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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

Héroes infantiles en prisión

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
domingo, 17 de agosto de 2008, 22:01 h (CET)
Los niños siempre creen en aquello que les es amable y les produce buenas sensaciones. Todos fuimos niños y más de una vez nuestros mayores nos hicieron comulgar con ruedas de molino, unas veces eran los Reyes Magos, otras esa cigüeña voladora que traía los bebés desde el lejano París y otras aquella niña de caperuza roja y cestita con miel a la que el perverso lobo dejaba huérfana de abuelita, nos contaron todos los cuentos. Los niños de la postguerra tuvimos pocos juguetes y la mayoría no supimos de la existencia de los peluches hasta bien entrados en la adolescencia e incluso más tarde pero nuestros hijos ya han tenido sus mascotas realizadas en tejido, goma o plástico con las que ha jugado y a las que han amado hasta la extenuación. Pero unos y otros nos hemos emocionado con los personajes de Disney y con los mismos cuentos, cuentos que unas veces escuchamos de otros labios y que después repetimos a nuestros hijos. Todos, unos y otros, mayores, jóvenes y niños nos hemos emocionado más de una vez con las peripecias de los personajes de Walt Disney, mientras los de mi generación lloramos ante la muerte de la madre de Bambi nuestros hijos se entusiasmaron con las peripecias del Rey León y son varias las generaciones que han reído y llorado con la pobre Cenicienta maltratada por sus hermanastras, han pedido a gritos a Blancanieves que no probara la manzana envenenada, han lanzado un grito de sorpresa al ver a la rana convertirse en Príncipe tras un casto beso y han volado en las alas de la imaginación con Campanilla mientras se negaban a crecer cual Peter Pan redivivo.

El cine y, especialmente, la televisión popularizaron a todos estos y otros personajes y los llamados parques temáticos los convirtieron en enormes muñecos de peluche con los que los niños no cejan de fotografiarse aunque alguno que otro se muestre remiso y lloroso a la hora de posar junto a tan gran representación de uno de sus héroes infantiles. Los equipos de fútbol también suelen tener su mascota, el Español, cómo no, un perico azul y el Valencia un murciélago ataviado con los colores del club y cada jornada, antes de comenzar el partido se fotografían sobre el césped, rodeados de una grey infantil que les mira con atención, curiosidad y respeto.

Algunos niños norteamericanos no olvidarán lo que presenciaron hace pocos días. Mientras estaban tan contentos y alegres pasando un día de asueto entre las instalaciones de Dysneylandia en Anaheim, población cercana a Los Ángeles, vieron como la policía se llevaba detenidos y esposados a algunos de los que hasta el momento habían llenado de aventuras su infantil pensamiento. Cenicienta, Blancanieves, Campanilla y hasta el mismo Peter Pan eran apresados por las hermanastras, la malvada madrastra y hasta el propio Capitán Garfio disfrazados con el uniforme azul de los policías americanos. No hubo calabaza disfrazada de carroza en esta ocasión y, sin dar todavía la mágica hora de las doce de la noche, todos los héroes de la infancia fueron introducidos en sendos vehículos policiales que les trasladaron hasta la comisaría para tomarles declaración por haberse salido del personaje y manifestarse en protesta por el sueldo tan bajo que perciben.

La realidad tiró por los suelos todos los sueños infantiles y esta vez, al menos de momento, el cuento no terminó con la coletilla famosa de “ y fueron felices y comieron perdices”, estos personajes de ficción no pueden ser felices cuando su misero salario no les llega tan siquiera para poder costearse el seguro médico- en USA no existe la atención médica generalizada como en España- y es de suponer que si comieron alguna cosa durante el tiempo en que estuvieron detenidos sería un triste rancho carcelario. Seguro que muchos de los niños presente- O sancta simplicitas- aplaudirían con fuerza aquella situación creyendo que se trataba de una película entre buenos y malos, pero, pobres criaturas, no sabían que en esta ocasión el the end traería el triunfo del “malo” y que sus personajes seguirían llevando dentro a aquellos que cumplieran las normas de la empresa sin rechistar. Pero estoy seguro que nunca olvidaran la triste imagen de Cenicienta, Blancanieves, Campanilla y Peter Pan con las manos esposadas. Hace muchos años vi pasar por delante de mi a una pareja de la Guardia Civil que llevaba en el tranvía, no recuerdo si esposado o atado con cuerdas, a un preso camino de la prisión provincial de Valencia y todavía ahora, pasado mucho tiempo, es una imagen que de manera intermitente suele aparecer en mi pensamiento como aparecerá dentro de muchos años en la mente de estos niños la de sus héroes desapareciendo de Disneylandia entre el ulular de las sirenas policiales.

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