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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

La izquierda implacable

Miguel Massanet
Miguel Massanet
miércoles, 6 de agosto de 2008, 08:41 h (CET)
Estos días he podido leer, en un artículo de unos periodistas, como manifestaban su airada reacción debido a que alguien, no importa quien ni de que forma, les había “acusado” de ser de extrema derecha. Hasta aquí no parecía que la réplica se saliera de lo normal, pero donde ya el tema se convierte en algo rocambolesco es cuando, en un arranque de dignidad ofendida, el autor amenaza con tomar medidas legales, sic “para defenderse judicialmente de esta gravísima acusación”. Hombre, aunque tengo algunos conocimientos de derecho, todavía no he encontrado en el Código Penal tipificado un delito que consista en “pertenecer a la extrema derecha” como, por cierto, tampoco he conseguido localizar otro, aunque les aseguro que lo he estado buscando con ahínco, que anatematice la pertenencia a la extrema izquierda.

Parece que, en esta España “tan democrática” en la que vivimos y en la que tanto se presume de libertad de pensamiento y de expresión; cuando queremos profundizar en lo que significan tan grandilocuentes frases y su aplicación práctica a la realidad social del país, parece que nos encontramos con algunas contradicciones entre lo que pueda calificarse como la teoría de lo que se debería entender por democracia y la práctica de la forma de entenderla por una parte importante de la sociedad,que ha decidido que, en España, eso de la democracia es una cosa solamente de las izquierdas y que, por tanto, tanto en cuanto a la aplicación de la Constitución, como en los derechos individuales de los ciudadanos o en las libertades de pensamiento, creencias religiosas, o derechos relativos a la defensa de la vida; se deben aplicar dos varas de medir, según se mire desde la óptica de un ciudadano de izquierdas o de la de sus oponentes de derechas. Y es que, a la hora de anatemizar a una persona, cuando se trata de juzgarla o de ponerla a los pezuñas de los caballos para que la hagan migas, existe una gran diferencia entre pertenecer a la casta privilegiada, omnipotente y por supuesto poseedora de la verdad absoluta en cuanto a su concepto de lo que se puede permitir y aquello que debe ser erradicado por el sistema que sea; y el tener la heroicidad de pertenecer a esta denostada casta política, la derecha, a la que por supuesto hay que eliminar sea como sea..

No soy precisamente un defensor del locutor Jíménez Lozantos, no por sus ideas conservadoras y de derechas, que comparto, sino, más bien, por su forma abrupta de expresarse y de alguna fijación que a veces lo hace desbarrar. Dicho lo cual, considero de todo punto fuera de lugar la campaña de derribo y acoso o, viceversa, iniciada con una saña verdaderamente desproporcionada, por toda esta prensa que se ve en la obligación de machacar al adversario hasta convertirlo en migas cuando tienen la ocasión de cebarse en él. Es curioso como un reciente caso de una periodista que también fue condenada por similares cargos ha pasado desapercibido, la prensa ha dado la información en páginas interiores y en la mayoría de medios la noticia no ha aparecido. Y no se vayan ustedes a creer que esta señora, a la que me refiero, no sabe utilizar su lengua para poner de chupa de dómine a sus adversarios, porque es una verdadera maestra en ello. De lo que no hay duda es que la fobia de determinados sectores mediáticos contra la derecha alcanza el límite de lo que se ha venido por denominar “caza de brujas”, en cuyo deporte parece que ya están incluidos fiscales, jueces, magistrados, periodistas, políticos ( admírense tanto de derechas como de izquierdas) y por supuesto y en un puesto destacado, y pertrechados de sus mejores armas ( el infundio, la mentira, la descalificación, el odio, el reconcomio, la calumnia, la injuria y todo el amplio bagaje de que disponen para zaherir, maltratar, destruir, arruinar y destrozar) los de la farándula, los eternos detractores de todo lo que pueda representar principios morales, la ética, orden, religión, razonamiento y moderación.

El hecho de que dicho señor se haya convertido en un rival mediático temible para el señor De Juana Chaos y de que se haya consumido más tinta para descalificarlo y rematarlo que en el tema de la libertad del etarra, ya de por sí nos da la muestra de hasta donde puede llegar el afán de esta izquierda, que se ha hecho con el poder en España. Es curioso como el señor Zarzalejos, el triunfador en esta lid jurídica, se haya sentido tan amenazado e injuriado por el señor Losantos debido a que él tampoco se quedó corto en calificar a su adversario, llamándole bufón y otras lindezas. Tampoco hay que ofenderse porque a uno lo llamen “calvorota”, cuando este apelativo no entraña ninguna falsedad ya que el señor Zarzalejos muy sobrado de pelo no va. En fin, que como dice el refrán, el que se pica ajos come. En todo caso, yo que el señor Zarzalejos no me sentiría demasiado satisfecho con esta campaña mediática que llevan a cabo sus presuntos “defensores” porque, ayer mismo, en la Tele 5, por la noche, la locutora repetía por enésima vez la sarta de insultos por la que el señor Losantos ha sido condenado a pagar cien mil euros de indemnización. O sea, que si de mi se hubiera tratado, el hecho de que, en todos los medios del país se hubieran repetido, hasta la saciedad, los presuntos insultos que se me hubieran dirigido, más que un acto de solidaridad, me hubiera parecido un ensañamiento con mi desgracia porque, a la penuria de haber sido insultado por mi adversario, se uniría el hecho de que todos los insultos recibidos se hicieran de domino público y fueran conocidos por toda España. Claro que los hay que son masoquistas y se siente reconfortados cuando alguien les hinca el aguijón.

En todo caso, a esta izquierda tan picajosa me gustaría recordarle que no vayan de redentores por este mundo, que no se crean ser los salvadores de la civilización y que hagan como el sabio que miraba hacia atrás y contemplen la estela de muerte y dolor que sus cofrades de la República dejaron tras de sí, que se acuerden de las checas de Madrid, Valencia y Barcelona donde fueron torturados y ajusticiados, no sólo sacerdotes, católicos, militares y miembros de la derecha, sino también, anarquistas, miembros del POUM y anticomunistas que pagaron de este modo su adhesión al Frente Popular. Que no vayan falseando la historia atribuyéndole al general Franco los males de España porque, si hubo un verdadero culpable de la Guerra Civil española, fueron precisamente aquellos que quisieron convertir a la II República en un club de criminales.

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