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El peligro de la estupidez

Miguel Massanet
Miguel Massanet
sábado, 9 de agosto de 2008, 13:49 h (CET)
Debo confesarles un secreto. Escribo sólo porque, en ocasiones, no soy capaz de soportarme a mi mismo. Esto ocurre cuando me percato de que no puedo desentrañar lo que, tantos cientos de miles de ciudadanos, por lo visto, asimilan a la perfección. El poder trascender a los límites de mi entorno y salir fuera de este cubículo en el que aporreo las letras del teclado del ordenador, es para mí una suerte de liberación. Si, demás, puedo lograr que a alguno de ustedes se interese, aunque sea mínimamente, por las cosas que les expongo, puedo considerarme afortunado, porque ya me siento más acompañado, menos desamparado y, por supuesto, más confortado por la sensación de que no soy el único orate que vegeta aislado en este esquizofrénico mundo de la política barriobajera que, con tanta saña, nos ha querido imponer el señor Rodríguez Zapatero y su conjunto de conspicuos colaboradores.

Por ejemplo, ya me dirán ustedes como se puede digerir el que, estando en la grave situación económica en la que nos desenvolvemos; soportando en nuestros bolsillos los ramalazos del incremento de los precios y con el fantasma del paro brujuleando por nuestro alrededor; nos veamos ante una serie de descerebrados, fanáticos recalcitrantes e ilusos despendolados, que se atrevan a desentenderse de todos los problemas de los españoles, de las necesidades de las regiones más afectadas por la crisis y de las penurias de los que han perdido su empleo y pasan apuros para conseguir subsistir; para entregarse, de forma inconsciente y disparatada, al “lúcido” deporte de injuriar, menospreciar y cachondearse del resto de los españoles igual que si, por el mero hecho de ser catalán y de ERC, ya tuvieran patente de corso para poder decir lo que les pase por el entreforro de sus pantalones, sin que, por añadidura, haya nadie que se ocupe de sentarles las costuras y los envíe de veraneo a Alhaurín de la Torre, donde podrían codearse con los famosos que allí están recluidos.

Es obvio que, si el señor Suñé, tuvo la humorada de colgar en su blog un póster de propaganda de una supuesta ONG, ofreciendo que los catalanes apadrinaran por 1.000 euros al mes a un niño de Extremadura, sucio y andrajoso; al menos, tuvo la decencia de pedir perdón por su boutade. No obstante, hete aquí que, por si faltara algo a este sainete, surge, como un D’Artagnan, vocinglero y protector, el inefable señor Puig, (sí, aquel que se manifestó ante la COPE y que tantos dolores de cabeza le ha proporcionado a su propia formación a causa de sus salidas de madre) para irrumpir en la controversia y meter su cuarto a espadas. Según hemos leído en la prensa, no se ha limitado a tachar de “mal nacidos” a los extremeños, , sino que ha entrado como elefante en una cacharrería, para reiterar su rechazo a “Air Berlín”, la compañía alemana que no atendía a sus clientes en catalán, ¡como seguro que tampoco los atendería en ningún otro idioma secundario de ningún país! Lo malo es que intenta movilizar a los internautas para que le hagan el boicot a la compañía aérea.

Supongo que, el señor Juan Puig, se creerá que su gesto se ha metido en el bolsillo a todos mis compatriotas mallorquines y que ha puesto una pica en Flandes, al cargar como mameluco descarriado contra el Presidente de la compañía de vuelos alemana. Sólo existe una pequeña objeción que hacerle y es algo tan simple como que, Mallorca, vive especialmente del turismo alemán; es más, en Mallorca existen zonas que prácticamente están copadas por los turistas alemanes, que ya no son tales, sino ciudadanos que se han instalado definitivamente en la isla y que vienen contribuyendo con sus aportaciones económicas a la superviviencia de muchos comercios, servicios y locales de diversión del lugar donde están instalados. ¡Ah! Y por si no está enterado le informaré que, para mayor INRI, en muchas de estas urbanizaciones de alemanes no se habla ni el mallorquín ni el castellano, ¡ se habla el alemán!

Y, ahora le pregunto a este “salva patrías” de hoja de lata, ¿Cómo espera usted que se vayan a tomar estos fieles turistas alemanes, de Mallorca, el que usted entre a rebato en contra de una de sus compañías de vuelo? Le quiero recordar a este gran “psicólogo” que, por si no lo sabía, el pueblo alemán tiene algo que le honra: aman a su patria. Evidentemente que esto es algo incomprensible para el “cantonista” Juan Puig, pero le aseguro que, si existe en Europa un pueblo que más pagado esté de sus logros económicos, es el alemán; si alguien está más entusiasmado con sus costumbres, son los alemanes y si alguien reacciona más contundentemente cuando se le quiere humillar, son los alemanes. Entonces, a mí me gustaría analizar las posibles consecuencias de este brindis al sol del señor Puig y, o mucho me equivoco o deberé pensar que al pueblo alemán, en general, cuando sea conocedor de la forma de tratar a los suyos por parte de catalanes y mallorquines, puede que también por parte del independentismo gallego del BNG ( que, se dice, se quiere añadir a esta campaña de desprestigio porque, tampoco, saben gallego las infelices azafatas alemanas); no lo va a aceptar, filosóficamente. No creo que acepten de buen grado, que se exija que, cada vuelo de Air Berlín, tenga que ir provisto de traductores en todas las lenguas mundiales, incluso las de la familia dravídica o paduana o pidgins o vaya usted a saber de que minúsculo país de la Polinesia para que “ el orgullo nacional” de sus habitantes no se sienta ofendido.

Será de ver si, en plena crisis de turismo, cuando las vacas ya nos enseñen sus costillas a través de su escuálida piel; mis compatriotas mallorquines –que basan su modus viviendi, en un 80%, en el turismo – deban enfrentarse a que el turismo alemán, molesto por la forma en la que son tratados, decida cambiar de lugar de destino para pasar sus vacaciones. Será de ver lo que le van a decir a la incombustible señora Munar o a la acomodaticia presidenta del PP o a los levantiscos afiliados a ERC, cuando las cuentas de los hoteles empiecen a reflejar números rojos o los que venden cervezas en los chiringuitos se las tengan que beber ellos o todos los quincalleros, pasteleros etc., vean como sus escaparates no sirven para atraer al público, simplemente, porque no lo hay. Y es que, estos políticos de conveniencia, estos “chusqueros” que han ascendido por ser mucho más brutos que los demás o por ser especialistas en soliviantar a las masas; no saben ver más lejos que el extremo de sus narices y son incapaces de prever las consecuencias de sus meteduras de pata. Pero no nos quejemos que, si esto ocurre, es porque el resto de España se lo ha permitido; porque, si no, ¡de qué se atreverían, estos paniaguados analfabetos, a desbarrar como trasquilado por la Iglesia!

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