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La hora del Atleti
Daniel Sanabria
Muchos rojiblancos se fueron a Neptuno a celebrar el cuarto puesto en la última jornada de liga. Yo no lo entendí muy bien. La Champions League la juegan el primero y el segundo, y el tercero y el cuarto pasan a la sala de espera. Quizá muchos de estos aficionados no cayeron en que la previa de Champions del Atleti no es como la de los demás. No juegan contra equipos eslovenos o letones, donde el partido está casi ganado antes de salir al césped.
El Atlético estuvo en el bombo de los equipos pequeños según el coeficiente UEFA, y la eliminatoria contra el Schalke no era la más fácil precisamente, aunque tampoco la más difícil. Podría haber sido mucho peor. El caso es que el Atleti puede entrar en la Champions, ahora de verdad, y no como lo hizo en mayo, donde la gente convirtió una oportunidad en un objetivo. Es ahora cuando debe convertir la oportunidad en objetivo.
Llega la hora de la verdad, y lo que más preocupa al aficionado rojiblanco es la presencia de Agüero en Pekín, que es lo mismo que su ausencia en el partido de ida. Si bien es cierto que los portales de apuestas deportivas, que suele ser un buen medidor, dan como favorito al Atlético, los rojiblancos no las tienen todas consigo. El Schalke es a Alemania lo que el Atleti es a España, por lo que no termino de compartir el favoritismo que otorgan al club del Manzanares.
Deportivamente, al margen de la ausencia de Agüero, lo lógico es que Aguirre apueste por la nueva pareja de centrales (Ufjalusi-Heitinga), desplazando a Perea a la derecha, y por Sinama Pongolle como acompañante de Forlán. Será el primer partido del que poder sacar conclusiones, porque los bolos de verano son tan inútiles como engañosos. Gran parte de la temporada atlética pasa por estos dos partidos, los primeros y más importantes del año. Salir derrotado es empezar el año fracasando, otra vez más. Y salir victorioso es atravesar por fin esa delgada línea que decide tu futuro inmediato.
Mientras, los alemanes van de víctimas y preparan un recibimiento hostil en las gradas de Gelsenkirchen. Son sus dos estrategias: presionar y hostigar. No cuentan con ninguna estrella mundial entre sus filas, y como buen equipo alemán, la prioridad es el bloque y el juego físico. Además, uno de sus mejores jugadores, Rafinha, será baja al estar en Pekín jugando con Brasil. En este verano, las Olimpiadas dan y quitan a todos por igual.
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