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Etiquetas:   Lencería fina   -   Sección:   Opinión

Letizia, peleando con la moda

Teresa Berengueras
Teresa Berengueras
@berealsina
domingo, 3 de agosto de 2008, 21:23 h (CET)
Ha llovido mucho desde aquel día en que Felipe de Borbón presentó a su novia en una multitudinaria rueda de prensa. Los españoles hacia años, muchos, que iban apretando al Príncipe para que decidiera casarse. De eso se habló mucho, horas y horas en todos los medios, muchos comentarios, para todos los gustos, para todos los colores ya que la escasa, a mi manera de entender, lista de novias que tuvo Felipe de Borbón nos hacia presagiar que el asunto de su boda iba a ser largo y costoso. El Príncipe año tras año aparecía en Palma de Mallorca para pasar sus vacaciones, e iba solo, nadie le conocía acompañantes femeninas como hubiera sido lo natural en un hombre joven y apolíneo como él. En invierno las supuestas iban apareciendo en los medios de información, ninguna triunfaba, algunas de ellas pasaban una temporada en Madrid para perfeccionar el idioma de Cervantes o bien hacer algún master especial al tiempo que frecuentaban las amistades del Príncipe. Ninguna se quedaba. El Príncipe parecía no tener prisa y se había escrito, incluso una vez lo dijo la Reina, que: “Las Infantas y el Príncipe escogerán con quién compartir su vida”, palabra de Reina, aunque en los mentideros de la calle se hablaba de que Felipe de Borbón tenía el corazón bien ocupado pero que los Reyes, sus padres, se habían negado y nunca aceptaron esos amores, primero con Isabel Sartorius y después con Eva Sannum. Al Príncipe se le vio fotografiado con ambas en varias y diferentes ocasiones, es más, en el caso de Eva el Príncipe hizo unas declaraciones anunciando el fin de unas relaciones que, oficialmente, jamás se habían iniciado. El revuelo informativo que esa relación tuvo fue grande. Eva, sin comerlo ni beberlo, vio una y otra vez cómo los medios de información le hacían una examen detrás de otro para ver si era digna de, en un futuro, ser Reina de España. Y no era la prometida del Príncipe, sólo salía con él, el matiz es grande tratándose de las relaciones del heredero al trono español.

La rubia noruega no nos entendía, creo que no consiguió hacerlo nunca, ni siquiera cuando ya no era la amiga del Príncipe y llegó a Barcelona para pasar un fin de semana y la gente la aclamaba por la calle al grito de: “!Viva la Reina¡”. La gente común, la de la calle, la que le gustaba esa chica guapa, rubia y espectacular para ser la esposa de Felipe de Borbón lo demostró por las céntricas calles barcelonesas, la gente llana está siempre al margen de la prensa y de sus comentarios, muchas veces y en este caso concreto, injustos hacia Eva Sannum. Felipe de Borbón se tomó un respiro después de esta relación y todos creímos en algún momento que el Príncipe mas deseado de Europa iba a quedarse para vestir santos. Pero el tiempo todo lo cura y el anuncio definitivo y sorprendente, con el fin de que no pasara lo mismo que con Eva, fue de hoy para mañana. En la cadena SER, en el programa de Iñaki Gabilondo, se habló de que Felipe tenía nueva pareja, en la Zarzuela reaccionaron rápidamente e hicieron el comunicado que ya todos conocemos. Desde ese día hasta hoy se ha hablado mucho de Letizia, Princesa de Asturias por matrimonio, lo primero que nos sorprendió es que fuese divorciada, periodista y que no tuviera una pizca de sangre azul, a los monárquicos más recalcitrantes les pareció la elección de Felipe un lamentable error, otros tenían la firme esperanza de que una mujer que llegaba a Zarzuela desde la calle iba a insuflar aire fresco a la Institución para hacerla más actual, alguno de los príncipes, les juro que quedan poquísimos, me dijo en ese momento que la Institución la iba a absorber y al final seria una más dentro del engranaje monárquico. Desde el principio eso me pareció imposible, Letizia el día de la presentación oficial dejó claro y patente que era una mujer con personalidad y carácter. La recuerdo con ese traje marfil e impoluto de Armani que me recordaba los cuellos chimenea que solía exhibir como presentadora de los Telediarios y también recuerdo su frase afirmando que junto con Felipe trabajaría por el país. En mi corazón anida un halo de romanticismo y siempre pienso que cuando se habla de amor y se está muy enamorada, si bien es cierto que el trabajo está ahí, es en lo último en lo que una piensa. Letizia, incluso en eso, ya demostró ser diferente. Ella amaba a Felipe pero iba a pasar por la vicaría para “trabajar”.

La mayoría quería de Letizia una modelo que luciera en los actos y para ser fotografiada, hoy si y mañana también, en cada una de sus múltiples apariciones. Se esperaba de ella que se convirtiera en una “top model” en el ranking principesco, desde el principio aprendió qué era lo que debía hacer, supo lo que quería y pensó que bajo ninguna circunstancia se doblegaría, ella “trabajaría” con ropa al uso y sin pasar por los designios de la moda bajo ningún concepto, ¿qué fue lo primero que hizo? buscar un diseñador , Felipe Varela, para que se encargara de vestirla de forma correcta pero sencilla, ella es Princesa de Asturias pero no una “fashion victim” y así empezó a ir de una parte a otra representando, junto con su marido, a la Corona y aunque nunca ha ido “desnuda” sus modelos no eran los más ideales para una joven mujer. Antes de casarse hizo una aparición estelar en la boda del heredero del trono danés con un vestido espectacular de color rojo, era precioso pero poco adecuado para una futura Princesa. Era un vestido para lucir la noche de los Oscar sobre la roja alfombra de Hollywood, pero no para una Princesa, Letizia había pasado de la noche a la mañana de ser periodista a ser princesa y eso, imagino, no es una tarea fácil. Tampoco nadie esperaba que para su nuevo “trabajo” pudiera llevar los mismos o parecidos vestidos que cuando iba a TVE, fue un cambio total y nadie nace enseñado, todo requiere su tiempo. A Letizia, por generación, le convenía quizá ver cómo vestían Rania de Jordania, Mary de Dinamarca, Máxima de Holanda, lo que sucede es que sus más próximos aseguraban que iba a ser mucho más austera, ya que era lo que casaba con su manera de ser y que descartaba las grandes firmas para su fondo de armario.

