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¡Por falta de un Solzhenitsyn!

Ben Tanosborn
Redacción
jueves, 7 de agosto de 2008, 23:27 h (CET)
El domingo pasado otro ciudadano del mundo, Aleksandr Solzhenitsyn, comenzó su caminata en esa peregrinación interminable, el camino de la inmortalidad. Y lo hizo no simplemente como un laureado hombre de letras, sino como persona cuyas opciones siempre fueran bien pensadas, en conciencia y con humanidad; un hombre orgulloso de sus orígenes rusos y al mismo tiempo reconocedor de la prioridad que todo hombre requiere en cuanto a su dignidad y humanidad.

Me vino la noticia de su muerte por el Internet mientras estaba leyendo un articulo escrito por dos corresponsales de la Prensa Asociada (AP), Charles J. Hanley y Jae-Soon Chang, “Seúl investiga ‘masacres’ de civiles por EEUU” publicado apenas unos minutos antes. Esas dos noticias se difundieron por mi mente en paralelo: he aquí un hombre en busca de la verdad (Solzhenitsyn), y ahí está la verdad en busca de un hombre, un prohombre norteamericano que admita esa verdad… y el tal no existe.

Mientras leía los datos horribles de tantas victimas asesinadas de la población civil coreana – en su mayoría mujeres, niños y ancianos – a manos de militares de EEUU durante el periodo 1950-1, me venia el pensamiento del GULAG bajo Stalin, “el bigotudo”, como le describía Solzhenitsyn, y emulado militarmente por los seguidores de nuestro Imperio Americano: primero en Corea, después en Vietnam y ahora en Afganistán e Irak.

¿Cuantos millares, quizás decenas de millares, de civiles fueron ametrallados y bombardeados con NAPALM en Corea? Indiscriminadamente, ya que para nuestros soldados todos los coreanos eran simplemente “gooks” (guks), individuos con ojos sesgados… no importa fuesen del Norte en fuga hacia el Sur, o simplemente seres buscando refugio, donde fuera. Mas de 200 incidentes; algunos, como el que ocurrió en No Gun Ri, donde los supervivientes calculan en 400 los muertos a mano de los norteamericanos, algo hasta ahora desconocido por el publico estadounidense; todo lo que el mando militar tuvo que hacer es sellar todos los informes sobre tales casos con esa clasificación encubridora de “secreto reservado” permitiendo de esta forma el que se enfríe esa ira-radioactiva, haciendo de ella uranio empobrecido o hasta negándolo como uranio… claro, todo esto hasta que dos o tres generaciones hayan pasado. Para ese entonces, ¿a quien se le va a acusar de crímenes de guerra? Y desde que los norteamericanos pretenden, y muchos hasta creen, que ellos no son capaces de encubrimiento o tortura, todo termina yendo a un pozo sin fondo. La Casa Blanca ha estado dando rienda suelta al Pentágono por décadas… después de todo, “hay que aceptar” que crímenes de guerra ocurrirán; de esta forma el único crimen que no se le permite al norteamericano es el que pueda incurrir un bajón en la moral de las tropas… o que traiga deshonra al país “al no podersele encubrir”.

Entonces me vino a la mente cuando Solzhenitsyn recordaba sus tiempos de militar en el ejercito soviético y observaba el tratamiento inhumano que los soviéticos infligieron a los alemanes, civiles y militares, en 1945 en el ocaso de la Segunda Guerra Mundial; crímenes que muchos excusarían como retribución al comportamiento alemán años atrás; una retribución que Solzhenitsyn nunca encontraría aceptable.

El contrapunto que se nos presenta hoy es la forma fácil con que el militar en EEUU acepta crímenes de guerra, a menudo garrapiñándolos y haciéndolos mas aceptables a la opinión publica, terminando siempre como “daño colateral”. Nuestros militares han conseguido una gran experiencia despenalizando muchos actos de guerra repugnantes durante las ultimas seis décadas, desde No Gun Ri a My Lai a Faluya, pasando la bola de enjuiciamiento a generaciones futuras, si es que alguna vez se llega a ello. Probablemente trascurran tres décadas antes de que sepamos la verdad de lo que ocurrió en Faluya, Haditha y otras atrocidades mas cometidas en el Oriente Medio. Los documentos serán desclasificados según los recuerdos se van apagando y muchos, o la mayoría, de los testigos a esos crímenes de guerra, o los que los cometieron, hayan fallecido. Y también, después de que la ira inicial de los familiares de las victimas haya amainado.

Solzhenitsyn siempre fue un hijo amante de Rusia y su historia; pero su humanidad le hizo además un gran ciudadano del mundo. Denunció lo que el creyó importante denunciar en cualquier faceta de la vida, bien fuera la inhumanidad del hombre con su prójimo; o la forma en que la sociedad evolucionaba, en todo… hasta en la música. A su pesar, y no importa su deseo de privacidad, fue usado para fines propagandísticos de muchos, aun aquellos a quien el tuvo en baja estima, como Ronald Reagan; y hasta fue criticado por muchos liberales-laicos que nunca pudieron comprender el que él aceptase a la Iglesia Ortodoxa Rusa, algo que tenia poco que ver con fe religiosa alguna, o la inhumanidad que esta fe hubiera causado en tiempos atrás; pero si con la historia y tradición de esa iglesia como base adicional de cambio.

¿Existe razón alguna que prohíba a EEUU ser cuna de prohombres, héroes para la humanidad? Parece ser que en estos tiempos preferimos ser cómplices y no chivatos con nuestros compatriotas que cometen crímenes, y no considerarnos traidores a esa cara desagradable que a veces mostramos como país-matón, aunque esto nos haga, sin que nos demos cuenta, blanqueadores de crímenes y traidores a nuestra propia humanidad. Esperemos que esta esterilidad sea solo temporal, aunque de momento no parece haber señales de cambio.

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