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Etiquetas:   Algo más que palabras   -   Sección:   Opinión

El estancamiento español

Víctor Corcoba
Víctor Corcoba
sábado, 16 de agosto de 2008, 12:26 h (CET)
No es el entusiasmo quien fenece, somos nosotros mismos quienes vamos perdiendo deseos. Cuando se frena en seco, y el frenazo económico de este país es de campeonato, se nota un vacío de sentido y una pérdida de lucha. Al respecto, la actual situación de estancamiento (¡maldita palabra!) de la economía española es muy significativa. En consecuencia, surge la exigencia de colmar ese vacío con una reflexión de prioridades a curar y de éticas a injertar en vena que nos pongan en activo. Por ejemplo, que se suba la imaginación al poder. Es la bolsa de la vida. Ya lo dijo Einstein en su época: “En los momentos de crisis, sólo la imaginación es más importante que el conocimiento”.

Pienso, pues, que el mejor plan de choque aún no ha sido propuesto por nadie, por ninguna fuerza social ni política. En el estado permanente de desigualdad injusta que soportamos, donde nadie conoce a nadie, de carencias gravísimas educacionales (la mala calidad de la enseñanza originada en parte por el estancamiento en los métodos pedagógicos, redunda necesariamente en merma de esa formación integral para la vida) y de afectos (un individuo cultivado en el desenfreno se vuelve descaradamente antisocial), son debidas a veces a la escasa conciencia cívica que nos reina y gobierna por todas las esquinas de la existencia. Las puertas de la indiferencia, cuando no de la corrupción, están abiertas. Aún –como rubricó Benavente- “más se unen los hombres para compartir un mismo odio que un mismo amor”.

Sin embargo, yo creo que todavía no es demasiado tarde para construir una utopía que nos permita realmente proteger a toda familia y a toda infancia. Quizás haya que redistribuir más, seguro que sí, hay que cerrar las puertas a los intereses del egoísmo personal y a la ausencia de una civilización del trabajo. La solidaridad del mundo laboral, si es preciso repártase el laboreo, será, por consiguiente, una solidaridad que ensancha los horizontes de toda persona para abarcar el bien común de toda la sociedad, de todo un país, de todo el mundo. Nadie puede quedar excluido de un trabajo decente. Es un derecho y un deber como la vida misma.

Unas meras turbulencias económicas no pueden estancarnos, ni hacernos retroceder. La raíz del problema tiene semántica propia. Para empezar, es necesaria la solidaridad entre las naciones cuyas políticas son ya interdependientes. Acto seguido hay que acabar con los mecanismos perversos y poner en alza el esfuerzo común para movilizar los recursos, sean muchos o pocos, siempre serán los suficientes, si se redefinen las prioridades y se priorizan bajo una escala ética de valores. El gobierno de nuestro país se ha comprometido, porque dice que es posible, mantener el incremento de gasto por prestaciones de desempleo y las inversiones modernizadoras. Aparte de que sea una inyección de ánimo, ahora lo que hay es que trabajar en la prelación de necesidades a cubrir, sobre todo en aquellas que no pueden esperar por más tiempo y que son principios rectores de una política social y económica justa. El empleo es una de ellas, como avanzar en la política laboral por el camino de una economía más humana.

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