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Etiquetas:   Opiniones de un paisano   -   Sección:   Opinión

Del amor filial y otras cosas por el estilo

Mario López
Mario López
lunes, 11 de agosto de 2008, 12:41 h (CET)
¿Se acuerdan de cuando a los niños se nos preguntaba a quién queríamos más, si a mamá o a papá? Era una pregunta retórica pero cruel. Recuerdo a niños que se echaban a llorar inconsolables y algún amigo mío me llegó a confesar que la pregunta le hacía sentirse culpable porque, efectivamente, quería más a mamá que a papá y eso era pecado mortal, porque a los padres había que quererlos por igual. Hoy en día esta pregunta está fuera del repertorio del adulto sádico. Sin embargo se ha creado una institución que no para de hacernos preguntas del mismo calibre: el CIS. Dicho organismo nos pregunta casi a diario a quién queremos más, si a Zapatero o a Rajoy. El caso es que la pregunta es bastante obvia porque la respuesta depende de cómo nos vayan las cosas, la sinceridad con la que se comunican cada uno de nuestros padres políticos con nosotros y la calidad del trato que se dispensan mutuamente. Si un fin de semana nos quedamos sin propina después de habernos portado como buenos hijos, estudiantes y ciudadanos, el contratiempo habrá que atribuirlo a un problema de liquidez familiar. Si mamá nos lo confiesa con total sinceridad y papá se empecina en acusarnos , por no querer reconocer sus dificultades económicas, de haber cometido algún acto reprobable, inmediatamente querremos más a mamá que a papá y así se lo manifestaremos al primer pariente o allegado que nos haga la maldita pregunta. Si papá se desvive por hacer feliz a mamá y mamá le desprecia olímpicamente, entonces querremos más a papá que a mamá. Y así todo.

El CIS se podría ahorrar las encuestas porque los cariños del electorado van de uno a otro de nuestros padres políticos siguiendo estrictamente la misma lógica que rige en el amor filial. Y no sólo eso. Ahora que esas cosas ya están convenientemente reguladas por ley, Zaptero y Rajoy podrían casarse y gobernarnos como nuestros padres biológicos. En España reinaría la armonía, con las lógicas peleas domésticas que tanta sal dan a la vida, pero no habría enfrentamientos partidistas. Ahora, en cambio, parece como si Zapatero y Rajoy fuera un matrimonio divorciado que utiliza a los hijos como arma arrojadiza para ponerse a caldo. Y claro, los electores nos sentimos desazonados y nuestro rendimiento familiar, escolar y laboral se resiente. Estamos como en un divorcio con la custodia compartida. Durante cuatro años vivimos con Zapatero y durante otros cuatro años deberíamos vivir con Rajoy. Lo que pasa es que a Rajoy se le retiró la custodia por haberse comportado de forma extremadamente violenta con Zapatero durante la pasada legislatura. Yo, desde aquí, les pido a los dos que hagan las paces y que se casen. Que volvamos a ser una familia como Dios manda, fuerte y feliz.

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