Su altura, metro sesenta y ocho, al lado de Felipe, casi dos metros, le dejaban margen para que resolviera el asunto caminando siempre encima de altos tacones, medida que adoptó al instante, siempre, al margen de por donde ande y lo que tenga que caminar escoge calzado de muchos centímetros indiferentemente, imagino, de cómo se sientan sus pies a la hora de volver a casa. Desde sus inicios todo el mundo ha sabido apreciar este detalle y ella camina siempre sobre altos tacones. Zapatos preciosos, que dicen suelen llevar firma española. Letizia ha puesto de moda su calzado, es obvio que no siempre los tacones que calza son adecuados y, por poner un ejemplo, voy a citar un acto que presidió con el Príncipe en Voltregà, Barcelona, era en un polideportivo y si bien es cierto que se trataba de una fiesta nocturna ni sus zapatos, ni su vestido negro brillante ni su peinado recogido eran los más adecuados. Nunca por ser de noche y en una fiesta se puede considerar apropiado un moño o recogido y mucho menos un vestido brillante, aunque, todo hay que decirlo, Letizia estaba muy guapa, eso sí, pero no tan adecuada como han escrito algunos colegas que a veces y sólo por tratarse de un miembro de la Casa Real se dedican a hacer de “botafumeiros” esparciendo incienso venga o no a cuento. Letizia, que fue una de las nuestras, sabe que precisamente nosotras somos las más idóneas para saber lo difícil de su cometido, por lo tanto bailarle siempre el agua no me parece ni periodístico ni profesional.

En una de sus últimas apariciones en Palma de Mallorca, donde ha se originado un cierto revuelo, se ha dicho que finalmente había encontrado en otras firmas españolas un estilo más adecuado a su edad. Pero justo se le alaba cuando asiste a una fiesta de noche en el Castillo de San Carlos, es una fiesta informal veraniega y elige un maravilloso, juvenil y abullonado vestido de Armand Basi de color ¡negro¡ Letizia se subió a unas sandalias de charol espectaculares y de tacón imposible en una zona donde el suelo predominantemente es empedrado, pero, siempre a mi modesto entender, un vestido negro en Palma de Mallorca, aunque sea por la noche y aunque sea en un castillo no era lo más adecuado, la fiesta era informal y el mismo vestido en otro color hubiese sido más apropiado, lo mismo que unos zapatos más cómodos. Palma de Mallorca es su lugar de veraneo y si bien es cierto que las personas en esta situación buscamos nuestra comodidad no es éste, por lo que se ve, el caso de Letizia que en más de una ocasión debe cumplir con diversos compromisos sociales incluso estando de vacaciones.

Sí me gustó mucho ese vestido verde chillón que lució en el mes de julio en la inauguración del Salón Internacional de la Moda, allí, lejos de complejos de delgadez extrema, la Princesa de Asturias se enfundó un sencillo vestido que llamaba la atención por su color y por la estrechez de sus hechuras, apropiadas a pesar de sus 44 kilos y fruto de una complexión heredada vía materna que no la hace engordar a pesar de que, según dicen, goza de buen apetito. También estaba resplandeciente el día en que recibió al príncipe nipón Naruhito en la Zarzuela, vestía un sencillo modelo color naranja y en donde también destacaba su fina cintura realzada con una flor del mismo color que el traje. El verde, el naranja, el blanco, el azul y todos los estampados que abundan en su armario y que últimamente son tan acertados no casan con el negro de Palma de Mallorca y bueno, creo que finalmente tenemos que alegrarnos de que Letizia no le tenga miedo a los estilistas españoles más punteros y más a la moda como Josep Font, Lidia Delgado, Mango, Custo, Adolfo Dominguez y otros, ahora le falta resolver la cuestión de ser certera en la elección de vestuario y acertar con qué modelos vestir por la noche. Varela ya sabemos que le sirve de vez en cuando, así como Lorenzo Caprile, pero nunca la hemos visto con un magnífico y espectacular traje de noche de los sevillanos Victorio & Lucchino, por citar un nombre entre tantos otros españoles.

Poco a poco y con el paso del tiempo la antigua periodista va aprendiendo el difícil oficio de princesa, su sonrisa, especialmente este verano, es mucho más relajada y se la ve mucho más imbuida en el papel que le ha tocado en esta lotería que es la vida, ya convive con naturalidad con ese mundo “principesco” que al resto de los mortales nos queda tan alejado y junto con Felipe de Borbón, su marido, va recorriendo el escalafón que la llevará un día, esperemos que lejano, a ser Reina de España. No es un camino de rosas y difícil van a tener convencer a los actuales “juan carlistas” ,que no monárquicos, que la Institución coronada es lo más adecuado para el pueblo español.

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