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Etiquetas:   Opiniones de un paisano   -   Sección:   Opinión

Acerca de la motivación

Mario López
Mario López
lunes, 11 de agosto de 2008, 22:27 h (CET)
Todo tiene sus pros y sus contras. Cuando te vas a morir, lo bueno que tiene es que te relajas y nadie te lo reprocha. Lo malo es que cuando te mueres ya no estás ni muerto. Uno puede estar muerto de cansancio, de aburrimiento o de sed, pero en vida. Sólo en vida se puede estar muerto porque cuando te mueres ya no estás. Y si no estás no puedes estar en nada. Con la vida se van todos los verbos y el verbo estar el primero de todos. Así que no tenemos porqué angustiarnos con la muerte. Porque una vez muerto, y no quiero ser pesado, tampoco puedes sufrir la eternidad que dura ese estado. Básicamente porque no existe tal estado. La muerte no es un estado. Euzkadi puede que llegue a serlo algún día, si el lehendakari sigue dando caña y la masa nacional se relaja un poco. Que, dicho sea de paso, lo de la masa nacional me suena a la partícula aquella con masa casi infinita capaz de originar un agujero negro que, cual sumidero de lavabo convencional, succiona todo rastro del esplendoroso pasado de la más hermosa calva que madre alguna haya alumbrado jamás, o lo que viene a ser lo mismo, succiona el Universo todo y rubrica, consecuentemente, la muerte del susodicho Universo. Que esto que digo no tiene nada que ver con la termodinámica sino con la gravedad misma. Que quede claro.

Lo bueno y lo malo son dos caras de la misma moneda. De eso saben mucho por Oriente. Lo que no tiene nada que ver es motivar con alentar. Y ahí se confunden muchos jóvenes contemporáneos. Lo mismo les da decir que fulano o mengana les motiva o les alienta o, como diría Carlos Mejía Godoy, les sulibella. Para motivar a alguien hay que echarle valor, esfuerzo y una enorme paciencia. Para alentar, basta con dos bonitas palabras, un alirón o váyase usted a la mierda. Me hace gracia cuando oigo a alguien decir que se siente motivado y lo único que le veo hacer es rascarse sus gozosas partes. Yo, cuando decido motivar a alguien es porque constato que aquel se encuentra desmotivado, es decir, que desconoce la razón o la manera para alcanzar una meta deseable o que le es necesaria para algo en la vida. Y motivar a una persona es un ejercicio arduo, porque te demanda una gran atención para poder vislumbrar las carencias de la persona a la que pretendes ayudar y subsanarlas. Motivar a una persona es enseñarle el camino y proveerle de los útiles necesarios para andarlo. Es ayudarle a adquirir el ánimo suficiente para tomar una decisión y la voluntad para mantenerse en el empeño hasta conseguir el objetivo. Y esto no se consigue solamente con bonitas palabras. Pues todavía hay muchos jóvenes que hablan de la motivación como si hiciera falta motivarse para echar un polvo. De estas cosas sabemos mucho los profes. No estaría de más que la sociedad empezara a hacer buena publicidad de la inteligencia.

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