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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¡La crisis la estamos padeciendo ahora, señor ministro!

Miguel Massanet
Miguel Massanet
viernes, 1 de agosto de 2008, 21:22 h (CET)
De nuevo hemos quedado asombrados por las flojas actuaciones del gobierno de ZP encaminadas, según nos dicen, a intentar poner remedio a los efectos de la recesión que los ciudadanos estamos experimentando ya en nuestros hogares. No es algo que se pueda aplazar para de aquí a unos años, no, de ninguna manera, las soluciones han de ponerse en práctica de inmediato. Estamos experimentando en nuestras economías los efectos de una crisis sin igual, que no aguardará a que nuestros gobernantes se pongan las pilas y empiecen a planear soluciones que, con suerte, tendrán efecto de aquí a diez años. Es obvio que, si nos atenemos a lo que nos está proponiendo el señor ministro de Industria, Miguel Sebastián, pudiéramos pensar que este gobierno está poniendo en práctica medidas para que surtan efecto a largo plazo y no, como estamos precisando, soluciones de choque que afronten los descalabros económicos que se están ocasionando en estos momentos. Es probable que, el señor Sebastián, esté convencido de que cambiando el actual parque automovilístico español por coches eléctricos, se pueda lograr un gran ahorro de combustible, y nadie se lo podrá negar, pero esto que nos ofrece el señor ministro no deja de ser una broma de mal gusto. ¿Cómo cree este señor que, ¡para el 2014!, todos los españoles habrán sustituido sus vehículos por uno eléctrico? ¿Desde cuándo disponemos de fábricas para construirlos, y de personal especializado y de técnicos y diseñadores preparados para este cambio? Lo que ocurre es que, entre tanto llegamos a fabricarlos, hará falta que los españoles hayamos conseguido superar la recesión, nos hayamos recuperado económicamente y estemos en condiciones de asumir el coste del cambio. Hacen falta medidas inmediatas que ayuden a que las empresas recobren su competitividad, que podamos acceder al mercado exterior con posibilidades de competir con los otros empresarios. La conservación de los puestos de trabajo no dependerá de las subvenciones otorgadas a empresas sin posibilidades de salvación, alargando unos meses su agonía, lo que se debe hacer es fomentar las inversiones, dar confianza al tejido económico de la nación y fomentar la liquidez por medio de medidas fiscales que descarguen, en lo posible, las cargas empresariales. No se pueden decir cosas como eso de apartar el pie del acelerador o coger el metro porque esto no son más que pequeños parches que, a la hora de la verdad, sólo lo harán algunos y, la mayoría, se olvidará de ellos a la media hora. También debería considerarse si para el consumo de más energía eléctrica para suministrar a los nuevos coches, nuestra industria eléctrica está en condiciones de asumirlo, así como si se ha valorado el coste de una infraestructura nacional de servicios de suministro para recarga de baterías. Somos dependientes en materia energética en más del 80% de suministros exteriores (electricidad procedente de centrales atómicas de Francia y Gas Natural de Argelia) y esto sólo se arregla con más centrales nucleares.

Es curioso,que ahora les entren las prisas, cuando hace ya casi un año que podrían haber empezado a espabilarse y poner manos a la obra, aplicando medidas verdaderamente efectivas para intentar paliar las consecuencias de la debacle económica. Aumentarán el gasto público, pero no saben de donde sacar el dinero para ello. Nos piden a los que ya padecemos los efectos inflacionistas y las consecuencias de la crisis que nos apretemos el cinturón, que consumamos menos y suprimamos gastos; mientras, por ejemplo, en Catalunya, los del Tripartit se gastan miles de millones en cuestiones tan marginales como son lo de la inmersión lingüística o el preparar unos juegos olímpicos para homosexuales. Nos hablan del incremento del precio del crudo pero, veamos ¿no nos dijeron, hace sólo un par de días, que desde Venezuela el señor Chávez nos vendería 10.000 barriles diarios a 100 euros el barril?, o ¿ o es que sólo fue un “bluff” para justificar el viaje del gran dictador venezolano? Si fuera cierto, algo debería influir en nuestra economía; si no es que, este combustible, se reserva sólo par el suministro de los coches oficiales del gobierno Central y de los capitostes de las distintas autonomías.

La más chocante de todo, es que este señor nos tome por simples y nos diga que el ahorro de combustible viene a ser un equivalente a la devaluación de la moneda ¡pues vaya gracia, si lo que nos intenta decir es que estamos ante una situación de desventaja con el resto de países europeos que nos obligaría a devaluar nuestra moneda para poder resistir! En cuanto a la reducción de la velocidad, en Catalunya, concretamente en las entradas a Barcelona, ya está implantada una velocidad máxima de 80k/h. Dicen que así se disminuyen los accidentes, pero las medidas de ahorro de combustible y de disminución de la contaminación todavía están por ver. Intentan hacernos creer que han dado buenos resultados, pero cuando se forman colas en horas punta, parece que no se dan cuenta. Un de que sólo se trata de parches, sin ninguna influencia en la macroeconmía de la Nación.

Hablan de energías renovables como si, sustituir los medios de que se disponen en la actualidad, fuera cosa de dos meses y, sin embargo, insisten en oponerse, por pura táctica partidista, (para no indisponerse con los progresistas) a la energía más barata, más limpia y más productiva que es la de las centrales atómicas. Compramos, cara, energía eléctrica a Francia, procedente de centrales nucleares francesas, pero no podemos potenciar nuestras centrales. Nos empeñamos en suprimirlas, cuando en toda Europa y el resto del mundo, lo que se hace es implementarlas para sustituir a las viejas centrales térmicas obsoletas y que dependen, en gran medida del petróleo, Pero no se preocupen, que todo se soluciona con el uso de bicicletas (para los que puedan montar en ellas, por supuesto) como si todas las ciudades de España fueran planas como Holanda; reducción de aire acondicionado en centros comerciales y edificios públicos (lo que me parece bien). Pero hay algo que me llama la atención, porque se habla de “acuerdos con lar organizaciones de consumidores para reducir la factura eléctrica de los hogares” Veamos, ¿qué quiere decir esto, porque no acabo de entenderlo?, ¿acaso esta figura tan difusa y tan carente de personalidad jurídica que es la “asociación de consumidores”, va a tener potestad para fiscalizar el consumo de las viviendas privadas? Me temo que estamos entrando en un terreno de arenas movedizas, más propio del comunismo trasnochado de la URRS que de los países democráticos.

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