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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

El despiporren autonómico

Miguel Massanet
Miguel Massanet
domingo, 3 de agosto de 2008, 05:41 h (CET)
En su “rebelión de las masas” Ortega y Gasset nos habla del hombre-masa, fruto de una larga situación política estable, de un bienestar económico, del confort y el orden público; y añade que, precisamente, este mundo seguro que rodea al individuo “no le mueve a limitarse en ningún sentido, sino que alimenta sus apetitos”. Es evidente que, el gran pensador que fue Ortega y Gasset, supo atinar a la perfección con lo que sólo un siglo después está sucediendo en España. No en balde las últimas generaciones de ciudadanos han estado favorecidas por un inusual período de bonanza que se ha reflejado en todos los sentidos de la vida y que, para algunos, se ha definido como “el estado del bienestar” que según estimaba el sociólogo T.H Marshall no es más que una combinación de democracia., bienestar social y capitalismo. El caso es que, a diferencia de aquellos que sufrimos los ramalazos de la Guerra Civil y que tuvimos que bregar con “la más fea”, para los españoles de edades que no superan los 50, todo ha sido mucho más fácil y han gozado de un largo lapso de tiempo en el que han estado libres de guerras, han dispuesto de facilidades para encontrar trabajo y formar una familia; todo ello dentro de un ambiente de paz, solamente enturbiado por los zarpazos del terrorismo.

Es obvio que, esta carencia de preocupaciones perentorias, pueda haber dado lugar a que, en el País Vasco y en Catalunya y luego en otras comunidades, se regurgitaran gracias a políticos nacionalistas interesados en despertar viejas reivindicaciones, que, tanto en el periodo de las posguerra, con sus problemas económicos, políticos y sociales, como en los años posteriores a la restauración de la democracia, habían permanecido adormecidos y reducidos a ciertas expresiones culturales. España, bajo la batuta de Adolfo Suárez, supo superar, sin traumas, el periodo de transición de la dictadura a la democracia; en el que por la mano izquierda de los gobernantes, tanto del PSOE como del PP, permitió superar los ramalazos de algunos políticos más extremistas y mantener los nacionalismos dentro de unos límites razonables, logrando controlar los intentos, tanto de CIU como del PNV, de extralimitarse en sus ambiciones de autogobierno.

Sin embargo, hete aquí, que la entrada en escena del señor ZP dio lugar a que, por simples motivos de interés político, se comenzase a ceder, por parte del Gobierno socialista, en temas que nunca debieron haber sido objeto de negociación. Desde entonces estamos asistiendo a la más disparatada deriva nacionalista, propiciada desde el gobierno Central que, obcecado en mantenerse en el poder, no ha tenido el más mínimo embarazo en ir cediendo, cada vez con mayor prodigalidad, a los chantajes (pues no son más que esto las amenazas continuas de los nacionalistas) parcelas de las competencias estatales para írselas traspasando a las regiones separatistas, especialmente a Catalunya. Ni que decir tiene que el culmen de todo este proceso se alcanzó con la aprobación del famoso Estut catalán que, a pesar de las serias dudas sobre su constitucionalidad, fuera por negligencia del TC, encargado de decidir sobre los recursos presentados contra él o por las prisas del Gobierno de la nación en satisfacer las exigencias nacionalistas, ya está, prácticamente, desarrollado en su totalidad de modo que, por el procedimiento de los hechos consumados, se está dotando a Catalunya de competencias que le permiten configurarse como si se tratase de una nación dentro de otra.

Lo que ocurre es que, el envalentonamiento de quienes se saben imprescindibles para que el partido en el gobierno se mantenga, los hace ser temerarios y no cesan de pedir más y de pretender demostrar, a la menor ocasión que se les presenta, que ellos no son España, ni hablan el español ni quieren estar sometidos a la Justicia española. Una de las recientes muestras de esta actitud la tenemos en el comportamiento de “estos niños mimados” como diría Ortega, que han llevado su osadía al límite de promulgar una Ley, cuya finalidad es marginar totalmente el castellano en los colegios de la comunidad catalana. No nos debería de extrañar el radicalismo de la ley y su innegable fariseismo, si se tiene en cuenta que su autor es el señor Ridao, secretario general de ERC. Lo curioso es que, no hace mucho tiempo, algún miembro del gobierno desmentía a los que propugnaron el “Manifiesto por la defensa de la lengua común”, tachándoles de alborotadores y de querer levantar enfrentamientos entre comunidades. Espero que el interesado tenga una explicación plausible para sus descalificaciones porque, a la vista de lo legislado por el Parlament, ha quedado patente la discriminación del castellano en Catalunya y, de paso, el incumplimiento de la Constitución, en materia lingüística, por una ley de menor rango. Habrá que ver como se lo toma la fiscalía del Estado con el señor Conde Pumpido al frente y, de paso, los señores del PP, que tanto interés han tenido en acercarse a los nacionalistas. Todavía recuerdo haber escuchado al señor Rajoy que se mantendrían a rajatabla todos los principios y valores del partido, pues, ¡hala, a empezar a demostrarlo, para que nos lo creamos!

En todo caso, no parece que el señor Montilla, el socialista que se ha rebelado en contra de la cúpula de su partido en Madrid, tenga muy dominadas a sus huestes del Tripartito catalán porque es evidente que no paran de desbarrar; no se sabe si formando parte de una táctica común o porque la bilis les sale de ellos mismos. Si hace unos día el señor Durán y Lleida amenazaba con bloquear los Presupuestos Generales del Estado si no se accedía al chantaje catalán, ayer mismo otro “ilustre” miembro de ICV, un edil, llamado Lluis Suñe, de Torredembarra, demostrando su catadura, se permitió ofender a los extremeños, menospreciándolos en su blog con un cartel irónico sobre las balanzas fiscales en el que se ofrecía que los catalanes apadrinasen a los niños extremeños ( que se presentaban sucios y desaliñados)con 1000 euros al mes. Y vean como, cuando se trata de arrimar el ascua a la propia sardina, no hay colores ni partidos y así el señor Castells, el pedigueño mayor de Los Paísos Catalans, ha acogido bajo el protector manto de Catalunya y Valencia, a las Baleares para así ejercer mayor presión sobre el despendolado Gobierno Central, al que cada día que pasa le van creciendo los enanos hasta el punto de que no sería de extrañar que, dentro de unos meses, ya emulen al gigante Polifemo. Recesión económica, Gobierno inane, oposición en horas bajas y nacionalismos exultantes y crecidos; ya me dirán ustedes que podemos esperar los españoles de esta clase política que nos gobierna. Y es que, como dice el dicho colombiano: “al caído, cáele”.

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