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Después de Stroessner, otro Stroessner

Luís Agüero Wagner
Redacción
domingo, 17 de agosto de 2008, 22:01 h (CET)
El senador Gustavo Alfredo Stroessner, nieto del dictador que por 34 años gobernó con mano de hierro el Paraguay, se ha convertido en uno de los principales soportes del clérigo presidente Fernando Lugo, quien carece de bancada propia en el Senado.

En sus declaraciones contra el saliente presidente Nicanor Duarte Frutos, Stroessner ha evidenciando sobre todo el grado de poder que ha ganado la familia del fallecido dictador en el gobierno asume este viernes 15 de agosto en Paraguay.

El 16 de Agosto de 2006 fallecía en su exilio brasileño Alfredo Stroessner Matiauda, pero las esperanzas de que su legado sea enterrado con él pronto se desvanecieron. La profecía de su ministro del Interior Sabino Augusto Montanaro ("Después de Stroessner, otro Stroessner") parece gozar cada día de mayor vigencia y actualidad.

Precisamente Sabino Augusto Montanaro, Ministro del Interior paraguayo durante el gobierno de Stroessner, había explicado que «Stroessner llegó a la cúspide del poder político impulsado por el talento con el que nacen los predestinados. Cubierto de gloria luego de los duros años de la sangrienta guerra del Chaco, aquel joven militar que jamás conoció el miedo, estaba llamado por el destino a superar con patriotismo, sabiduría y criterio los inciertos años de la post-guerra para pasar más tarde a convertirse en el adalid de la paz y el más firme sostenedor de las Instituciones democráticas»
Bajo el lema Paz y Progreso, Stroessner realizó grandes obras públicas, como la instalación de agua corriente, construcción de planta de bombeo y depósitos en el centro y aledaños de Asunción, extensión y compactación del camino que se dirigía hacia Coronel Oviedo, creación del Banco de Fomento que asumió y estabilizó la deuda externa, servicio de energía eléctrica, formación de empresas cementeras y plantas siderúrgicas, red de hospitales, clínicas y puestos sanitarios proveídos por el Ministerio de Salud e IPS (Instituto de Previsión Social), etc. Todo ello coronado por dos gigantescas obras en lo arquitectónico y lo económico: las represas binacionales de Itaipú y Yacyretá, la primera de ellas la mayor del planeta, que siguen siendo centro de polémica hasta el día de hoy por parte los seguidores del obispo Fernando Lugo.

También está intacta la red de medios de comunicación que Stroessner fundó por medio de sus amigos de confianza: Aldo Zuccolillo, fundador de ABC, Alejandro Cáceres, director de Radio Nacional y uno de los mayores panegiristas del dictador, o el periodista Humberto Rubín en Radio Ñandutí, emisora financiada por el coronel Pablo Rojas, administrador de parte de los bienes desviados por Stroessner.

Esta red terminó cooptada por la embajada norteamericana de Asunción y en los últimos meses de la dictadura se pasó a la vereda de enfrente. Así, estos medios bien remunerados por la CIA para desestabilizar al anacrónico dictador, superaron luego los límites de lo que toleraba el estronismo y sufrieron interferencias, suspensiones y cierres –caso de ABC en 1984– que no impidieron su reflote mediante financiación externa, sobre todo de fuentes norteamericanas.

Tras la presidencia de Carter, con Reagan las relaciones Washington-Asunción se volvieron fluidas, pero con posterioridad Stroessner no se avino a negociar con EEUU una transición a un nuevo régimen más acorde con el final de la Guerra Fría, cosa que sí hicieron otros como Pinochet. Ello provocó el golpe de su consuegro, el General Andrés Rodríguez, siendo Stroessner expulsado del poder. El levantamiento fue exitoso gracias a que la CIA le negó al dictador información que antes le suministraba. Una serie de fricciones entre la cúpula militante y Washington a raíz de ataques al embajador Taylor habían tensionado las relaciones bilaterales de alto nivel. Antes que advertir a Stroessner, los norteamericanos colaboraron con el equipo Rodríguez y esto lo hicieron de diversas maneras –facilitando equipos de comunicación, información precisa, contactos militares. Estaban de por medio los intereses imperialistas a largo plazo.

Para algunos el final del estronismo, producto del final de la era de enfrentamientos EEUU-URSS, de la política de bloques propia de la Guerra Fría, puso en cuestión si Stroessner, a pesar de su inteligencia y sus logros, fue un personaje insustituible en la Historia de Paraguay como sí lo fueron otros como el Dictador Perpetuo Doctor Francia.

A pesar de estas dudas, pueden decirse muchas cosas de Stroessner, pero no se podrá negar que fue un personaje fundamental para construir la estructura que tiene el país en el presente.

Tanto que quienes le derrocaron fueron simples títeres que no hicieron sino continuar la misma política estronista, al punto que cuando hoy se habla de cambio, se apela a una figura mesiánica con sus mismas cualidades, el obispo Fernando Lugo, quien para sostenerse apela precisamente a la familia del fallecido dictador. Más que nunca pareciera resonar con fuerza, hoy 15 de agosto del 2008, la remanida frase de los hombres del dictador: "Después de Stroessner, otro Stroessner".

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