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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Qué libro elegimos

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
lunes, 4 de agosto de 2008, 23:11 h (CET)
En torno a la ELECCIÓN de un LIBRO se mezclan actitudes diferentes. Con la evolución de los tiempos históricos, se modificaron también esas maneras de buscarlos y las ansias de su lectura.

La desorientación es manifiesta cuando se trata de un ANALFABETO. Sin embargo, aún en este supuesto, los enfoques se modifican al hilo de los cambios sociales. Los primeros libros debieron constituir algo así como una referencia mítica; el envase donde se contenían los saberes, una reserva de conceptos no siempre justificada. Se ha estilado siempre eso de los mediocres y los grandes, no se iban a escapar los libros escritos. Si aquello suponía una cuesta empinada, camino del conocimiento; no deja de serlo la enorme proliferación moderna de títulos para todos los gustos. Entre la marabunta de publicaciones, se multiplican los impedimentos para efectuar una elección con un mínimo de fundamento. A ello se añade la existencia de los nuevos analfabetos. Si bien conocen las letras y una lectura simple, tienen serias dificultades a la hora de hilar los conceptos; sin llegar a esos extremos, lo estamos viendo en exámenes actuales. Se detecta con cierta frecuencia, su incapacidad para entender el significado de un texto no demasiado complicado; no digamos si los razonamientos son algo más complejos.

Pese a lo dicho, los medios audiovisuales contribuyen lo suyo en la difusión de ciertos conocimientos. No cabe pensar en un analfabeto a la antigua usanza, pero sí, quizá, en un incremento de los “Neoanalfabetos”, arraigados en esa visión superficial de las cosas, que tanto se lleva. No es suficiente con la proliferación de los medios, escritos, hablados o audiovisuales. Si en tiempos antiguos dominaba la imposibilidad del acceso a unos instrumentos; más tarde, se impone una cuestión de actitudes, muy proclamadas por los ambientes sociales. Hemos de contar por lo tanto con una elemental DISPOSICIÓN, colectiva, y sobre todo, individual; en esos acercamientos a los escritos con diversos contenidos. Estamos ante un primer paso, con toda una serie de peldaños posibles, desde el entretenimiento a las elevadas nociones.

Entrando más propiamente en materia, quisiera destacar una de ellas, que a mi juicio escasea. Echo de menos un mayor número de publicaciones en la vena HUMORÍSTICA. No le faltan modalidades, nos bastará para comprobarlo alguno de los ejemplos entrañables. Recordemos los versos de Gloria Fuertes, con su incordio socarrón, adjetivada de literatura infantil, pero de un calado preñado de verdades; entre risas, fluyen críticas sociales atinadas y sugerencias para una convivencia agradable. Qué mejor condimento en estas ajetreadas y atribuladas sociedades del momento presente. A mí me parece también maravillosa “La conjura de los necios”, conjuga ese trípode del absurdo, crítica del entorno, con un talante que no alcanza los niveles corrosivos a los que nos vamos habituando. Se convierte en una de esas piezas difíciles de encontrar, portadora de unas sensaciones inigualables. A las dos anteriores añadiría un pequeño escrito de Samuel Beckett, “Para terminar aún otra vez”. Otro manejo genial de lo absurdo. Con una sonrisa ineludible, refleja sentimientos y actitudes de las personas, paradójicas y cómicas; casi convertidas en un clásico del género, por la precisión de los trazos y la cercanía de las situaciones vividas por el personaje central. Representan vías estupendas para ese enlace fantástico con la realidad, sin la acritud reinante y con la aventura de una lectura para el mejor disfrute.

Es verdad que se puede encontrar de todo entre las diferentes publicaciones, textos orientados a facetas variadas. La imaginación se implanta en la literatura, para contarnos con ingenio las inacabables vicisitudes y sensaciones, que nos complacen o las revivimos como propias. No es poca cosa eso de conseguir nuestro ENTRETENIMIENTO, a la vez que nos enseña nuevos matices de la vida, sirviéndonos de recuerdo de vivencias, como también de impulso hacia la ilusión y hacia nuestras propias ideas creativas. En la historia del Ingenioso Hidalgo de la Mancha obtenemos un compendio magistral de estas esencias. ¿Cómo catalogarlo? ¿Humorístico? ¿Crítica social? No es menester llegar al terreno de las etiquetas, rebosa sus ofrecimientos desde el primer renglón.

Con el beneplácito de los inmensos aportes de la literatura universal, se mantiene firme la necesidad de prestar atención; suele afirmarse que cada libro aporta algún tipo de beneficio. Ello no es óbice para que se cuelen como duendes ladinos, distorsiones de la buena escritura, aún agravadas con el autobombo de “grandes libros del año”; en los que detectamos párrafos enteros con pésima sintaxis, hasta cambiarles el significado pretendido. Hay ejemplos recientes circulando de forma boyante. Aquí lamento la ausencia de una buena crítica, menos servil de los centros editoriales. Tal como evoluciona el lenguaje, no es la mejor medicina que permanezcan EMBOZADOS estos mediocres literatos, escudados en las profusas campañas acríticas y promovidas por intereses meramente comerciales.

Merecen una mención especial los grandes COMPENDIOS de saberes científicos, artísticos o del amplio grupo de las Humanidades. Son el depósito de lo más granado del conocimiento. Ahora bien, los medios cibernéticos actuales influyen notablemente en ellos; en un doble sentido, favoreciendo su difusión, mas también favorecen la manipulación segmentaria de sus contenidos. No conviene confundirlos con los manuales practicones, que se difunden sin demasiado énfasis en su fundamento, dedicados a cualquiera de las actividades cotidianas. Cómo hacerse rico de una vez, mantenerse más fogoso en el sexo, manual del buen viajero, o lindezas semejantes.

Habrán observado ustedes la enorme tendencia a presentarnos como hechas estas elecciones de la lectura apetecida o necesitada por cada persona. Es la ridícula pretensión de ofrecernos la decisión ya masticada y digerida, decidida por los promotores bibliográficos. Detrás suelen pulular complejos intereses económicos, se silencian determinados autores o suenan los clarines de lo socio-político. Tampoco soluciona esas dificultades un ofrecimiento masivo e igualitario. Se requiere factores de APROXIMACIÓN radicados en la cercanía de cada individuo. En ellos cuentan, padres, profesores, amigos; pero nadie conseguirá sustituir el gusto por el descubrimiento de esos contenidos recogidos en los libros.

Y el GUSTO, como la estética y tantas otra cualidades, no son de fácil manipulación. De ahí brotarán las ramas genuinas de cada persona. Una cosa será mimarlas, favorecer su empeño o disfrutar con ellas; sería lo más congruente. En estos asuntos, no parece la mejor solución, quedarse como pasmarotes, dejando que nos marquen el sendero.

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