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Etiquetas:   Momento de reflexión   -   Sección:   Opinión

Consejos maternales

Octavi Pereña
Octavi Pereña
miércoles, 13 de agosto de 2008, 22:57 h (CET)
El último capítulo de Proverbios lo escribe el rey Lamuel. No se sabe quien es este personaje de real linaje porque en la genealogía de los descendientes de David no aparece su nombre. Sea quien sea este protagonista, lo cierto es que transmite las enseñanzas que su madre le había impartido durante la infancia y adolescencia. Como es de suponer la educadora del príncipe tenía el propósito de instruir a su hijo para cuando ascendiera al trono fuese un buen rey que trajese felicidad y bienestar a sus súbditos. La madre del futuro rey bien seguro que trajo a su memoria el proverbio que dice: “Instruye el niño en su camino, y aún cuando fuere viejo no se apartará de él” (22.6), que a su vez se inspira en el precepto que Dios dio a Moisés destacando la responsabilidad que tienen los padres de enseñar a los hijos los mandamientos divinos que pueden hacerlos sabios. Bien, esta madre preocupada porque su hijo llegase a ser un buen monarca, entre otras cosas le dice: “No es de los reyes, oh Lamuel, no es de los reyes beber vino, ni de los príncipes la sidra, no sea que bebiendo olviden la ley, y perviertan el derecho de los afligidos” (31:4,5).

Viene como anillo al dedo este aviso de alerta que una madre preocupada da a su hijo. Esta mujer acostumbrada a los hábitos cortesanos conoce de primera mano el consumo desmesurado que se hace de alcohol en las celebraciones palaciegas. Por ello, antes de que sea demasiado tarde, intenta sembrar en la aún moldeable alma infantil aversión a aquellas bebidas que pueden perturbarle el buen funcionamiento mental y que con la conciencia nublada diga o haga cosas que perjudiquen su dignidad real.

Nuestra cultura no ve con buenos ojos la embriaguez que lleva a tambalearse con peligro de estrepitosa caída. Acepta, pero, el consumo social de alcohol en tanto no lleve a disparatar. Se tiene mucho cuidado en guardar las formas. The Independent, encabeza un escrito sobre el alcoholismo con esta declaración: “Cuanto más éxito tengas, más bebes”. Los directores de las grandes corporaciones y de los organismos públicos se enfrentan a duras situaciones estresantes que esperan superar tomándose un whisky u otro tipo de bebida fuerte, cuando la ocasión lo requiere, de manera que sobrepasan excesivamente el máximo semanal de alcohol que no es recomendable exceder. Además de tomar decisiones equivocadas porque no les funciona correctamente el cerebro, al excesivo consumo de alcohol le acompañan graves enfermedades que además de incapacitarles para un trabajo bien hecho, acortan sus vidas.

Las autoridades sanitarias están preocupadas por el consumo prematuro de alcohol. En la adolescencia ya se aprecian dolencias que son el resultado del excesivo consumo de alcohol que hasta ahora se presentaban en los adultos. ¡Ojalá muchas madres alerten a sus hijos desde la infancia, cuando aún no se han convertido en unos rebeldes indomables, del peligro que representa el consumo inmoderado de alcohol!

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