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Etiquetas:   Ver   juzgar y actuar   -   Sección:   Opinión

Virtudes olvidadas: La justicia

Francisco Rodríguez Barragán
Francisco Rodríguez
jueves, 7 de agosto de 2008, 12:01 h (CET)
Hablamos constantemente de la justicia, pero no nos referimos nunca a ella como la virtud moral que incline nuestra voluntad a reconocer de manera constante los derechos de los demás y el bien común. Nuestra sensibilidad detecta la más minima injusticia que cualquiera nos haga padecer, pero no tenemos la misma sensibilidad cuando se trata de nuestras propias acciones respecto a los demás.

De las injusticias que padezcamos seremos víctimas pero no responsables, pero tenemos plena responsabilidad cuando nuestra conducta las causa a los demás. La virtud de la justicia exige una decisión firme y constante de nuestra voluntad de dar al otro lo que se le debe, de cumplir nuestras obligaciones con exactitud, de promover siempre la equidad y la armonía en las relaciones humanas, de buscar activamente el bien común.

El olvido de esta virtud tiene consecuencias devastadoras en nuestra sociedad. Solamente nos parecen injustos los casos de corrupción y delincuencia que son difundidos a través de los medios de comunicación, los que son objeto de penas y sanciones en las leyes penales que se encarga de aplicar el complejo aparato de la administración de justicia, pero nuestras conductas diarias pueden estar llenas de injusticias, que tendría que juzgar el tribunal de nuestra propia conciencia, para evitarlas o repararlas, si ejercitáramos la olvidada virtud de la justicia.

Si alguien protesta o nos hace notar nuestras acciones injustas, nos apresuramos a justificarlas con mil argucias, eficaces abogados de nosotros mismos. Si realmente queremos llegar a ser personas íntegras y justas debemos examinar constantemente si es la justicia o el egoísmo lo que determina nuestra conducta en todos los ámbitos de relación en que nos desenvolvemos.

Las relaciones familiares pueden estar lastradas de injusticia si no respetamos los derechos de los demás. La fragilidad de las parejas, la violencia de los niños y los adolescentes frente a la autoridad o el abandono de los ancianos son la consecuencia, entre otros muchos factores, de la injusticia. No damos a nuestra pareja el respeto que se le debe, no damos a nuestros hijos el tiempo, la compañía y la educación que debíamos darles y no pueden suplirse con regalos y comodidades. No damos a nuestros mayores el respeto y la ayuda que les debemos, aunque quizás nos dolemos de la insolencia de nuestros hijos.

Tendríamos que examinar igualmente si pagamos lo que debemos a las personas que empleamos o si trabajamos lo que debemos si somos nosotros los empleados. Si somos profesionales que tratamos como se debe a quienes acuden a nosotros. Si es la equidad y no el abuso lo que informa nuestras minutas, nuestros precios o nuestros contratos.

El maltrato al mobiliario urbano, ensuciar los muros de los edificios, molestar a los vecinos con ruidos, llenar de basura las calles y plazas, muestra claramente la injusticia de mucha gente que no está inclinada a dar a los demás y a los bienes comunes el respeto que se les debe. Cada uno sabrá si está incluido en esa “mucha gente” que actúa sin educación ni cortesía, desde nuestra propia comunidad de vecinos al conjunto de la ciudad o a la red de carreteras.

Falsear la declaración de la renta, cobrar prestaciones indebidas, abusar de las bajas laborales y tantas otras corrupciones y corruptelas, no hay duda de que se dan con frecuencia y quizás no son siempre son los otros los culpables.

Obtener grandes ganancias gracias a cohechos y prevaricaciones puede ser algo que afecte a una minoría de importantes sin escrúpulos, aunque todos salgamos perjudicados con ello, pero beneficiar al familiar o al amigo, en perjuicio de tercero, en un examen, en un concurso, en una pequeña gestión, en una bolsa de trabajo es bastante frecuente. Alguien sufre una injusticia, otro la comete, muchos la aceptan pasivamente o lamentan no tener en el sitio adecuado el familiar o el amigo que podría hacer trampa a su favor.

No quiero hacer una lista exhaustiva de situaciones en que nos olvidamos de la virtud de la justicia. Seguramente cada lector podrá añadir muchas más. Pero por favor, sin quedarse fuera. Examinar nuestra vida con honestidad a la luz de esta vieja virtud de la justicia puede hacernos mejorar como personas.

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