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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

La ruta hacia el descalabro

Miguel Massanet
Miguel Massanet
jueves, 14 de agosto de 2008, 20:07 h (CET)
No voy a hablar sobre los Juegos Olímpicos de Pekín porque es un tema tratado con toda profusión por especialistas mucho mejor dotados que yo para eso del deporte. Sí voy a echar una jarro de agua fría sobre todos aquellos que, imbuidos de no sé que clase de euforia desbocada, cada día aumentan el número de medallas que los españoles vamos a conseguir en aquella competición. ¡Ojala, fuera verdad!, ¡ojala necesitemos una espuerta grande para acarrearlas de vuelta a España!, pero, en mi tierra natal, Mallorca, hay un dicho que, traducido al castellano, vendría a quedar así: “No hables del trigo hasta que lo tengas en el saco y bien atado”. Sé que hay muchos de los que nos gobiernan que creen que con panem et circenses sea posible que el pueblo español se vaya a olvidar de la recesión que nos asola; también es muy probable que piensen que, como ocurrió con los europeos de fútbol, la gente se quede fascinada por los éxitos de nuestros atletas y arrincone sus preocupaciones más inmediatas, como pudiera ser, por ejemplo, ¿cómo llegar a final de mes sin que los números rojos nos impidan conciliar el sueño?

En todo caso, las Olimpíadas finalizarán en Agosto y, el septiembre, ese tenebroso y temido mes de la reincorporación al trabajo (para los que lo tengan, naturalmente) puede ser uno de los hitos clave, un antes y un después, en esta senda del declive por la que parece que el “incombustible” señor Zapatero, se está deslizando. Le podría suceder, como se narra en una de las encarnaciones del dios enano Vishnú, el avatara de Kamadhenú, que la Vaca de los Deseos ( Vishnú) léase España, se había convertido en el centro de los deseos de los Kchatrias ( léase PSOE), que se quisieron apoderar de ella sin saber que era Vishnú, pero se equivocaron en su estrategia y sufrieron el castigo del dios que los hizo pedazos. Parece ser que, cada vez son más los que van calando a ZP y cada vez son más lo que levantan sus quejas, sin que le valgan las sordinas que quiere imponer a través de la sarta de mentiras de sus valedores e incondicionales. El pueblo español sabe donde le duele el zapato y no se va a callar. Hoy ha sido la policía (SUP), la guardía civil (AUGC) y la Unión de oficiales ( UO) los que se han rebelado contra una de las múltiples actuaciones judiciales que demuestran el estado de la Justicia en este país y que dan la medida de hasta donde el miedo, o la ignorancia o las tendencias políticas pueden llegar a influir en quien tiene la misión de impartir justicia, para que se permita que sujetos indeseables, peligros evidentes para la sociedad y cachorros de la banda terrorista ETA; se puedan salir de rositas después de que hayan sido pillados in fraganti cometiendo un delito. Todos los esfuerzos de las fuerzas de seguridad malogrados por la pusilanimidad o incompetencia de un juez. Y esto acaba de empezar.

Pero no duden ustedes de que la indignación y paciencia de los españoles, ante el comportamiento de un Gobierno vacilante frente a una situación difícil de la economía, pueda ser contenida durante mucho tiempo más y, mucho me temo, que si no se toman medidas inmediatas, efectivas, y orientadas hacia una contención del gasto público y una reactivación de la iniciativa privada ( hoy estancada ante la inseguridad que trasmite un gobierno inane) no se tardará en notar que, el incremento del paro, no es algo elástico que los presupuestos del Estado puedan subvencionar indefinidamente. De hecho, todos sabemos las dificultades de financiación que se han demostrado en el poco éxito de la colocación de la deuda pública; el agotamiento del crédito exterior y el descrédito de las pocas y equivocadas medidas (basadas en subvenciones y no en promocionar las inversiones) adoptadas por el Ejecutivo. Se va a caer en el mayor de todas los errores, en aplicar una de las medidas desesperadas a las que se aferra, como a clavo ardiendo, el señor Solbes: ¡el aumento de impuestos! Lo que ocurre es que, si a un perro apaleado, hambriento y resabiado le quieres hacer tragar una onza de aceite de ricino puede que suceda una de estas dos cosas: o que se lo trague y se muera o que, reuniendo las pocas fuerzas que le queden, se incorpore y te muerda la mano. Lo uno o lo otro no contribuyen a mejorar la salud del animal.

Lo que resulta evidente es que, por el camino que vamos, por la ruta que nos marca el Gobierno y con las deslavazadas medidas que se sacan de la manga los ministros económicos (apartar el pie del acelerador o comprarnos coches eléctricos, allí donde su fabricación en España es, prácticamente, nula) no se va a remediar la situación porque no son más que golpes a ciegas, intentos infructuosos de dar la sensación de dominar la situación y, lo que es peor, ir despilfarrando los pocos recursos económicos de que dispone el Estado en intentos de correr una cortina de humo sobre los improrrogables problemas que tiene España y que no pueden esperar más a que, la incompetencia de este gobierno socialista, nos conduzca hacia un caos irreparable. Alguien dijo que S.M. el Rey debía de intervenir, aconsejar o amenazar; tanto me da, pero es preciso que alguien tome la iniciativa de recuperar a esta mortecina nación para que recupere la ilusión y sea capaz de levantarse de esta indolencia insostenible a la que la ha conducido el señor ZP.

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