiempos de recesión religiosa.

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