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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

De Zapatero ya pocos se fían

Miguel Massanet
Miguel Massanet
martes, 19 de agosto de 2008, 12:11 h (CET)
“No hay peor sordo que el que no quiere oír”, este refrán que, como todos los emanados de la sabiduría del pueblo llano, encierra una verdad como un templo, se le podría aplicar con toda propiedad a nuestro Presidente del gobierno. Sigue en su línea, que él cree que le está proporcionando buenos réditos políticos, y parece que está dispuesto en conseguir licenciarse, con cum laude, en la asignatura de embaucador de ciudadanos en cuyo empeño está demostrando ser un alumno verdaderamente aventajado. Ha decidido hacer oídos sordos a lo que se le recomendó desde el Banco de España y también hacer caso omiso de las advertencias de Trichet sobre los riesgos inflacionistas a corto y medio plazo, la necesidad de reformas laborales y la inconveniencia de la aplicación de las cláusulas de revisión salarial. Es obvio que, cuando los españoles tenemos que escuchar de los labios de ZP, por enésima vez, la gran trola de que España es la nación mejor preparada para aguantar la crisis, uno no sabe si es que ha perdido la chaveta o es que todavía está convencido de que lo que dice es verdad. No se sabe cuál de ambas alternativas es la peor para el pueblo español, pero lo que sí es cierto es que dan escalofríos a cualquier persona, que tenga la cabeza convenientemente situada sobre los hombros, pensar que una nación como la nuestra está en manos de un lunático semejante.

Lo que ocurre es que sus trucos de vendedor de feria ya empezamos a conocerlos y, por mucho que se esfuerce ya nos resbalan sobre nuestras epidermis, vacunadas contra tanta palabrería vana y tanta insensatez demostrada. Nos dice que estamos mejor que nuestras naciones vecinas, lo que de por sí no tiene por qué aliviarnos debido a que, a la vista de nuestra situación económica, poco consuelo nos va a dar que haya otros que estén peor. No obstante, es que tampoco dice la verdad, porque se olvida explicar que se parte de distintos niveles respecto a la situación económica de cada país, para hacer la comparación. Para que nos entendamos, si Alemania estaba en un nivel 10 y su crecimiento económico, en el último trimestre, ha descendido un 0’5% o si Francia estaba a un nivel 8 y su crecimiento ha sido de un menos 0’3%, no significan un empeoramiento de su situación económica con respecto a España, si esta estaba en un 6 y ha crecido sólo un 0’1%. Parece evidente que, teniendo en cuenta que en España tenemos un paro 2 puntos por encima de la media europea y somos los más afectados de toda Europa en la crisis de la construcción, debido al derrumbe de nuestra burbuja inmobiliaria; a nadie se le puede ocultar que nuestra situación es mucho más crítica que la de las otras naciones aludidas. Añadamos que nuestro IPC supera en un 30% el de la media de la UE y que este hecho nos coloca en una situación de desventaja ya que, al depender del BCE el aumento de los tipos de interés de la zona Euro (cosa que podría favorecernos) y la situación del resto de países europeos no requiere que se apliquen medidas en este sentido, como ha dicho el señor Fichet; es evidente que carecemos de flexibilidad alguna para aplicar esta medida tan útil de política económica.

Tampoco podemos devaluar la moneda, sistema al que se había recurrido por el mismo Solbes en la crisis que se produjo durante el mandato de Felipe González, por cierto que en varias ocasiones. Así es que, al señor ZP, no le ha quedado más remedio que reconocer que tienen poco margen de actuación para tomar medidas verdaderamente eficaces en macroeconomía. Claro que esto no lo aclara, lo deja colgado en el aire, confiando que pocos se van a apercibir de esta “sutileza”. Queda la política fiscal y ahí es donde le duele a nuestro presidente, porque sabe que es la única medida de frenar la recesión ( él insiste en llamarlo frenazo o que “estamos estancados”; yo creo que ha confundido “estanflación” con “estancación” y por eso lo ha dicho). No obstante, es una solución que se la viene proponiendo desde hace tiempo la derecha y, por tanto, es tabú para los socialistas que antes se dejarían cortar un brazo que aceptar algún consejo de su enemigo ancestral.

Por ello se ha empeñado en continuar con su política de despilfarro y en afirmar que seguirá sin modificar ninguna de sus “medidas sociales”, para que no se diga que no cumplió lo prometido. En todo caso, los catalanes ya saben que sí incumple sus acuerdos, al menos respeto a sus promesas sobre el famoso “Estatut”. Conste que creo que la rectificación del Gobierno a este respecto, es de las pocas cosas que está haciendo bien y, es bueno que Zapatero se haya dado cuenta, aunque tarde y forzado por la recesión económica, de que no pueden hacer distinciones entre las 17 autonomías a la hora de hablar de financiación. Lo curioso es que, el señor Montilla, al darse cuenta de que ha pinchado en hueso le ha dejado el “marrón” al señor Saura, para que tuviera que arriar la bandera de la rebelión contra Madrid y firmar la “paz” con el gobierno Central al que, “magnánimamente” le ha concedido tres meses más para lo de la negociación. A la fuerza ahorcan y, por fin, los del Tripartit se han podido dar cuenta de que no pintan nada y que sus bravatas no son más que fuegos artificiales que causan mucho ruido pero que, a la hora de ver los resultados, sólo se quedan en unas pocas cenizas.

Como en las otras dos veces que, en estos últimos meses ( Abril y Julio), ahora, en agosto, se ha vuelto a hablar de “medidas de choque” aunque, en realidad, no son más que un revuelto de medidas anteriores que ha sido aderezado con más miles de millones para darle la apariencia de que, esta vez, la cosa va en serio. Faltaría saber de dónde piensan sacar los 20.000 millones de euros; faltaría saber cuándo surtirán efecto las medidas planteadas y faltaría saber, cosa que parece bastante improbable, que la aplicación de las clásicas soluciones de los gobiernos de izquierda ( subvencionar en lugar de promover; aumentar el gasto público en lugar de restringirlo y aumentar la carga fiscal en lugar de reducirla) van a servir para algo; y no, por el contrario, para conseguir acabar de endeudar al Estado, hasta llevarlo a una situación irreversible. Me temo que la credibilidad de Zapatero y su Ejecutivo ha tocado fondo y, a la vista de cómo ha reaccionado la prensa en general, sería hora de que arriase velas y dejara que otros intentaran salvar lo que queda de España. Digo yo.

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