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Virtudes olvidadas: La fortaleza

Francisco Rodríguez Barragán
Francisco Rodríguez
miércoles, 13 de agosto de 2008, 22:57 h (CET)
La fortaleza es la virtud moral que asegura en las dificultades la firmeza y constancia en la búsqueda de lo que hemos estimado como bueno o verdadero, superando los obstáculos que se opongan a la consecución de nuestros objetivos.

Discernir con prudencia las metas de nuestro obrar y hacerlo con justicia encontrará siempre dificultades que, sin la fortaleza, nos llevarían a cambiar con frecuencia de dirección y a abandonar lo iniciado. Al haber olvidado la necesidad de la fortaleza, mientras hemos llegado a interiorizar que tenemos derecho a todo lo que se nos antoje con el mínimo esfuerzo, estamos frustrando nuestra vida. El abandono de los estudios de tantos jóvenes pone de manifiesto la carencia de fortaleza para superar dificultades.

La fortaleza incluye actitudes imprescindibles para la vida como la disciplina, la paciencia, la constancia, la firmeza y la humildad. Todo lo que vale, lo valioso, cuesta trabajo y esfuerzo. Pero si desde pequeños no somos educados en tales actitudes, chocaremos desagradablemente con una realidad que se resiste a nuestros caprichos y buscaremos compensaciones fáciles y degradantes en la sensualidad, la pereza o las adicciones, convirtiéndonos en explotadores de nuestra familia, a la que exigiremos los medios que no hemos sido capaces de conseguir por nosotros mismos.

La disciplina es el gran entrenamiento para la fortaleza. La familia tendrá que iniciar a los niños en ella y tendrá éxito cuando el adolescente la asume. no por la imposición, sino porque ha descubierto su valor y su utilidad para la vida. Pero hablar de disciplina se lleva poco. Sólo en el deporte entendemos que no es posible triunfar sin entrenamiento, pero no lo extendemos a nuestras propias actividades durante toda la vida.

Las dificultades ponen a prueba nuestra paciencia, pero sin paciencia corremos el riesgo de estropearlo todo, abandonar el camino, buscar trampas y atajos. La fortaleza en nuestras decisiones exige paciencia y constancia para recomenzar una y otra vez la tarea. Si comprobamos que las dificultades resultan insuperables, tendremos que utilizar la prudencia y el discernimiento y necesitaremos la humildad para aceptar nuestros errores, rectificar y pedir ayuda y consejo.

La firmeza no es cabezonería frente a los demás o frente a la realidad sino honestidad ante nosotros mismos. Si decidimos la búsqueda de algo por considerarlo como bueno y verdadero para ser más personas y mejores personas, necesitamos afirmarnos cada vez más en nuestro propósito, que estimaremos más valioso cuanto más nos cueste superar las dificultades que conlleve.

Es grave que vivamos en un ambiente cultural en el que no se valora el esfuerzo y el mérito sino que se busca el enriquecimiento rápido, la relación privilegiada para obtener puestos y prebendas, el ascenso profesional sin una preparación previa, el vivir del cuento.

Por eso es necesaria una reacción ciudadana que recupere la sensatez de las viejas virtudes morales y rechace la anomia de una sociedad permisiva y contradictoria, que habla de nuevos valores y nuevos derechos, inventados por los políticos que se arrogan el derecho a decidir sobre lo bueno y lo malo, lo verdadero y lo falso para imponerlo a todos desde la guardería infantil.

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